Y mientras Zp no haga nada más que una reforma laboral de 13 folios, nos van a poner a caldo.

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Reparto de culpas
"No hay duda. Tras una oleada así se encuentran los hedge funds -fondos de inversión libre- y los grandes bancos. Han visto que España es una oportunidad y se han abalanzado", reconoce una operadora de renta fija. La maquinaria de la especulación girando de nuevo. Y con la debilidad de las cuentas públicas españolas como combustible.

No es casual que el ataque se haya producido después de que la semana pasada se conociese que, durante 2009, el déficit acumulado por las Administraciones públicas alcanzó una cifra equivalente al 11,4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). En el mismo momento en el que la vicepresidenta económica, Elena Salgado, anunció estas cifras, reconoció que había que reaccionar "rápidamente". El Gobierno lo hizo en un principio, al comunicar un plan de recorte del gasto público de 50.000 millones hasta 2013 y abrir el debate de las pensiones. Pero las dudas manifestadas esta semana por el Ejecutivo sobre la reforma de las pensiones y el mercado laboral han convulsionado la situación.

Y en este río revuelto, los especuladores han pescado -y ganado- a su antojo. ¿Cómo? "Los inversores están vendiendo deuda pública española y comprando los CDS. De esta forma, incentivan más aún las caídas de la renta fija", comenta Miguel Ángel Bernal, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). La otra opción, en las bolsas, ha consistido en operar a préstamo para beneficiarse de las caídas. La primera maniobra ha disparado la prima de riesgo de España y la segunda ha nutrido el descenso de las cotizaciones, en un proceso que ha retroalimentado la desconfianza. Y que, por supuesto, ha lucrado a sus autores. "Ha habido inversores que han comenzado vendiendo cuanto podían para generar incertidumbre y que luego, cuando el pánico aparecía, volvían a comprar más barato. Así, una y otra vez, causando la volatilidad que les conviene", manifiestan fuentes del mercado.

De este modo, el hambre, proporcionado por el déficit público y la debilidad económica de España, se ha juntado con las ganas de comer de unos inversores ávidos de ganancias y... de ambiciones mayores.

Pieza mayor
Porque España, como antes Grecia y también Portugal, puede ser la llave hacia una presa mayor: la eurozona. "Grecia no es suficiente. Pero España sí, y desde centros financieros como el de Londres hay lobbies muy interesados en romper el euro y en que entidades como Santander no sigan ganando cuota de mercado", asegura un economista que prefiere permanecer en el anonimato. "España es suficientemente grande como para hacer daño a la eurozona, pero suficientemente pequeño como para ser atacada sin necesidad de contar con demasiado dinero", añade. "Parece un ataque contra la eurozona más que contra el euro, que está teniendo éxito gracias al runrún de rumores, falacias, profetas de las profecías autoverificadas, indecisión de los gobiernos, etcétera", expresa Juan Ignacio Crespo, de Thomson-Reuters. Por el momento, el euro se depreció ayer hasta los 1,3595 dólares, su cambio más bajo desde mayo, y ya cae un 5 por ciento en 2010.

Como telón de fondo, una vez más, las dudas generadas en la región. Un cebo perfecto para atraer inversores. "Sigo pensando que ha sido un error prolongar la presión sobre Grecia, dando la sensación de que estaba sola en el ajuste. Dio tiempo a los inversores a meditar (y a preocuparse) sobre la posibilidad de crisis de la deuda en otros países. Al mismo tiempo que descubrieron las deficiencias de la región en términos de convergencia fiscal y mecanismos de disciplina en caso de que esta convergencia falle", argumenta José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi en España.

Defensa sutil
En medio de esta incertidumbre, las autoridades políticas han manifestado su malestar. Grecia y Portugal ya han alzado su voz contra los especuladores. Y ayer fue el turno de España, a través del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, y de la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, quienes culparon a un "movimiento especulativo" del castigo sufrido esta semana. Como sostiene en su libro Gregory Millman, "es una mala señal". Supone un desafío, algo que ya ocurrió en el ataque contra la libra de 1992, que acabó con los huesos de la divisa británica fuera de la Europa del euro. "Cuanto más alto proclamaban los responsables que sus monedas eran sólidas, más seguros podían estar los especuladores de que estaban al borde de la devaluación", relata el autor.

La defensa, por tanto, pasa por un ataque silencioso y sutil. A muy corto plazo, con un cortafuegos por parte de las autoridades. "Los gobiernos de la eurozona saliendo juntos a la palestra y enviando mensajes de firmeza: no se va a dejar caer a ningún país y todos van a aplicar rigor fiscal. Y el Banco Central Europeo (BCE) comprando masivamente deuda y bolsa para cebar el cambio de dirección", recomienda Juan Ignacio Crespo. Y en paralelo, con actuaciones decididas y creíbles para recomponer las finanzas públicas, un medio preciso para restañar la confianza. "Hacen falta medidas para reducir el déficit y reformas para reestructurar la economía", reclama Teresa Gimeno, de Banif.

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