Temor a que el débil rescate de Grecia arrastre a la economía española

Si John Moody levantara la cabeza, tendría dos opciones. La primera, pedir la cuenta en la compañía que él mismo fundó hace poco más de un siglo para calificar los bonos emitidos por los ferrocarriles de EEUU. La segunda, fumarse un puro y repanchigarse en un butacón de orejeras imaginando cómo crece la cuenta corriente. Hay una tercera opción, probablemente la más remota. Recogerse en algún cenobio, lo cual para un emprendedor como él hubiera sido una tortura.

Cualquiera de las tres soluciones sería una respuesta coherente al hecho de que Moody’s (y también Fitcht) decidieran este miércoles mantener la triple A para las emisiones del Reino de España. No son ganas de fastidiar, pero se aplica la misma calificación cuando la economía tenía superávit presupuestario del 2% (año 2007) que cuando el déficit fiscal representa el 11,4% del PIB (año 2009). O la primera calificación era injusta por rácana o la segunda no vale por generosa, pero ambas no pueden ser posibles si se analiza un mismo país con tan sólo dos años de diferencia, y en el que el desempleo ha pasado del 8% a casi el 20% en apenas un bienio. Claro está, a no ser que el trabajo de quienes escudriñan la solvencia de las emisiones soberanas se haya convertido en un corta y pega sin valor analítico.

Se dirá que Moody`s no tiene sólo en cuenta el déficit presupuestario a la hora de hacer sus calificaciones. Y es verdad. Sería injusto valorar la economía de un país únicamente a la luz del desequilibrio fiscal. Y por eso se supone que sus analistas habrán escarbado en el futuro más inmediato. ¿Y qué dice ese futuro? Pues que en 2010 la economía seguirá en recesión (-0,3%, según el Gobierno), lo cual no parece el camino más recto para reducir el déficit público, mientras que el paro continuará desbocado: alrededor de un 20% de la población activa. Es decir, ni más ni menos que dos veces y media por encima de cuando Moody´s asignaba la triple A al Reino de España. Como se ve, algo ha cambiado en la economía española. Pero no para Moody´s.

También se podrá decir que pelillos a la mar. Que el Gobierno se ha puesto las pilas y que ahora va a reconducir la situación. Ya se sabe, el recorte de los 50.000 millones de euros. Crece de nuevo el desasosiego. El consenso de los expertos (no un grupo de amiguetes, sino quince institutos de coyuntura) calcula que este año el déficit presupuestario se situará en el 10,5% del PIB. A años luz de cuando Moody´s concedía la triple A al Reino de España.

Muchos pensarán que esos son tonterías. Que España es un país serio, como sostiene Zapatero, y que su nivel de deuda pública es muy inferior al europeo (20 puntos). Este país, por lo tanto, tiene derecho a permanecer un año más en el Olimpo de la solvencia. Es verdad, pero sólo a medias. En 2007, el endeudamiento público representaba apenas el 36,1% del PIB, según datos de la Comisión Europea, pero para el año 2010 el propio Gobierno español reconoce ya un 65,9%. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en apenas un trienio habrá aumentado un esplendido 82,5%. Como se ve, pecata minuta.

La carrera de la deuda

Sigamos con las comparaciones. Como se sabe, Moody´s y otras agencias de calificación han puesto sus ojos sobre Grecia, y con razón. Las cuenta públicas helenas son una ruina y para más inri los sucesores de Homero y herederos de los padres de la ética han engañado a Eurostat. ¿Pero cuánto ha crecido el endeudamiento heleno en el mismo periodo? Pues mucho menos que en el caso español. Veamos. En el año 2007, la deuda pública de Grecia se situaba en el 95,6% del PIB, mientras que en el 2010 alcanzará un 124,9% del producto Interior bruto. Es decir, un crecimiento del 30,6% en un trienio, casi la tercera parte que el caso español ¿Mucho o poco? Desde luego que mucho, pero bastante menos que en la piel de toro.

Es verdad que el punto de partida de España es muy inferior al de Grecia, y por eso no tiene sentido hacer comparaciones mecánicas, pero no hay duda de que en ambos casos se han encendido las luces rojas del endeudamiento.

No se trata de un asunto menor para España. En 2008, el servicio de la deuda representaba apenas el 1,2% del PIB. Como se ve un porcentaje pequeño y sostenible en el tiempo. Lo malo es que para 2013 el propio Gobierno reconoce en su actualizado Programa de Estabilidad que llegará al 3,1% del PIB. O lo que es lo mismo, unos 30.000 millones de euros, casi el triple que al comenzar la crisis. Por supuesto, siempre que no se disparen los tipos de interés en la eurozona al calor de una recuperación robusta, porque de lo contrario, más leña al fuego.

