Crean una asociación para tomar medidas por este presunto fraude. Para acallar el escándalo, los administradores le devolvieron el dinero a una socia cuando amenazó con denunciar.

Ayer LA GACETA desataba en exclusiva el escándalo de la ONG Intervida. Sus administradores judiciales, bajo la supervisión del juez Garzón (hasta que fue inhabilitado), han seguido recaudando dinero de las cuotas de los socios desde que en 2007 la fundación fue intervenida por una supuesta malversación de fondos. Los socios, a los que nadie informó de la paralización de los proyectos de Perú, Guatemala y Bolivia, continuaron pagando sus cuotas. Los administradores recaudaron desde 2007 cerca de 100 millones de euros que no llegaron a financiar ningún proyecto en estos países.

Según ha podido conocer LA GACETA, tras contactar con algunos de los socios que seguían abonando sus cuotas, la ONG reconoció la “estafa” y devolvió el dinero a una madrina para que no denunciara el caso, cuando esta informó de que había reservado un viaje a Arequipa para conocer a su ahijada.

Los afectados han creado una asociación para tomar medidas contra el presunto fraude. Los damnificados pueden dirigirse a info@padrinosintervida.com



“Sigo pagando por un niño que tengo apadrinado en Perú. ¿Y mi dinero?”
Francisco Javier Barrios se hizo padrino de Intervida hace 15 años en un telemaratón. Le sorprendió la intervención de la ONG en 2007 pero no se dio de baja. A partir de esa fecha observó que en la revista que la ONG envía a sus padrinos, cada vez se hablaba menos de los proyectos de Perú –donde tiene un niño apadrinado–, Bolivia y Guatemala, los países donde mayor actividad sumaba Intervida. Contactó con otros padrinos y también con un ex trabajador de la ONG.

Sus sospechas se confirmaban: hacía tres años que Intervida, por orden de los administradores judiciales y con el beneplácito del juez Baltasar Garzón, ya no enviaba dinero a esos países. Aun así, quiso confirmarlo personalmente. Su niño apadrinado vive en una zona muy inaccesible de Perú, por lo que Fran decidió ir a Guatemala, donde Intervida tenía antes de la intervención de judicial uno de los mayores proyectos de cooperación del continente. Hizo las maletas y pasó sus vacaciones del pasado verano comprobando in situ qué estaba ocurriendo con Intervida.

“Vi una infraestructura enorme que había hecho Intervida en Guatemala. Colegios, pozos de agua, letrinas, proyectos médicos… Pero ya no reciben nada. Sólo funcionan los colegios al 50% con lo que pagan los padres. Yo iba en un coche de Intervida y cuando lo veían los niños venían corriendo a ver si la ONG volvía otra vez”, asegura Francisco Javier Barrios a LA GACETA.

Este padrino, barcelonés como Rosa, observó con impotencia almacenes llenos de medicamentos a punto de caducar, unidades médicas ambulantes tiradas en un descampado, centenares de motocicletas y todoterrenos abandonados y aulas cerradas, la consecuencia del corte de los fondos provenientes de España, como adelantó ayer LA GACETA. Los millones de dólares invertidos con el esfuerzo de los padrinos españoles ahora se amontonan en material que nadie puede distribuir ni usar. Intervida Guatemala ya apenas tiene empleados, salvo los que subsisten en los colegios. “A mí no me comunicaron nada. Yo sigo pagando por un niño que tengo en Perú y estoy decepcionado. Quiero que se sepa la verdad, qué se está haciendo con el dinero”. exclama Francisco Javier indignado.

El colmo del engaño fue la carta de la pasada Navidad que Intervida envió a Fran, en la que le decían, textualmente, “gracias a tu determinación y compromiso, tu apadrinado ha podido seguir asistiendo a clase, aprendiendo y divirtiéndose”.

Hacía más de tres años que Intervida no enviaba nada a ese niño. El pasado febrero, la ONG informó por carta a Francisco Javier de que le cambiaban al niño porque el proyecto había finalizado. Le asignaron una niña también peruana, pese a que Intervida actualmente en Perú sólo tiene un proyecto dedicado a formar profesores a distancia.

Fran no comprende por qué se intervino judicialmente la ONG: “Yo he visto colegios para niños pobres que apenas tienen qué comer, familias enteras que viven en veinte m2. Los empleados no entendían por qué ninguna autoridad judicial española visitó los proyectos”.





Quiso viajar a arequipa a conocer a su ahijada
Rosa Prades es una de los 350.000 padrinos que tenía Intervida cuando fue objeto de una polémica intervención judicial en 2007. Decidió seguir pagando sus algo más de 21 euros mensuales confiando en que algo llegaría a su niño peruano. “Al poco de la intervención recibí una carta de Intervida diciendo que el chico se trasladaba a otra zona del país y que me asignarían un nuevo niño. Acepté”, cuenta Rosa. Pero cuando recibió la foto del recién apadrinado le extrañaron sus rasgos: “Llamé a la ONG y me dijeron que era filipino. Les dije que quería seguir apadrinando en Perú porque tarde o temprano visitaría el país y los proyectos y no sé si algún día iría a Filipinas. Entonces me asignaron a Vilma”.

En abril de 2010 Rosa estaba preparando sus vacaciones de verano junto a su hijo. Querían visitar Perú y aprovechar para conocer a Vilma. Así sabría para qué habían servido sus últimas 32 mensualidades de apadrinamiento (672 euros). “Reservé unos días en Arequipa y cuando llamé a Intervida para que me dijeran cómo encontrar a la niña me dijeron que la ONG ya no trabajaba en Perú. ¡Me dio un ataque! Me puse a chillar, no me lo podía creer”, exclama Rosa visiblemente indignada.

“Me sentí estafada. Les dije que consideraba que me habían estado engañado y amenacé con tomar medidas si no me devolvían mi dinero. Para evitar el escándalo, en 20 días ya me habían transferido al banco los 672 euros, todo el tiempo que había estado apadrinando a Vilma”, relata Rosa. La propia ONG reconoció el presunto fraude y le devolvió el dinero. Querían que el escándalo no pasara de este madrina barcelonesa, ya que había decenas de miles de padrinos por toda España en la misma situación que ella.

LA GACETA ha encontrado a Vilma Norma Choque Nina en un suburbio de Arequipa. Vive en un chamizo junto a sus padres y sus tres hermanos. Ni Vilma ni sus compañeros de colegio han recibido absolutamente nada de Intervida España desde que la ONG fue intervenida judicialmente en 2007, pese a que decenas de miles de padrinos han seguido pagando unos 250 euros anuales por estos niños, un presunto fraude que ronda los 100 millones de euros. La pequeña, junto a su padre, el albañil Domingo Choque, confirma: “Antes nos daban útiles escolares, ropa y desayunos pero ya no”. Los niños desconocen el motivo de la cancelación de la ayuda, y los padres sólo saben que “hubo problemas en España”.