Diciembre de 2008. Más de dos mil personas asisten a la fiesta inaugural del 'Mercado de Fuencarral', un centro comercial que se trajeron de Madrid para acomodarlo en el edificio valenciano de Campanar. Abrieron casi medio centenar de tiendas de las ochenta que estaban previstas. Hablaban de buenas expectativas.

Ayer el edificio tenían tintes apocalípticos. Ya no se llama Fuencarral, el nombre lo han mudado a lo cercano y se llama Mercado Campanar. Pero de lo prometido, del esplendor del estreno a la soledad de ayer, no han pasado ni dos años y medio. Pero eso sí, dos años y medio de crisis profunda. Los que se las prometían muy felices ya no están en Valencia, se fueron hacen más de un año y aquí se quedaron unas cuantas tiendas que intentaron capear el temporal de un proyecto que les prometieron que iba a ser un referente y que nunca llegó a cumplir con las expectativas pregonadas.

Algunas de las tiendas habían emigrado desde Madrid para mantener la idea de Fuencarral, comercios para gente urbana con alto poder adquisitivo. Un Soho a la valenciana, proclamaban sus ideólogos.

Ayer eran tres las tiendas abiertas. Una de complementos y zapatillas, una de ropa de mujer y otra de una empresa internacional con ropa para ambos sexos. Ya no había nada más abierto. Para llegar a cualquiera de las tres tiendas que están en la planta de calle los visitantes primero tenían que hacer una investigación para encontrar las abiertas en vez de toparse con escaparates oscuros, marcas tapadas y muy poca gente. La planta sótano vacía y la de restauración desangelada a primera hora de la mañana.

Y de loscomercios que quedan uno se marcha esta misma semana y las otras dos empresas no quisieron dar más detalles sobre su continuidad o no en la zona. Aunque el cierre de los cines UGC es probable que sea ya la puntilla que les obligue a echar el cierre en un lugar que ahora mismo no invita a las compras y que no se parece en nada a aquel cacareado proyecto cultural en el que de la mañana a la noche iba a ser un suceder de actividades.

Junto a las tres tiendas quedan abiertos dos locales de restauración: un doner-kebab que tiene mucho predicamento entre los vecinos y los que acudían al cine y un bar de zumos y helados. El dueño del local de comida oriental expresó ayer a LAS PROVINCIAS su disposición para seguir pese al cierre del cine: «Yo tengo muchos clientes del barrio y mucha gente que viene a comer y me gustaría seguir abierto», decía Arshad Butt. Pero a estos dos locales el cierre del cine también les puede guillotinar.

Cuando el lugar parece que va a echar el cierre comienzan a oírse alternativas para un edificio grande que aún no ha sido capaz de encontrar su espacio comercial. Lo que más suena en la zona es que un gran almacén especializado en el mundo del deporte ya tiene casi cerrado un acuerdo con los dueños para abrir una tienda en la ciudad.

El ocaso del Mercado Campanar. Las Provincias