TEXTO SACADO DEL LEVANTE:



Cataluña ya no huele a azufre:

Camps despliega una estrategia de acercamiento a los vecinos del norte a cuenta de la financiación tras las elecciones de marzo, en las que Rajoy cimentó su derrota nacional en las circunscripciones catalanas


El Consell de Camps ha hecho casi de todo contra decisiones emanadas o defendidas por Cataluña: se ha manifestado, ha recurrido su Estatuto, ha tramitado la reforma de dos leyes estatales y hasta ha comparado la actitud de un sector del catalanismo con la invasión de Hitler de los sudetes checos. Todo ello apelando a la defensa de la valencianía. La cruzada ha tocado, sin embargo, a su fin. Cataluña, tumba electoral de Rajoy el 9-M, está detrás del actual idilio con los catalanes por la financiación.


La anécdota es conocida en medios populares. El portavoz adjunto del PP en las Corts Valencianes Rafael Maluenda se niega por principio a brindar con cava catalán. Incluso circula la especie de que en cierta ocasión, en una cena con correligionarios, en ausencia de cava valenciano, acabó pidiendo Moët et Chandon. Es la versión moderna en vinos espumosos y boicot a los productos catalanes de aquel "abans moros que catalans". Eran otros tiempos. Tras las elecciones generales de marzo, en las que especialmente Cataluña fue la tumba política de Mariano Rajoy -el PSOE le sacó 15 diputados al PP (169 a 154) pero en Cataluña los socialistas ampliaron a 17 escaños la ventaja a los populares (25 a -, los analistas de Génova impusieron un giro de 180º grados en la estrategia del PP con respecto al poderoso vecino catalán. Como por ensalmo, en los discursos de los populares valencianos se ha rebajado o incluso desaparecido la beligerancia hacia Cataluña, mientras en los gestos se ha desatado toda una estrategia de acercamiento hacia los vecinos del Norte.

Los principales protagonistas han sido los respectivos consellers de Economía, el valenciano Gerardo Camps y el catalán Antoni Castells. El hielo lo rompieron un mes después de los comicios. El 23 de abril pasado, Camps y Castells escenificaron en Barcelona el "frente común" de Cataluña y Valencia en la pelea por un nuevo sistema de financiación que actualice el reparto de los fondos asignados a las autonomías, una vez roto el mapa del censo de 1999, e inyecte recursos a las depauperadas administraciones autonómicas. Pero el interés de la Generalitat no es sólo económico. En esta estrategia se siguen aportando nuevas glorias a España, en este caso, a los intereses del partido a nivel nacional. Los populares necesitan un lavado de imagen, un lifting político que les dé carta de normalidad en su relación con Cataluña, y desprenderse del estigma de partido anticatalán.

Ni un mohín de reproche:

A Camps especialmente le ha tocado cargar con el mochuelo. Y se está empleando a fondo. De paso, la línea política permite al PP cercar al Ejecutivo de Zapatero, o al menos intentar presentarlo como aislado. El pasado miércoles, en la devolución de la visita de Barcelona, Gerardo Camps y Antoni Camps volvieron a exhibir la alianza Comunitat Valenciana-Cataluña. No sólo eso, sino que no escatimaron elogios y afectuosas referencias mutuas. Lo mismo los responsables de las Cámaras de Comercio, el valenciano Arturo Virosque y el catalán Miquel Valls. En la rueda de prensa que clausuró las jornadas -en las que por primera vez empresarios a uno y otro lado del Sènia crearon una estructura institucional permanente de colaboración en defensa de las inversiones relacionadas con el Corredor Mediterráneo-, los cuatro intervinieron mezclando y alternando catalán y valenciano (salvo Gerardo Camps, que no se expresa en valenciano). Castells incluso aprovechó para defender la unidad de la lengua. En el salón, con amplia presencia de empresarios y numerosos altos cargos, no se oyó ni un suspiro. Una asombrosa normalidad en la Valencia de los conservadores. Y, por supuesto, inédita en una comparecencia conjunta entre responsables políticos catalanes y valencianos desde que gobierna el PP. Sin ir más lejos, hace un año un diputado popular pidió en las Corts traducción simultánea de la comparecencia de un invitado que intervino en catalán.

