Arturo Virosque, presidente de la Cámara de Comercio de Valencia, ha arreado fuerte a Camps y su consellera de Economía, Belén Juste, porque no están haciendo nada por salvar a los ciudadanos de la gran crisis económica en la que estamos inmersos.

Lo ha dicho en la cadena SER, sin pelos en la lengua, y les ha pasado el mensaje de que los empresarios piensan de ellos que mienten y no hacen nada por sacarnos del bache.

Camps tiene en su comunidad en estos momentos 400.000 parados, es el líder de todos ellos y en vez de ponerse a buscarles trabajo, a crear condiciones para que las empresas funcionen y empleen a la gente, no se le ocurre otra cosa que poner a la venta las entradas de la Fórmula 1, esa que cabrea en agosto a los habitantes de los poblaos marítimos por el insoportable ruido que hacen los cochecitos.

Seguro que cualquiera de nosotros, usted o yo, si fuéramos presidente de la Generalitat Valenciana, nos caería la cara de vergüenza de tener a 400.000 parados, muriéndose de hambre a nuestras espaldas.

Debemos ser diferentes por lo que se ve a estos individuos que no sólo no sufren ni lloran por la gran pobreza que día a día se expande, sino que, además, con gran choteo y cachondeo se sacan de la manga y de la chistera cochecitos de Fórmula1, barquitos de vela que en la que dan la vuelta al mundo, piscinas hípicas y campeonatos de tenis, como verán todos deportes protagonizados por pobres de solemnidad.

No me cansaré de decirlo, parece como que Camps no sabe hacer otra cosa, cuando no se inventa un avión vuelo directo a Nueva York –no creo que vaya a regalarles viajes gratuitos a los 400.000 parados para que se gasten allí en un solo almuerzo lo que aquí cobran en un mes- nos pone a la venta las entradas de la Fórmula 1, el negocio ése por el que se forra generosamente Ecclestone.

Todo es circo y mucho me temo que el Pleno Anticrisis de hoy en las Cortes ¿Valencianas? Va a ser otro circo que helará la sangre a miles de valencianos y sus familias. La sangre y las esperanzas, pues lo que tenemos allí en nuestra representación, al menos los de la mayoría, ya ven cómo nos están vendiendo la lengua y la cultura valencianas, y hundiéndonos en la miseria económica. Menudos representantes. Y la voz valenciana, la de los desesperados valencianos, ni en Valencia, ni en Madrid.