Desde que el nacionalismo catalán ha sustituido al nacionalismo vasco en la punta de lanza separatista contra España y los españoles, han aparecido docenas de libros sobre su historia, sus manipulaciones, sus corrupciones y sus personajes. Hasta que, en diciembre de 2003, el nacional-socialista Pasqual Maragall forma gobierno con Esquerra Republicana y firma el pacto del Tinell, entre cuyos objetivos está la exclusión del PP de la vida polÃ*tica, el nacionalismo catalán era el ‘bueno’. Jordi Pujol era el buen nacionalista, con el que se podÃ*a llegar a acuerdos, en contraste con los pérfidos Javier Arzallus y Joseba Eguibar, autores de sendas frases para la antologÃ*a de la infamia: “unos [ETA] sacuden el árbol y otros [PNV] recogen las nueces” y “temo más a España que a ETA”.

El nuevo estatuto en el que, como dice Maragall, “España reconoce a Cataluña como nación”; el 3%; el hundimiento del barrio barcelonés del Carmelo; el chantaje de ERC a los empleados de las consejerÃ*as que ocupaba; los vÃ*nculos del PSC con La Caixa; el boicot al cava catalán; la policÃ*a lingüÃ*stica; la erradicación de las muñecas flamencas; las partidas de la porra que acosan a quienes se manifiestan en contra del nacionalismo; la incompetencia de los Mozos de Escuadra; los insultos a los españoles por parte de Carod, Rubianes y otros miserables; las deslocalizaciones empresariales. He aquÃ* una larga lista de sucesos ocurridos en Cataluña que se han conocido en toda España. Antes, con la CiU de Pujol, la imagen de Cataluña era intachable, debido a varias causas, una de ellas, la profesionalidad de sus gestores de entonces.

Por tanto, la demanda de información de los ciudadanos españoles sobre lo catalán ha aumentado tanto que molesta a los nacionalistas, porque al nacionalismo le conviene la oscuridad para medrar igual que a los vampiros.

La portada del libro es el primer acierto. En ella aparecen Pujol, Maragall y Artur Mas, a quien hasta RodrÃ*guez parece querer ver en la Generalidad. AsÃ* se muestra uno de los rasgos caracterÃ*sticos del nacionalismo catalán: su transversalidad. Los dos principales partidos catalanes comparten la misma ideologÃ*a. ¡Es el oasÃ*s! Para definir a éste, Josep Clemente acude a Margarita Riviére: “el oasis consiste en que parezca que no pasa nada, que en Cataluña todo es entendimiento y unidad. Como habrán imaginado, esto es también pura estrategia para continuar en lo de siempre: ser distintos a Madrid”.

El autor detalla los numerosos casos de corrupción que ha conocido a lo largo de su carrera en Barcelona: Banca Catalana (CiU), Movilma y Filesa (PSOE), el juego (CiU), Turismo y Trabajo (subvenciones desviadas de estas consejerÃ*as dirigidas por militantes de Uniò Democrática). El libro se cierra con la voraz especulación urbanÃ*stica y el hundimiento del Carmelo, catástrofe de la que, a diferencia de la marea negra del ‘Prestige’, no moviliza ni a polÃ*ticos ni a funcionarios ni a ‘oenegeros’.

Para mÃ* el capÃ*tulo más interesante es aquel en el que Clemente trata los medios de comunicación catalanes. Se titula ‘La prensa domesticada’. La primera discriminación por parte de las instituciones y la cumbre de la sociedad catalanes se produce en función de la empresa: “Los profesionales de la comunicación que trabajan en Cataluña para los medios nacionales son periodistas de segunda categorÃ*a”. Uno de los organismos que más ha laborado por controlar a los periodistas ha sido el Colegio de Periodistas de Cataluña, modelo que se quiere extender a otras regiones españolas. Ha estado dominado por la izquierda catalanista y se ha usado, primero, contra CiU, y ahora contra los medios que quieren cubrir noticias molestas para los nuevos amos; asÃ*, el Colegio colaboró con las reglas censoras de la Generalidad para informar sobre el Carmelo hasta que las protestas le obligaron a desdecirse. El autor cuenta que, en un enfrentamiento entre él y el periodista gallego proetarra Pepe Rey, el Colegio, al que acudió en busca de amparo, optó por la habitual equidistancia nacionalista entre las dos partes.

Un libro que muchos catalanes deberÃ*an leer antes del referéndum del 18 de junio para conocer la oligarquÃ*a polÃ*tica que les pide el voto afirmativo a un estatuto que aumentará todavÃ*a más su poder sobre ellos.



Pedro Fernández Barbadillo

Profesor del Instituto de Humanidades Ángel Ayala-CEU, de la Universidad San Pablo-CEU