He llegit aço i m'agradat:

El pollo pera, el pollo frito y sus paragüeros

En estos tiempos en los que nuestro país se hunde, con una ley sectaria de Igualdad, en la que la carga de la prueba cae siempre sobre un acusado de haber discriminado a otra persona, por reeducación, se podrán cerrar hasta empresas. Así, los que no sean “progres”, serán culpables dentro de la ingeniería visionaria de la izquierda autoritaria, condenados por usar de su lenguaje y libertad.
Burócratas especiales para machacar a ciudadanos a su discrecionalidad. Esta Ley se preocupará de que no le llamen feo o "¡tontiño" a alguno, pero no de los derechos de los que quieren, en España, estudiar castellano, o de los presidentes autonómicos que otorgan a las empresas de sus hijas subvenciones de 10 millones o de los ex presidentes autonómicos que han dejado un agujero de 40.000 millones.

Lo que no sabemos es cómo serán penalizadas las vejaciones de los pro musulmanes que dicen que los católicos son unas ladillas. Lo que desconocemos es conocer quien restituirá el grave perjuicio que sufren los rectos que imponen disciplina y son tachados falazmente de acosadores. ¿Quién sancionará a la “brunete forera” y alcahueta que crucifica calumniosamente a periodistas que están contra la subida de la luz?. ¿Quién defenderá a los buenos trabajadores que se tienen que esconder en sus casas, silentes, mientras otros ocupan las calles?. ¿Defenderá la Ley el seno maxilar y el arco zigomático de los cargos públicos “sobrinísimos” agredidos?.

Eran los años cuarenta y cincuenta, había pobres inocentes, vestidos de feos que fumaban de petaca, trabajaban hasta con nublado, ligaban en los bailables, les faltaban dientes y bebían vino tinto con sifón en porrón.

Eran los tiempos de sus amos, los “pollos pera”, aquellos otros del Régimen que llevaban pantalones blancos de seda alborotados en todas las direcciones, asemejando ondulaciones y a juego con zapatos acharolados de marrón y blanco.

Poblaban bigotito de derechas y lucían corbata de franela a juego con sus “muy peras” camisas de gusto elegante y algo caro. Sus esposas lucían fino talle y organdí y se daban el cerato cosmético del “cold-cream” y, ellos, peloteaban con whisky de contrabando y con las expropiaciones de terrenos.

Aquellos “chuletillas” se burlaban de la legalidad, estaban considerados como “la crema de lo comme il faut”, despreciaban a los obreros, se chivaban del vecino, todo les estaba permitido y eran pollos gordos por su manera de presentarse en aquella sociedad superficial pero avasallante.

Ellos construyeron una sociedad “acojonada” y sumisa, callada en su corruptela y estraperlo. Humillaban y no permitían a los demás humillarles a ellos. Estaban seguros y amparados por los paragüeros del franquismo, que les cobijaban con sus leyes de responsabilidades de todo tipo.

Aquellos lo hacían porque se lo permitía él haber ganado la guerra y justificándose como medio para el desarrollo social y económico del país. Aquella soberbia derecha pudiente, trincona y capitalina, creció y se financió en la cementera del capital financiero, de los negocios inmobiliarios, de la especulación y de los rascacielos de la ciudad.

Entonces se podía llamar feo a un pobre hombre, a un compañero mocoso de pupitre o a una chica de facciones descompensadas. Por lo tanto, en coherencia, estas “voces del diccionario” apelando a la fealdad, no estaban consideradas como un insulto. No prohibían “El Quijote” o a Quevedo aunque sí estaba repudiado legalmente ser un maleante que te la “guindara” a la cara, así como salir en una telebasura haciendo escarnio de dogmas, creencias y ritos que injurian, sin venir a cuento, con monja desnuda meciéndose dedos por entre el triangulo de un tanga.

