EL SUBMARINO AMARILLO SACA UN EMPATE (1-1) DEL CAMP NOU
El Villarreal estropea la fiesta de la seis copas

MADRID.- El imperio del Barcelona no se tambalea todavía, pero la resistencia ha crecido en número y forma. El empate (1-1) en el Camp Nou se eleva sobre el porvenir del Barça como una señal de alerta: los primeros puntos se van de casa con el año nuevo y ponen fin a una serie de siete victorias como anfitrión. Justo el día en que el equipo ofrecía las seis copas de 2009 a una afición con ganas de fiesta. [Estadísticas 1-1] [ÁLBUM]

Se la amargó el Villarreal, un clásico del siglo XXI en formar barullo en el concierto azulgrana y ensordecer violines en el 'Liceu' culé. No le importó que el matrimonio entre Pedro Rodríguez y el gol demostrara su solidez en el séptimo minuto del espectáculo. De un concierto de Año Nuevo que duró más de 97 y que a los 55 se estremeció con un trueno de David Fuster.

Ernesto Valverde había incluido al atacante valenciano en el once inicial para salvaguardar un tobillo recién curado del italiano Giuseppe Rossi, como Pep Guardiola había recurrido a un joya de la cantera, el hispano-mexicano Jonathan, por el músculo reparado, pero todavía tierno, de Andrés Iniesta. Ambos suplentes de lujo aparecieron en el tramo final para solaz de un aficionado que, ajeno a los colores, habría disfrutado con el fútbol como un niño en la mañana del día de Reyes.
Xavi, anulado

Rossi pudo decidir a favor del Villarreal con un remate que superó la salida de Valdés, pero dejó el balón al alcance del despeje de Puyol con casi todo el tiempo cumplido. Iniesta, que entró antes por la mayor urgencia del Barça en su terreno, galvanizó todo el ataque azulgrana en esa media hora terminal y abrió algún hueco con aroma a victoria.

La reaparición del albaceteño dejó en evidencia el monumental destrozo que habían completado Senna y muy especialmente Bruno en el centro del campo. Le habían robado el violín a Xavi y convirtieron la zona de creación del Barcelona en un campo de batalla con Busquets multiplicado para suturar descosidos y el pobre Jonathan ahogado en un debut demasiado áspero para su tierna edad.

El canterano (incorporado al Barcelona en edad infantil junto con su hermano Giovani) lució sus cualidades sólo en el tramo inicial, cuando la máquina del Villarreal aún no había arrancado.

Con la aparición de Iniesta por el hermano de Giovani, el Barcelona reencontró la melodía, aunque no se libró del ruido de fondo de un Villarreal que nunca se echó atrás ni se acobardó ante los renovados empeños de la orquesta barcelonesa.

El equipo de Valverde, igual que cuando lo dirigía Manuel Pellegrini, empezó la temporada oliendo el polvo del sótano, cerca de la Segunda División y ahora vive con la mirada clavada en el ático de la clasificación, en un continuo ascenso de peldaños. En el Camp Nou buscó su cuarto triunfo consecutivo. Lo acarició.

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