García Cárcel: “Los nacionalismos periféricos tienen los altares de los mitos sobrecargados”

El historiador de la UAB y el sociólogo Barraycoa desmontan los mitos del nacionalismo en la historia. “El imaginario del nacionalismo no tiene ningún rigor histórico” y “los catalanistas son conscientes de que la historia se la están inventando, pero les da igual”, advierte el profesor del Abat Oliba.


La manipulación de la historia ha sido siempre interesada y ligada “a criterios estratégicos” y “electorales” pero nunca “morales”. El historiador Ricardo García Cárcel (cuya última obra se titula La herencia del pasado. Las memorias históricas de España) y el sociólogo Javier Barraycoa (que acaba de publicar Historias ocultadas del nacionalismo catalán) han manifestado su preocupación por la invención de la historia que se está llevando a cabo en Cataluña por parte del poder político nacionalista.

Durante la última jornada del X Ciclo de Cine por la Tolerancia, organizado por la Asociación por la Tolerancia, tras la proyección de la película La historia oficial, se ha celebrado un coloquio entre los profesores universitarios García Cárcel y Barraycoa en el que ambos han mostrado con ejemplos y opiniones pinceladas de la manipulación de algunos hechos históricos por parte de los nacionalistas catalanes.

De la España del franquismo a la Cataluña nacionalista

Para el catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona, “todos los nacionalismos tienen un discurso predeterminado por unos interesés únicos sobre el pasado”. García Cárcel ha recordado que en España, el franquismo ofreció una “sobredosis de épica y sobredosis de dramatismo” y que esta educación la sufrieron los que ahora tienen 60 ó más años de edad.

Sin embargo, “ahora, a escala nacional, ni el Cid ni Agustina de Aragón tienen ninguna simpatía. Y en cambio los nacionalismos periféricos tienen los altares de los mitos sobrecargados“. El historiador ha recordado que el nacionalismo catalán distorsiona permanentemente la historia, siempre a su favor:

“Todo nacionalismo tiene una característica común: la historia más larga, como si la consistencia nacional estuviera en consonancia con la longitud. [...] Todo nacionalismo tiene una causa común: una resistencia épica contra los invasores (1640, 1714, 1931), o una resistencia contra el poder extraño, pese a que por ejemplo Rafael Casanova, consejero en jefe el 11 de septiembre de 1714, fue herido en una pierna, no murió aquel día, y se había opuesto a la resistencia de Barcelona, hasta que le obligaron a defender la ciudad. Incluso tenemos correspondencia que demuestra que rechazó, en los últimos días de su vida, los postulados nacionalistas. Todo nacionalismo es victimista: hay un victimismo fiscal, un victimismo lingüístico y un victimismo político. Otro mito es la sociedad civil frente al aburguesamiento de Castilla. Pero esta sociedad civil es totalmente actual. Es Jovellanos quien atribuye el seny a los catalanes. [...] Y otra característica del nacionalismo es la nula capacidad de autocrítica, incluso pese a que Cataluña ha sido parte imprescindible de la configuración de España”.

Preguntado por los motivos que llevan a los historiadores a reescribir una historia falsificada o edulcorada, García Cárcel ha señalado que el historiador que intente desmitificar la narrativa “tendrá un coste: sin becas, sin subvenciones, sin apoyos de cualquier naturaleza… los historiadores estamos muy mediatizados por los poderes establecidos”.

El nacionalismo crea su propio “imaginario”

Por su parte, el profesor de la Universidad Abat Oliba ha indicado que el nacionalismo es especialista en “crear” ilusiones que “no tienen nada que ver con la realidad”. Barraycoa ha citado algunos ejemplos de estás ilusiones, que quedan reflejadas en su último libro, como la marca de Osborne, un toro, comercializado por un catalán.

Y ha señalado que el nacionalismo “se inventa tradiciones”, tal y como ha dejado reflejado Eric Hobsbawm. En el caso catalán, por ejemplo, los 1.000 años de historia promocionados por la Generalidad en tiempos de Jordi Pujol, en 1988, cuando paradójicamente la palabra Cataluña no aparece hasta el siglo XII y, etimológicamente, significa lo mismo que Castilla: habitantes de castillos.

El sociólogo ha recordado que el nacionalismo crea un “imaginario”, como con el escudo de Cataluña, que “no aparece ni una sola mención hasta el siglo XIX”, la bandera, que “es la de Aragón y por concesión del Vaticano”, o las protestas contra el Compromiso de Caspe, que “no aparecen hasta el Romanticismo”. Mientras que, a la par, hay asuntos olvidados por la historiografía nacionalista, como que “fue Pau Claris quien entregó el Rosellón a los franceses”.

Otro ejemplo de mitología, según Barraycoa, es la adoración a Aribau y su Oda a la pàtria y la referencia de los primeros catalanistas:

“Es casi la única poesía que escribió en catalán, Aribau vivió gran parte de su vida en Madrid, y la escribió por sorteo. O como que las primeras revistas catalanistas están escritas en español porque querían que sus ideas fueran conocidas por el mayor número de catalanes. Tal y como hace referencia Rovira i Virgili en sus escritos: ‘Ya es extraño que los hombres de la Renaixença escriban en español, pero es que eran hombres modernos‘. [...] Verdaguer solo había visto bailar la sardana una vez en su vida; en Cataluña se bailaban muchos bailes regionales y locales, entre ellos, uno que se llamaba El Espanyolet. [...] Todos los primeros catalanistas de izquierdas están convencidos de que la nación es España, no fue hasta Prat de la Riba que dijo que no, que ‘España es un Estado pero con muchas nacionalidades’. Que España es un Estado que ha fracasado y, por lo tanto, ‘es el catalanismo el que debe liderar el Imperio’ español. [...] Desde entonces la ambigüedad ha sido la nota predominante en el nacionalismo hasta el punto de que el catalanismo apoya al franquismo, incluso fundan una radio en catalán desde Roma apoyando al franquismo. Todavía no hay nadie que diga esto”.

Para Barraycoa, “el imaginario del nacionalismo no tiene ningún rigor histórico” y “los catalanistas son conscientes de que la historia se la están inventando, pero les da igual”. E incluso, ha ido más allá, “también hay un mensaje racista en el nacionalismo, desde las viñetas del ¡Cu-Cut! hasta los escritos de diversos políticos, como los de Jordi Pujol, que en su manuscrito desde la cárcel considera que si el catalán como lengua desaparece de Cataluña los hombres se harán físicamente más pequeños, el hombre catalán quedará disminuido. Para estos, la lengua se convierte en el alma”.

“Partimos de un desierto”

Finalmente, tanto García Cárcel como Barraycoa han mostrado cierta preocupación por la situación actual y el futuro inmediato de la historiografía en Cataluña. “Desde 1981 soy catedrático en la Universidad y no he visto progresión, todo lo contrario. Solo veo más nacionalismo entre mis compañeros“, ha indicado el historiador.

Y ha añadido: “Con ser grave el problema, estoy deprimido y preocupado de la tremenda ignorancia más allá del poso ideológico. Hay una tremenda ignorancia en la escuela. Mis alumnos, incluso los más ideologizados, lo ignoran todo. No es que no sepan la historia de España es que no saben nada de la historia de Cataluña. De Companys, por ejemplo, solo saben los tópicos más simplones. El problema es que hay una ignorancia supina. A partir de aquí, hay que abordar la manipulación histórica. La instrumentalización política es obvia porque partimos de un desierto”.

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