Los valencianos liberan a 430 niños esclavos
Cruz Roja desarrolla un proyecto contra el tráfico de menores en África con 1,1 millones de euros de la Comunitat

Mahamadou tenía dos años cuando fue abandonado en una calle de Nigeria. Era carne de cañón para las mafias que se dedican a traficar con menores con el objetivo de convertirles en trabajadores forzosos. Tuvo suerte, no como los 179 millones de pequeños que son forzados a trabajar de sol a sol, en las peores condiciones imaginables y por un salario exiguo, cuando lo tienen. Eso sí, existe un rayo de esperanza que se sustenta en la actitud altruista de muchos voluntarios que dedican su tiempo a luchar contra la explotación infantil.

Gracias a esta concienciación, la delegación valenciana de Cruz Roja creó en 2006 una red contra el tráfico y la explotación infantil, que a falta de un año para que termine su actividad ya ha justificado de sobra el dinero invertido, principalmente procedente de la Generalitat: hasta el momento 430 niños han sido rescatados de las mafias para ser devueltos a sus familias, que en la mayoría de los casos fueron engañadas por gente sin escrúpulos, pensando que les darían una vida mejor.

Mahamadou apenas sabía pronunciar su nombre. Le encontraron el 11 de febrero, y tras pasar por manos del juez de menores, fue atendido por los voluntarios de la Cruz Roja Nigerina. Ante la falta de datos identificativos la forma de dar con sus padres fue sencilla: se enseñaba su fotografía en mercados o estaciones de autobús.

La previsión es que a finales del año que viene alrededor de 5.000 niños puedan dejar atrás las condiciones laborales de una plantación de cacao o la prostitución, por poner dos ejemplos. De momento, estos años se han empleado en realizar un programa de investigación que permitió a Cruz Roja determinar las zonas con mayor número de niños traficados. Además, se acompañó de una campaña de sensibilización. El objetivo era conseguir fortalecer la estructura de las delegaciones de la institución en los países afectados, incrementar los lazos afectivos de las familias y facilitarles recursos básicos. El proyecto empezó a conocerse gracias a actividades como competiciones deportivas, teatros e incluso cuñas en radios locales.

Marga Barceló es la coordinadora del programa, que se desarrolla en cuatro países de África occidental: Burkina Faso, Costa de Marfil, Níger y Togo. Además del tráfico entre países, explica, existe un importante volumen de niños desplazados desde zonas rurales hasta las grandes ciudades, donde son comprados para trabajar.

Barceló apunta un caso que recuerda de su estancia en África. Amina, de 8 años, vivía en Abidjan con su tía. Fue víctima de quemaduras provocadas por esta, que le tiró agua caliente tras un enfado. En octubre de 2007, Cruz Roja, dentro de la campaña de sensibilización sobre los derechos de la infancia, se hizo caro de Amina, que quería volver a Togo con sus padres. Tras conseguirlo a través de la organización benéfica, "acude a la escuela y su proyecto de vida es ser costurera".

La trampa que utilizan las redes de tráfico de niños se basa en el engaño. A las familias se les dice que el pequeño tendrá una vida mejor, e incluso piensan que van a ser llevados con otros familiares que residen en la ciudad. "Se aprovechan de la pobreza y del analfabetismo", explica Barceló. De hecho, la familia piensa que además de mejorar la calidad de vida del menor, se ahorra una boca que alimentar.

Además de los voluntarios, también colaboran de forma activa las policías del país, y cuando detectan algún caso, son remitidos a los trabajadores de Cruz Roja. La primera atención que reciben está relacionada con los bienes básicos. Se les da ropa, alimentación y atención sanitaria. Tras esta fase se intenta verificar su identidad y nacionalidad, en el caso de que dispongan de algún documento identificativo.


Mayoría de edad
Luego se establece el "proyecto de vida". En el caso de ser menores de nueve años, se trabaja en la reagrupación familiar y la posterior escolarización, teniendo en cuenta que los niños que están en la calle son más vulnerables a las redes mafiosas. Si tienen más de nueve, aunque resulte chocante, se busca su reinserción laboral, con trabajos de confección, de mecánica o de soldadura, por citar tres ejemplos. Pensar en la infancia en África supone un cambio de mentalidad. "Allí el niño se considera adulto cuando empieza a andar", sentencia Barceló. Eso sí, la mayoría de edad legal no se alcanza hasta cumplir los 18 años.

"Cuando se consigue la reagrupación familiar los padres experimentan una inmensa alegría. No piensan que estén explotados, sino con familiares en las grandes ciudades", señala la responsable del proyecto.

El tráfico de niños está penado por las leyes de algunos de los países del proyecto. "El problema es que no existen medios para llegar a todos los sitios", añade Barceló, que aboga por una mayor formación de la policía fronteriza.

Al niño que por desgracia cae en las manos de las redes que trafican con menores le esperan trabajos muy duros: desde plantaciones de café o cacao, hasta la prostitución. También hay casos en que son comprados por otras familias pudientes para que actúen como sirvientes "durante 24 horas al día". En el peor de los casos son utilizados para el tráfico de órganos.

El trabajo de los voluntarios de Cruz Roja, muchos de ellos de los países de origen, tiene entre sus principales enemigos a las nuevas tecnologías, por extraño que parezca. El motivo es que con la llegada de internet las mafias pueden colocar al pequeño en el menor tiempo posible.

Además del trabajo de campo, el proyecto tiene una segunda parte, que se desarrolla en la propia Comunitat. El objetivo es concienciar a los niños de aquí de las dificultades que padecen los pequeños de allí. Es el llamado proyecto Dembayá. El nombre significa bienestar de la infancia en dioula, el idioma que se habla en Burkina Faso, Costa de Marfil y Níger. Su objetivo principal es llegar a centenares de escolares entre 8 y 14 años de 60 colegios valencianos. Para tratar de implicarlos se ha impulsado un certamen de dibujo bajo el lema "Cada derecho un dibujo". Además, se incluyen charlas, conferencias, cursos y actividades en la calle.

El proyecto que se desarrolla en África cuenta con una importante aportación de la Conselleria de Inmigración y Ciudadanía. De hecho, el departamento de Rafael Blasco aporta la mayor parte del dinero: 1,1 millones de los 1,4 totales.

Desde Cruz Roja ya se trabaja en una segunda fase que permita darle continuidad. Por ello, la entidad benéfica espera reunir la financiación suficiente para poder recuperar al mayor número de niños, teniendo en cuenta que debe hacerse cargo de los servicios que reciben. Sirve un cifra. La escolarización de un menor africano cuesta 60 euros al mes, una cantidad elevada en el continente negro que parece irrisoria en la vieja Europa.

Un último dato para tocar conciencias. ¿Cuánto puede costar comprar un niño africano para explotarlo? Las mafias los consiguen pagando entre 10 y 30 euros. Por eso queda tanto por hacer.
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