El catalanismo fragmentado

La vía estatutaria ha perdido credibilidad, pero ni el concierto ni la independencia son alternativas realistas


Los partidos catalanes afirman que el fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut marca una frontera, un antes y un después. Tienen bastante razón. La confianza (ya no exuberante) que existía entre Catalunya y la España democrática (la de Suárez, Felipe, la primera legislatura de Aznar y Zapatero) recibió un mazazo cuando la corte constitucional decidió ignorar lo votado en Catalunya (en referendo), tras la aprobación de las dos cámaras españolas (Senado y Congreso). Y anuló por tanto parte del Estatut. Un Estatut ya enmendado en el Parlamento español para dejarlo -en frase memorable de Zapatero- «limpio como una patena», se supone que de inconstitucionalidades.

Montilla, Mas, Puigcercós y Herrera dicen que es una bofetada a Catalunya. Como ha dicho Roca, también lo es a la España del 78 que reconocía las nacionalidades históricas. ¿Y ahora qué? Tras el golpe al Estatut lo lógico sería que el catalanismo se uniera para imponer respeto a lo votado por el pueblo catalán. Los partidos podrían discrepar en muchas cosas -aborto, educación, fiscalidad…-, pero deberían ser firmes en la defensa de la autonomía. No es así, sino todo lo contrario; la gran división se centra en la relación con España.

El 'president' Montilla y el PSC sostienen que hay que forzar al PSOE a rescatar el Estatut. Pero la vía estatutaria ha perdido credibilidad. Si el Constitucional se ha cargado parte del Estatut, ¿cómo logrará Zapatero imponerlo? Aun en el caso de que obrase de buena fe, lo que no todo el mundo cree. Porque lo que ha pasado, en el mejor de los casos, ha sido una derrota del presidente ante la conjunción del PP y de la judicatura conservadora.

La vía estatutaria ha perdido credibilidad, cierto. Pero ¿tiene alternativa? Artur Mas y CiU sostienen un algo vago derecho a decidir en un futuro indeterminado pero abogan ahora -dicen que por realismo- por un concierto económico a la vasca. Suena bien y parece que a los catalanes les mola. Pero ¿cómo se logra el concierto? Si no es constitucional, habría que reformar la Constitución, para lo que es preciso el acuerdo del PP y el PSOE. Pero aunque lo fuera, también exigiría el compromiso del PSOE y el PP de no llevarlo al Constitucional. ¿Qué fuerza oculta tiene Mas para obligar al PP y al sector españolista del PSOE a aceptar más que el Estatut? ¿Cómo los que no han aceptado 100 metros más de autonomía van a bendecir ahora 150? ¿Porque Mas es más listo que Montilla? Tendrá que explicarlo.

La posición de Puigcercós es, al mismo tiempo, mas lógica y menos realista que la de CiU. ERC no votó el Estatut, por lo que puede decir que es coherente. Pero ¿cómo logrará ERC que la España que no traga un Estatut «mísero» consienta nada menos que un referendo de autodeterminación? Confiar en que Bruselas imponga a España la admisión de un nuevo Estado en la UE suena a sueño de una noche de verano. La fe es libre, pero los catalanes son más racionales que creyentes. Y todos los nuevos estados europeos han surgido por la debacle -moral, política y económica- del comunismo. El error de ERC es que la sentencia le ha hecho convertir su legítimo programa máximo en un equivocado programa mínimo.

Lo dijo Pujol hace más de 20 años: quizá Catalunya es como Lituania (o más), pero España (y la UE) no son la difunta Unión Soviética. Pese a ríos de tinta y muchos artículos de Avui, Flandes sigue en Bélgica y Escocia en el Reino Unido.

Mientras el catalanismo se divida entre estatutistas (Montilla y Herrera), concertistas (Mas y Duran) e independentistas (Puigcercós y Laporta), Madrid solo tiene enfrente división. Si el catalanismo no se suma para lograr el mínimo común denominador (el Estatut), pedir el máximo común divisor (la independencia) suena extraño. Y quien desprecia la vía estatutaria debería analizar lo que pasa en el PNV. Ibarretxe enardeció con «el derecho a decidir de los vascos y las vascas». Al final el PNV perdió el poder y Urkullu se ha apuntado un tanto al volver a exigir el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika.

Pero quizá estemos en un baile de disfraces. A Montilla le interesa el Estatut, pero todavía más encontrar una bandera más vendible que el tripartito. Mas no pretende tanto el concierto como parecer más catalanista que el PSC y menos aventurista que ERC. Y Puigcercós exige el referendo de autodeterminación ya para contentar a los suyos cabreados por el pacto con el PSC «español».

Si fuera así (desearía no acertar), podríamos estar entrando en un callejón sin salida racional. Una Catalunya a lo Pancho Villa (mucha gesticulación y gran división) se enfrentaría a una España partida en dos (PP y PSOE) en la que ganaría el que mejor tocara la tecla del nacionalismo español, el más opuesto a la autonomía lograda por los presidentes Pujol, Maragall y Montilla. Pero temo no estar equivocado. Porque la respuesta al Constitucional podría haber sido mucho más fácil y contundente. Habría bastado un compromiso público de Mas y Montilla asegurando que no apoyarán la investidura de nadie que no se comprometa a rescatar el Estatut votado en Catalunya. Ninguno de los dos lo ha propuesto ni insinuado. No les interesa. Periodista.

http://www.elperiodico.com/es/notici...o/508505.shtml