El paisaje de la huerta
14.04.2009 -
FRANCISCO PÉREZ DE LOS COBOS GIRONÉS

Resulta gratificante poder contemplar todavía, eso sí, con cierto desasosiego, esos tradicionales paisajes de nuestra huerta, de la que cada vez va quedando menos.

Nos la hemos venido comiendo a marchas forzadas desde el mismo instante de proceder al derribo de las murallas, cuando la ciudad comenzó a crecer sin parar, aunque a decir verdad se intenta ahora poner freno y orden con un plan de protección, propiciado por el Consell, que toma así la decisión de proteger 12.000 hectáreas de la huerta en 40 municipios de Valencia y l'Horta. Más vale tarde que nunca.

La voracidad ha sido tal que, en apenas siglo y medio, ha desaparecido todo el manto verde que circundaba la Valencia de antaño más allá de sus murallas, cuyo derribo, a partir de 1865, supuso un punto de inflexión en su necesario crecimiento para dejar expansionar una ciudad encorsetada, abigarrada y con una higiene urbana más que discutible. Pero quizás ese desarrollo se nos fue de las manos, y el equilibrio se rompió. Ahora, de lo que se trata, es de preservar lo que resta.

El arquitecto Javier Domínguez, que prologó mi último libro sobre las alquerías y masías de nuestra Comunidad, decía en él que "los valencianos debemos desarrollar con urgencia una 'cultura de los límites de la urbanización', pues vivimos donde urbanizamos y como urbanizamos, y no podemos seguir impasibles ni ante una anarquía planificadora de las última décadas, ni ante la destrucción de nuestros paisajes".

Sería lamentable que estos llegaran a las generaciones venideras tan sólo con imágenes retrospectivas, o a través de la literatura. Unos paisajes que captó, por ejemplo, Salvador Tuset, quien supo recogerlos en alguna de sus obras con toda la riqueza cromática propia de nuestra huerta; o Vicente Blasco Ibáñez, en su novela La barraca: "... brillantes las filas de moreras y frutales, las ondulantes líneas de cañas, los grandes cuadros de hortalizas semejantes a enormes pañuelos verdes, y la tierra roja cuidadosamente labrada".

Es tal su importancia que, sin lugar a duda, nos identifica y singulariza, no sólo por la vertiente económica, sino también paisajística. Hasta tal punto que Maximiliano Thous hizo de su abundancia, riqueza y colorido parte esencial de las estrofas de nuestro himno: "Para ti la Vega mía, / la riqueza que atesora, / y es la voz del agua canto de alegría, / [...] y a tus pies, Sultana, amplios jardines, / extendiendo un tapiz de hortensias y rosas finas. / Brindan frutas doradas / los paraísos de las riberas; / cuelgan los pendientes / bajo las arcadas / de las palmeras". Y de la misma manera, muchos de nuestros compositores supieron recoger en sus obras el sonido y las irrepetibles sensaciones que emanan de la huerta. ¿Y esto es todo cuanto vamos a dejarles a las futuras generaciones?

Produce una sensación agridulce -más agria que dulce- ver la última ortofoto de la ciudad tomada el año pasado. ¡Qué poco queda! O, mejor dicho..., ¡ ya casi no queda!

http://www.lasprovincias.es/valencia...-20090414.html