Un investigador del IVIA culpa de la crisis citrícola al oligopolio comercial

Caballero acusa a las distribuidoras de ir contra el libre mercado al imponer normas propias y precios bajos

Las continuas quejas de los agricultores y sus organizaciones profesionales, por los bajos precios que les pagan por sus producciones y contra el comportamiento de las grandes cadenas de distribución comercial, cuenta ahora con un respaldo científico que ratifica la gravedad de la situación y que las protestas de la gente del campo son fundadas. Pedro Caballero, investigador del departamento de Economía y Sociología del IVIA (Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias), ha publicado un trabajo en la revista técnica 'Levante Agrícola' en el que señala que la principal clave de los problemas del sector citrícola está en la formación de precios y culpa de la crisis al oligopolio de las grandes distribuidoras, al mismo tiempo que acusa de una actitud de pasividad a la Administración

Caballero habla de «un manifiesto desamparo institucional ante situaciones límite e inaplazables», asegura que se distrae y minimiza el problema con «observatorios, lonjas y propuestas de reestructuración insuficientes» y que se desvía la atención con frencuentes referencias a la necesidad de abaratar costes, ganar competitividad, eliminar intermediarios o adaptar la oferta a la demanda. Afirma que el problema es el precio y que lo demás es «un disco rayado de quienes renuncian a pensar. Mientras tanto, «ni se asignan medios ni se intenta la regulación de los mercados»

El investigador del IVIA ha explicado a LAS PROVINCIAS que cuando predominaban los mercados mayoristas «había concurrencia amplia con transparencia en la formación de precios». El sistema no era perfecto «pero había un comportamiento de mercado libre, cosa que ahora no existe, porque seis grandes cadenas controlan el 65%de las ventas, frente a 466 mayoristas que les ofertan». El papel de los responsables de las centrales de compras de dichas cadenas «consiste en lanzar un precio de compra y esperar la llegada de ofertas». El modelo deriva en «un oligopolio, que suele ser despiadado, más que el monopolio, en el que a veces se encuentran comportamientos condescendientes». Las cadenas «se vigilan y tienden a imitar los descensos en los precios de compra, pero no las subidas».

Pedro Caballero adviertte incluso de la existencia de «cárteles con los que se acuerdan intervalos de precios y se divide el mercado, lo que lleva a la situación monopolística». En otros casos hay «acuerdos tácitos entre las empresas», cuyos resultados se plasman con gran facilidad, «dada la gestión absolutamente individual de las unidades exportadoras españolas». Para el, la situación oligopolista «es irreversible si no se reforman las estructuras de oferta»

Otro problema que denuncia es el del efecto perverso de los precios bajos a que venden los cítricos las distribuidoras finales, porque los utilizan como reclamo. Pero eso ocasiona una degradación en el nivel de estima del consumidor, lo que desincentiva la compra. Así, el espacio destinado a naranjas y clementinas en los lineales de los supermercados tiende a ser menor.

Caballero propone que el concepto de trazabilidad se extienda también al precio, y lamenta que el propio IVIA no contemple, entre sus planes futuros de investigación en el terreno citrícola, junto a los aspectos técnicos y de nuevas variedades, profundizar en algo tan esencial como son los aspectos económicos y de la rentabilidad


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