La Cataluña hortera

Hacía sólo unas semanas que Ferran Mascarell le había planteado al PSC ser el candidato socialista a la Alcaldía de Barcelona. Pero pasó Artur Mas con su oferta y Mascarell cambió de corazón como quien cambia de camisa y sin perder la sonrisa. Aflora la Cataluña hortera, la Cataluña abrazafarolas. La Cataluña contraria a los mejores, porque los mejores nunca se arrastran. La Cataluña de los que van a llorar a lo público lo que no son capaces de ganarse en la empresa privada.

Yo me salvé fichando por EL MUNDO y es gustoso poder ver desde la barrera el espectáculo de tantas hienas al acecho con la impagable tranquilidad de que nadie podría ofrecerme nada mejor de lo que tengo.

La improvisación y la frivolidad han configurado este Gobierno. ¿De verdad que durante los siete años que Mas se ha pasado esperando este momento ha sido incapaz de encontrar a nadie mejor que a Mascarell? ¿De verdad que es esto todo lo que tiene que decir el líder de un partido nacionalista sobre la cultura?

También, en su inquietante afán por contar con algunas mujeres independientes -como si fueran un valor en sí mismas-, Mas ha fichado como consejera de Justicia a quien hasta ahora había sido la jefa de la Abogacía del Estado en Cataluña, y que presentó un recurso contra el Ayuntamiento de Arenys de Munt para prohibir la primera consulta popular sobre la independencia.

Igualmente, Pilar Fernández Bozal ha participado en el recurso del Gobierno contra la Ley de Consultas ante el Tribunal Constitucional. Todo un ejemplo de coherencia de un Artur Mas que apuesta por el derecho a decidir y asegura que votaría sí en un referendo independentista.

Fruto también de la improvisación muy frívola ha sido elevar a Joana Ortega a vicepresidenta: un exceso que nadie comprende. ¿Por ser mujer? ¿Por ser de Unió? Da la sensación de que Mas ha pensado más en sus equilibrios personales y de partido que en los intereses de Cataluña. En eso no se diferencia demasiado del tripartito. Todo lo subraya la horterada, que con Mas continúa siendo la principal característica de Cataluña.

También en los medios de comunicación cambian las siglas, pero las actitudes persisten. Si el tripartito se lo filtraba todo a El País y a El Periódico, el nuevo Gobierno ha sido filtrado a La Vanguardia, que ya empieza a cobrarse los servicios prestados. Y es sólo el aperitivo: lo más suculento irá llegando en los meses próximos, con la publicidad institucional, los encartes, la onerosa subvención para publicar la versión catalana del diario y tantas otras ayudas más o menos encubiertas. ¡Viva la prensa libre!

Y mientras todo ello llega, en Rac1, la radio de La Vanguardia, el periodista de cuota de Convergència en el Grupo Godó, Francesc-Marc Álvaro, bendecía el fichaje de Mascarell y aseguraba que, de hecho, lo más parecido que hay en Cataluña a CiU es el PSC, cuando se ha pasado toda la vida cobrando por escribir precisamente lo contrario. No hay más indignidad que en las piruetas que hacen los que esperan algo a cambio de ellas.

Un Mascarell por aquí y esa mujer independiente por allá. No parece lo más maduro, ni lo más inteligente, ni lo más reflexivo.

Sí que se parece a la mediocridad en la que se basaron los tripartitos.

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