Son los años 2011

Si quieres seguir en “el machito”, en el calendario, hay que hacerse “progre”. Claro que la vestimenta ha cambiado. Hoy, los chicos de la avanzadilla ideológica, visten con camiseta de jóvenes diseñadores y pantalón pitillo. Los más de primera llevan algún tatuaje nativo, un piercing “moñoño” y un foulard blanco para que, cuando vayan en bici o moto, no se constipen la glotis. Son pudientes, de izquierda y despreocupados y beben sobre todo whisky con coca-cola.

Pero todo es igual que ayer con franco. Desaparecen los “pollos pera” de antaño, asoman los “pollos frito”, más sinuosos y eróticos, pero más de lo mismo de ayer.

Los dos modelos defienden los propios puntos de vista, su estilo de vida, a sus paragüeros, más que mejorar la sociedad. Son dos ejemplos, en el transcurso del tiempo, de egoísmo extremadamente reaccionario y de olvido de la realidad social.

Sigue en este país, con el nuevo experimento legal de la ministra Pajín y de Rodríguez Zapatero, la censura y represión por usar de nuestra libertad, que puede sucumbir por el capricho arbitral de un funcionario, de su voluntad y de prejuicios doctrinarios. ¡Mira! Que es mala suerte haber nacido en España.

A los que amamos la libertad nos preocupa la deriva de este estado hacia el autoritarismo. Que nos hace más débiles. Sometidos cada día que transcurre a vínculos estatales, enfrentados ante un estado intervensionista, que nos violenta una libertad individual que es cercenada, sin oposición popular, es ya todo un Babel donde se crea un confusionismo del lenguaje y una agresión a comportamientos lógicos tal y como en la construcción de aquella torre donde se usó el ladrillo en lugar de la piedra y el betún en lugar de la argamasa.

Y así ha llegado al órgano censor actual, para contenidos televisivos y lo que se desmarque.

En el climaterio ya del tardozapaterismo, llega la represión de la prensa. Algo que, en foros de Internet, ya se escuchaba alarmantemente llegar, yo en concreto. Tiene como fin que alguno se quede perpetuamente en la Moncloa.

El truco está en partir de la base de algo asumido como penoso, la devaluada telebasura que expande un devaluado modelo social de convivencia, pero que no tiene por qué ser censurada. Pero, esto, es sólo el principio y el señuelo.

Partiendo de este excremental televisivo, que por cierto la han propagado las cadenas afines al gobierno, y sobre el lamentable modelo de crispación que propagan, los gobernantes invadirán el campo privado de la esfera de los derechos individuales, intentando acallar a los terminales mediáticos donde se critica al gobierno. Será un consejo nada aconsejable para reprimir la libertad de prensa, para que los pésimos gobernantes y los corruptos, estén al abrigo de una impunidad total.

Ayer y hoy en la España de Franco y demás sucesores, estamos en manos de los paragüeros. Que se inmiscuyen en el contenido de lo personal y particular, arrogándose la fiscalizando interventora de supuestos falsos valores que atentaban contra principios de unidad, con Franco, o atentan supuestamente contra principios democráticos, con Rodríguez Zapatero.

Franco tuvo su revolución social española contra las izquierdas equivocadas y masónicas y acabamos en los paredones. Mao, desarrolló una persecución atroz que llamó “Revolución Cultural”, contra los desviacionistas que traicionaron los ideales de la revolución. Lenin inventó la revolución proletaria, transformándose en un obsesivo asesino del mundo burgués. Stalin, con la historia de su “Revolución Permanente”, acabó matando de hambre a todo el que había nacido. Los avanzados sexualmente españoles, han legislado sobre la revolución del modelo de familia, dejándola abandonada a su suerte. Y la última revolución cultural, en este estado quebrado, será amordazar a los medios críticos con el poder, para que no se sepa lo que sucede. ¡Así nos va!.

Font:
http://primeran.com/opinion/pagina-e...us-paragueeros[hr:adafbb6792][hr:adafbb6792][hr:adafbb6792]