La actual normalidad en las relaciones rompe una línea de ataque casi obsesivo hacia todo lo que olía a catalán, especialmente desde noviembre de 2003, cuando el tripartito, con Pasqual Maragall al frente, se hace con la presidencia catalana y después se recrudece con el triunfo de Zapatero en las generales de 2004. El tripartito ha sido la mismísima encarnación del Anticristo político. Ya antes, en la antesala de las elecciones autonómicas de 2003, las que llevaron a la primera victoria de Camps, desde la Generalitat se impulsó la manifestación del "Agua para todos" en defensa del PHN, frente a la postura de Aragón y las reservas de Cataluña, convertida tras la victoria del tripartito en abierta enemiga del trasvase. Tras la victoria de Camps, y después de comprobar que Zaplana le había dejado la caja vacía, el jefe del Consell se decidió a partir de otoño a "hacer política, a falta de dinero", como comenta un alto cargo. A principios de octubre de 2003, la alusión de Maragall de que no dará "ni una gota de agua" del Ebro a comunidades como la valenciana porque a su juicio no ahorran recursos hídricos provocó un enorme terremoto político en Valencia. El PP ha llevado a las Corts el debate hídrico decenas de veces y aprobado un sinfín de resoluciones.

Tras el vuelco de Zapatero, en junio de 2004 incluso se difunde que Barcelona intenta quitar la sede de la Copa del América a Valencia con el respaldo del Ejecutivo central. La cuestión lingüística ha jugado también su papel. En otoño de 2004, el Ejecutivo de Camps agitó este debate a rebufo del reconocimiento del valenciano y del catalán en las instituciones europeas. El asunto, finalmente, se le fue de las manos al tomar Juan García Sentandreu las riendas a través de Coalición Valenciana y el Consell se desmarcó de la manifestación de noviembre contra la "injerencia" de Cataluña, en la que se virtieron graves ofensas a los principales políticos catalanes pero también a la Acadèmica de la Llengua y a políticos del PP.

En octubre de 2005, un acto de reivindicación de los Països Catalans en el Camp Nou provocó todo un conflicto diplomático. El entonces portavoz del Consell, Esteban González Pons, censuró "el catalanismo fascista", un catalanismo, dijo, que "hace de la Comunitat y de Baleares sus objetivos como un día Alemania lo hizo de Checoslovaquia, Austria y Polonia". El PP acabó impulsando la reforma de la ley estatal del Deporte para impedir cualquier acto político en estas competiciones... una norma que habría invalidado el "Agua para todos" en las camisetas de los jugadores del Valencia.

Del odio al amor, por las encuestas

La reforma del Estatuto catalán ha sido el otro gran frente. Mientras el PP a nivel nacional recurría la Carta catalana, el Consell de Camps hacía lo mismo por los artículos referidos al agua, la financiación y el Patronato de la Corona de Aragón. El anuncio del recurso se hizo en junio de 2006. Un año después, en junio de 2007, se anuncia recurso contra el Estatuto andaluz por la financiación. El esperpento es que el texto -tras las presiones internas de Génova- lo que hizo finalmente fue atacar la Carta catalana y el Constitucional archivó la iniciativa tras infligir un severo varapalo al Ejecutivo.

En materia de financiación, los populares iniciaron otra embestida al promover la reforma de la ley orgánica de financiación de las comunidades (Lofca) para defender la supuesta discriminación para Valencia que conllevaba el modelo catalán previsto en su Estatuto. Ahora, en cambio, se proclama que "lo que es bueno para Cataluña y Valencia es bueno para España" (Gerardo Camps, en Barcelona, el 23 de abril). A estas cuestiones se suma la batalla contra las emisiones de TV3 en la Comunitat. Entre marzo y abril de 2007, el Consell anunció la vía judicial para lograr el cierre de los repetidores, dando largas a las propuestas catalanas de lograr la reciprocidad.

Del amor al odio no hay más que un paso. El Consell de Camps ha hecho el camino inverso: Del odio al amor, pero a golpe de estrategia electoral.


PP= CATALANISTES.

SOM VALENCIANS, MAI CATALANS.

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