http://www.valenciahui.com/opinion/b.../maria_san_gil


María San Gil
23.05.08 | 01:52. Archivado en Columnas

La cúpula del PP reformado ha dado instrucciones a los machucambos de sus delegaciones en provincias para pongan el ventilador de la caquita en marcha, técnica que dominan a la perfección, para llenar a María San Gil de eso precisamente.

Hasta ahora, María San Gil era la heroína, la Agustina de Aragón en el País Vasco, que la emprendía a cañonazos todos los días contra aquellos que osaran atentar contra la dignidad y libertad de España y los españoles.

Pero ahora, la secta reformada centrista del PP la ha derribado del altar donde la tenía, y la ha mandado a los infiernos. Ha entrado en el catálogo de gente a batir. A este paso, Rajoy se va a quedar sólo con Gallardón, quien, por cierto, sigue estando considerado como un rojo dentro del partido.

Fui testigo de estos prolegómenos no hace muchos días en el muy visto debate de televisión El Faro, de Popular Televisión, que conduce con gran acierto José Luis Pérez, cuando salió a colación María San Gil.
Presentes en la mesa de debate una diputada y un alcalde del PP, cuando la enfilaban tuve que salir en defensa de María San Gil. Más o menos se dijo que lo de María San Gil era una rebotada porque había perdido las elecciones en el País Vasco.

Contesté que el PP en el País Vasco no iba nunca a ganar las elecciones y que María San Gil se merecía una medalla o un monumento por defender las posiciones del PP en aquellas tierras de bombas y iros en la nuca. Se tuvieron que callar.

Los trepadores y pelotas del PP son así, les dicen a sembrar vientos, a soltar calumnias, a ventilar difamaciones, y no les gana nadie. Todo por el escaño y por el puesto, por el sueldo y el coche oficial.
Nuestro subdirector, Juan Sala, el periodista que más sabe de ETA en Valencia, me recordaba ayer que María San Gil fue secretaria de Gregorio Ordóñez, el hijo de la alcaldesa de Terrateig, a quien lo mataron con un tiro los en la nuca los de ETA en el restaurante La Cepa, en sus propias narices. Ella no se arredró, salió a pie detrás del cobarde asesino para ver si lo podía enganchar.

Esta es María San Gil, la que se niega en redondo a ser amable, chalanear y a hacerse colega de los nacionalistas como manda ahora Rajoy, el que se ha cansado de acusar a Zapatero de negociar con ETA por bajo cuerda.