La iniciativa de que todo aquel que aspire a ocupar una cátedra en Cataluña deba saber catalán como requisito legal obligatorio es un despropósito como pocos se han visto. Por otra parte, nada de extrañar si se tiene en cuenta que la ocurrencia procede de los miembros del Tripartito. Hay que decir en su descargo que muchos de ellos no han pisado un aula universitaria en su vida, aunque ni por esas. Ellos verán pero, desde luego, la idea en cuestión puede disuadir a más de un académico internacional a desarrollar su actividad docente en Cataluña.

Ya sucede algo parecido en otros ámbitos. Jueces, fiscales, médicos y otros tantos que sacan su plaza por oposición prefieren otros destinos donde valoran más su cualificación profesional que sus habilidades en lenguas vernáculas. Así, hay puestos en la administración del Estado en Cataluña que quedan vacantes por falta de aspirantes. Y lo mismo ha pasado con bastantes estudiantes extranjeros que venían a España y elegían Cataluña como destino Erasmus, teniendo que cambiarse al poco de llegar ante la imposibilidad de recibir clases en castellano. En este sentido, llama la atención que se exija un nivel determinado de catalán, y que en cambio nada se diga del nivel de castellano de quienes concursan. Promocionar e incentivar el catalán —o el castellano, tanto da- por vía positiva para académicos y científicos internacionales de excelencia, a quienes se quiere atraer a las universidades en Cataluña, es algo que a todos interesa. Imponerlo por decreto por vía negativa es un error vergonzoso que perjudica a Cataluña porque margina a nuestras universidades del tráfico académico internacional

Así las cosas, la universidad en Cataluña dejará de ser precisamente eso, universal, para convertirse en provinciana. Imponer a machamartillo nunca ha sido una buena política. Pero es la que entienden los socios del Tripartito. Cuyo presidente, dicho sea de paso, pertenece al mismo partido que José Luis Rodríguez Zapatero, el cual se suponía presidía un partido internacionalista.

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