GRUPO RAMÓN LLULL: "No habría nada que objetar al texto de la placa del cementerio que se propone para recordar a las víctimas en Mallorca del levantamiento del 18 de julio de 1936, si sólo representara la opinión de su autor. El problema que tiene el texto es que lo asume un Ayuntamiento cuya capitalidad mallorquina y balear es indiscutible."

"En Mallorca, la represión franquista fue una escalada ante el pánico creado por el desembarco del 16 de agosto de la columna de Bayo organizada por la Generalitat Catalana, bajo banderas catalanas y con el objetivo claro de anexionar Baleares a Cataluña."




No habría nada que objetar al texto de la placa del cementerio que se propone para recordar a las víctimas en Mallorca del levantamiento del 18 de julio de 1936, si sólo representara la opinión de su autor. El problema que tiene el texto es que lo asume un Ayuntamiento cuya capitalidad mallorquina y balear es indiscutible.

La falsificación de la Historia no consiste sólo en dar la vuelta a unos hechos, sino también en contar sólo una parte de ellos y ocultar otros que “estratégicamente” no interesen. Estamos en lo de siempre: dar una perspectiva parcial de la verdad conocida, para impedir que aparezca toda la verdad. Para descubrir una falsificación tan descarada como la del texto en cuestión, bastaría con tener presente la totalidad del trágico escenario -el conjunto de las islas- en que se desarrollaron aquellos tristes acontecimientos, incluyendo por tanto los protagonizados en Menorca e Ibiza. Los antecesores ideológicos del autor eran, dando vivas a Rusia, los que defendían la dictadura del proletariado, quedando situados rápidamente a la cabeza del ranking en la estadística de asesinatos. Aquellas diócesis hermanas ofrecieron las más altas proporciones de sacerdotes de la Iglesia española, asesinados por el mero hecho de ser personas consagradas, sin que antes de morir tuvieran tiempo de prestar ninguna “aquiescencia” al régimen de Franco.

Nos podríamos preguntar cómo se hubiera comportado el autor del texto si la historia lo hubiera situado con un arma en la mano al frente de los rojos que asaltaron el Castillo de la Mola, en Mahón, el día 3 de agosto de 1936, o el Castillo de D’Alt Vila de Ibiza, el 13 de septiembre, donde se produjeron los asesinatos masivos más brutales de Baleares.

En Mallorca, la represión franquista fue una escalada ante el pánico creado por el desembarco del 16 de agosto de la columna de Bayo organizada por la Generalitat Catalana, bajo banderas catalanas y con el objetivo claro de anexionar Baleares a Cataluña, aunque este proyecto tuviera la rotunda oposición del Gobierno y de la Presidencia de la República. La empresa pancatalanista se ejecutó bajo la aureola de la sangrienta represión que había empezado en Barcelona, había seguido en Mahón y terminó en Ibiza.


Lo del 18 de julio fue un golpe fracasado por parte de unos generales que en su mayoría eran republicanos, muchos de los cuales se levantaron dando vivas a la República. La mayor parte de ellos ni conocían por entonces el fascismo. Se levantaron bajo la bandera republicana y la bandera roja y gualda no se adoptó hasta final de agosto, con una España ya dividida en dos y con sus partes delimitadas. Por entonces, ya el golpe había fracasado y empezaba la Guerra Civil en la cual el triunfo de Franco y de media España se alimentó con la sangre y los desmanes de la Revolución en la otra media. Los revolucionarios ocuparon el poder que una legalidad formal otorgaba al teórico gobierno republicano. Esta renuncia del gobierno a tomar el poder es lo que hizo recelar a las democracias europeas, que optaron por el acuerdo de “no intervención” que fue de gran ayuda para Franco. El único apoyo claro a los republicanos quedó reducido a este benefactor de la humanidad que fue Stalin. Nuestros provincianos manipuladores de vuelo corto y bajo tienen todavía mucho que aprender de la manipulación de altura de “su padrecito Stalin”, cuando explicaba a los estupefactos exiliados españoles, sorprendidos por el Pacto con Hitler en agosto de 1939, que el Pacto era en defensa de los dos pueblos contra las democracias capitalistas.

Esta placa conmemorativa quedará como muestra imperecedera de la incultura, del sectarismo ideológico y de la manipulación de unos datos parciales referidos a unos hechos con los que ahora se intenta conseguir unos resultados políticos a corto plazo. Cuanto más miedo tengan algunos a perder el poder, la manipulación de la historia se hará con más virulencia. El miedo y el pánico son malos consejeros. La Historia, con mayúscula, es la víctima.

El maniqueísmo de presentar a los amigos como los buenos frente a los enemigos como los malos es un paso atrás en la comprensión y la objetividad de la Historia. Ni siquiera está justificado compensar los excesos de unos con los excesos de los otros. Tampoco sirve de nada discutir quien empezó, quien fue el primero. Se entró en una violenta escalada de acciones y reacciones que terminaron con un enfrentamiento de media España contra la otra.


Estos personajes de ahora, los de la placa del Ayuntamiento de Palma en el cementerio, son los herederos intelectuales de los revolucionarios que llevaron a la República al fracaso. La gente decente, sea de derechas, sea de izquierdas, de arriba o de abajo, debe tenerlo presente. Que no se fíen de estos incitadores al odio y al rencor. Pero ya no basta con tenerlo presente. Las personas con responsabilidad moral y cívica deben denunciar públicamente estos intentos, supuestamente progresistas, de quebrar la convivencia pacífica y el espíritu de la transición.

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