¿Qué quiere decir esto? Pues ni más ni menos que si se mantiene una tasa de desempleo cercana al 20% hasta ese año, como sostienen los institutos de coyuntura, este país tendrá que destinar cada ejercicio un 6% de su riqueza a financiar dos partidas intocables en el presupuesto: los intereses de la deuda y el desempleo. Dinero sagrado que hay que pagar religiosamente. O lo que es lo mismo, unos 60.000 millones de euros.

Grecia no es como España, desde luego, pero tampoco España es como Grecia en términos de desempleo. Es bastante peor. La tasa de paro griega es justamente la mitad que la española: un 9% en 2009 y un 10,2% en 2010. No son estimaciones del Gobierno heleno, que ya se sabe que siempre barre para casa, sino de la Comisión Europea.

¿Y el déficit público?, se dirá. España es mejor que Grecia. Es verdad, pero por poco, y si eliminamos el componente cíclico del desfase entre gastos e ingresos y nos quedamos con el llamado déficit estructural, las diferencias siguen siendo escasas. En 2009, Grecia cerró con un desequilibrio macroeconómico equivalente al 12,7% del PIB, es decir, 1,4 puntos por encima del español. Mientras que este año, y según las previsiones de los expertos, el déficit español se situará en el -10,5% del PIB, por debajo del -12,2 puntos heleno. Esto quiere decir, ni más ni menos, que ninguno de los dos países corregirá sus desequilibrios fiscales de forma contundente a lo largo de este ejercicio.

España, una cuestión de caza mayor

La pregunta que cabe hacerse, por lo tanto, es obvia. ¿Y por qué los mercados atacan a Grecia y no a España? Al menos con la misma determinación. Simplemente por una cuestión de tamaño. España, que representa alrededor del 12% del PIB europea, es caza mayor, y las cuentas públicas griegas son digeribles. Un par de datos ilustra mejor que ninguna otra cosa la distancia entre ambas economías. El Tesoro griego emitirá este año para financiar su déficit poco más de 50.000 millones de euros. Desde luego una cantidad importante, pero en todo caso muy inferior a los 223.000 millones largos que necesitará el Tesoro español para cubrir las necesidades de financiación de la economía.

O dicho con otras palabras, mientras que Grecia acabará este año con una deuda cercana a los 290.000 millones de euros, España cerrará el curso con un pasivo (en términos de Protocolo de Déficit Excesivo) superior a los 555.000 millones de euros. Porque si hablamos del endeudamiento total (incluyendo los activos financieros que emiten las empresas y entes públicos y que no computan en términos de Maastricht) se estaría hablando de más de 700.000 millones de euros. En este caso, el tamaño sí importa, Con España se corre riesgo sistémico y con Grecia no. Y por eso los gobiernos (léase Francia y Alemania) confían en que por el momento sean suficientes los llamamientos políticos.Grecia (el 3% de la eurozona) no es realmente el problema. El problema se llama España, y luego el resto de países. Exactamente igual que ocurrió tras el 'no' danés a Europa y que a la postre se llevó por delante el Sistema Monetario Europeo. Y Dinamarca era -y es- más pequeña que Grecia.

Lo relevante, por lo tanto, no es el stock de deuda, sino su evolución, porque de lo contrario Italia y Bélgica, con endeudamientos que superan el 100% del PIB, hubieran sucumbido ante los ataques de los especuladores, y su diferencial con el bono alemán se mantiene básicamente igual pese a la tormenta en los mercados de renta fija.

-'Pero España tiene un stock de deuda muy inferior al griego', se dirá. Y es verdad. Letonia o Lituania también lo tienen respecto de Alemania, pero ningún inversor abandonaría Berlín para poner su dinero en los países bálticos salvo que quiera jugarse el empleo. La salud financiera de un país no es una fotografía fija, sino dinámica. Lo relevante es su ritmo de deterioro. Y en esto a España sólo le gana Rusia.

Por eso, precisamente, Merkel y Sarkozy han decidido actuar. No sólo para salvar a Grecia -que también- sino sobre todo para poner fuera de peligro a Alemania y Francia, que como en los Diez Negritos de Agatha Christie, temen que sus economías acaben arrastradas por el tsunami en los mercados de deuda. Y España, en este mercado, y por su tamaño, es pieza esencial. Es la segunda línea defensiva contra la voracidad de los mercados, paradójicamente regados con el abundante dinero barato que les ha prestado el BCE. Y para mantener esa línea Maginot era necesario que las agencias de calificación (los únicos agentes económicos indultadas por los gobiernos en esta refriega del capitalismo, -¿por qué será?), siguieran mirando como si los fundamentos económicos fueran los del año 2007. Si el bueno de John Moody levantara la cabeza.

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