Levante 13/07/2011 – Carles Recio.

Mañana, las Corts ratificarán los nombres pactados para el Consell Valencià de Cultura. Pero ante las críticas suscitadas por el desembarco de políticos en esta institución, en detrimento de intelectuales, he creído conveniente aconsejar algún nombre por si todavía están a tiempo de rectificar y quieren lograr un organismo más acorde con nuestra culturalidad.
España tiene el Senado y el Parlamento Europeo para enviar a sus elefantes políticos. El Reino de Valencia —permítaseme el guiño a la ciencia ficción— carece de cámara baja, por lo que ha de recurrir a entes más caseros, como este Consell o su hermana la Academia Valenciana de la Llengua.
La responsabilidad de esta elección no es de quien elige, sino de quien es elegido y acepta, cómplice del fraude de ley que señala que han de ser sabuts y no enchufados. Juan García Sentandreu intentó impugnar esto judicialmente, pero el sistema es demasiado perfecto en su blindaje de la casta política. Ni los «indignados» han podido cambiar nada, disolviéndose su oposición como un azucarillo.
Quizás nuestros políticos no saben colocar a intelectuales porque no leen, no escuchan música o no ven películas. Se pasan todo el tiempo trabajando duramente para el pueblo y se olvidan de estas minucias. Por eso hay que recordarles la existencia de grandes profesionales que, con todos méritos, deberían ser consellers culturizantes.
Don Santiago Grisolía lleva demasiados años cargando el peso del ente, le ha tocado hasta venir a mi casa para bendecir mi museo particular. Ha trabajado tanto que merece un receso. Creo que la persona ideal para presidir este Consell sería una mujer —por aquello de la ley del género— y naturalmente de edad provecta, pero tan sexy como don Santiago. Ella es Rosita Amores, que sabría ponerle menta a todas las prolijas discusiones de la institución. Seguro que siempre tendría dos buenas razones sobre la mesa para solucionar los problemas.
De secretario necesitamos una persona joven y de gran potencia, como el actor Nacho Vidal, oriundo de Enguera y promotor, junto con el alcalde Santiago Arévalo, de las bondades del aceite enguerino. Con Nacho, la cultura valenciana siempre estaría bien erecta y como es de Barcelona quedaría satisfecho el sector catalanista.
Otro miembro eminente sería el saguntino Rafa Mora, famoso filósofo de Telecinco. A su lado debiera sentarse Bienvenida Pérez, autora del mejor manual de seducción publicado nunca en España. No estarían de más la cantante Margot o la escultora Manuela Trasovares por aquello del puntillo plurisexual. Por Castellón hay que contar con Juan Miguel, el exmarido de Karina y artista por los pelos; y por Alicante, con la espectacular actriz Carolina Cerezuela. Para que no faltara de nada podríamos nombrar consellera a Viçantica Jurado, la última tía maría genuina, que demostró estar en plenas dotes rebentaplenariescas durante la reciente presentación del libro de Flor (Per cert, Vicent, i el meu llibre?) pese a los más de treinta años transcurridos, junto a Pepe Alba. Todos ellos nos aportan el espíritu de la Valencia inmortal y su internacional cultura.
Y puesto que estoy dando tantos consejos, también les aconsejo que me nombren a mí mismo consejero, como sabiamente hace Marco Molines, el último gladiador de Sagunto. Aunque como doctor en Derecho me lo pasaría mejor en el Jurídic-Consultiu al lado de Enrique Fliquete, que en la facultad era el mejor organizador de fiestas y estupendo impulsor de la tuna. ¡Viva la pachanga y la auténtica personalidad valenciana!