Moratinos fulminó al cónsul que denunció el


Moratinos fulminó al cónsul que denunció el “racismo” de dos funcionarios de UGT
26 NOV 2011 | A. Lardiés y L. Rivas. Madrid.
Álvarez-Gortari informó a Exteriores de las “humillaciones” en Argelia. Tras ser cesado, la Prensa local reveló la xenofobia "de ciertos agentes consulares españoles”.
“El desprecio, la arrogancia y el racismo sin velo. El consulado de España en Orán se lleva la palma”. La cita se encuadra en un análisis de Kharroubi Habib intitulado Cancillerías y consulados que pisotean la dignidad de los argelinos y publicado en el diario Le Quotidien d’Oran el 3 de marzo de 2010.
Juan Ignacio Álvarez-Gortari, cónsul general en la ciudad argelina, había informado al ministerio de Asuntos Exteriores con ingente antelación al editorial de las “agresiones morales” y “humillaciones verbales” que la “jefa del negociado de visados” dispensaba a los lugareños, y por las que había “recibido numerosas quejas, recursos, escritos de abogados que acabaron convirtiéndose en un clamor... [sobre] una forma de trabajar lesiva... que provoca que ciudadanos argelinos responsables y de solvencia económica me aborden en la calle”, e, incluso, que dicho trato “había sido denunciado por empresarios españoles”.
Asimismo, “muchas de las [quejas] obran en poder de esa Superioridad, dándose el caso de que uno de dichos empresarios presentó una protesta airada, personalmente, a los inspectores de esos servicios centrales que vinieron a Orán” meses antes.
Álvarez-Gortari remitió su informe de denuncia por correo electrónico a la subsecretaria María Jesús Figa a fecha de 10 de junio de 2009, con el objetivo de que “el nombre de nuestra oficina consular en la zona no continúe degradándose”. Los dos funcionarios españoles señalados por el cónsul eran, señala, empleados sindicales, y por ello concluía que “es inútil esforzarse por conseguir un servicio público de calidad mientras la UGT siga copando y manipulando el servicio exterior, siendo los diplomáticos sus rehenes”.
En una misiva dirigida a sus compañeros de carrera y ministerio y a la que ha tenido acceso LA GACETA, Álvarez-Gortari aduce que dicha denuncia “provocó mi destitución por el ministro Moratinos, al negarme yo a ‘ponerme orejeras y dejar hacer’”.
El diplomático ya se había enfrentado al poder del ministro con motivo de su descubrimiento de “falsificación de nacionalidades” por parte “del antiguo cónsul y del canciller, de consuno”, en la ciudad argentina de Rosario. Tras sufrir la anulación de una comisión de servicio en París que el propio Moratinos le había autorizado y ser degradado de nivel 30 a 28 “sin explicación”, Álvarez-Gortari se trasladó a Orán. Como respuesta a las represalias -el ministro le había felicitado de su puño y letra antes de sus denuncias-, el diplomático ganó dos recursos judiciales.
Sin embargo, en esta ocasión “no pude defenderme acudiendo de nuevo a los Tribunales, como era mi deseo, porque no se me expedientó como hubiera sido lo lógico en el caso de que mi comportamiento hubiera resultado incorrecto; sólo se me cesó. Y como nuestros nombramientos y nuestros ceses son de libre designación de la superioridad, la Justicia nunca entra a considerar el fondo del asunto”.
Meses después del cese, el periódico Le Quotidien d’Oran prendía el escándalo. “De España, los argelinos y los ciudadanos de Orán en particular tienen derecho a esperar lo mejor... Es todo lo contrario que parecen cultivar en su ciudadela ciertos agentes consulares españoles en Orán... Se manifiesta en la cara más ultrajante para nuestros conciudadanos”, escribe Habib.