El ‘caso Palau’ vuelve a escena por un informe policial que vincula a la entidad con la financiación de CDC. Tres años después, el fiscal pide 10 años de cárcel para Millet.


Diez años y dos meses de prisión. Esta es la pena que el fiscal ha pedido para el ex presidente del Palau de la Música, Fèlix Millet, y para su mano derecha, Jordi Montull. Tras casi tres años de investigación, se les imputan delitos de apropiación indebida, tráfico de influencias, falsedad documental y prevaricación en el caso del hotel de lujo que quisieron construir junto al edificio de la institución musical.

El Palau de la Música Catalana, histórico edificio modernista del arquitecto Domènech i Montaner, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ha albergado inolvidables veladas de gran música, pero también grandes escándalos. Familias influyentes, partidos políticos y muchos intereses han quedado salpicados por un expolio que se ha querido presentar como un robo cuyo único responsable ha sido un ladrón llamado Millet. La realidad, sin embargo, parece empeñada en demostrar que se trata del desmantelamiento del complejo sistema de intereses de la burguesía catalana nacionalista, alimentado por un sistema corrupto de falsas donaciones, falsas obras y falsos mecenazgos en nombre de Cataluña.

El portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, desafiaba hace 15 días a quien fuese capaz de aportar pruebas sobre la financiación irregular de Convergència a través del Palau. Dicho desafío les saltó a la cara cuando a finales de la semana pasada el testimonio de un empleado de Mail Rent, imprenta proveedora del Palau, reconoció ante el juez haber pagado setecientos mil euros a Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). ¿La reacción de los medios en Cataluña? Silencio.

Para la llamada Cataluña oficial era sólo un desfalco personal de Millet, quien, por ejemplo, cargó al Palau los trescientos mil euros que costó la boda de su hija; cobrando, además, al padre del novio su pretendida parte. En plena investigación de la Fiscalía, un anónimo dirigido al juez informó de que Félix Millet y Jordi Montull pagaban, con dinero de la fundación del Palau, pisos donde tenían lugar encuentros sexuales. El anónimo llega a acusar a Millet de acosar a algunas empleadas del Palau, de las que incluso da nombres. El sumario incluye una larga lista de gastos privados que los dos cerebros de la trama financiaban con ingresos del Palau: cajas de preservativos, pisos para sus encuentros sexuales en la calle Verdaguer i Callís, viajes de placer, rehabilitación de sus respectivas casas y segundas residencias, embarcaciones y un largo etcétera.

Artur Mas, por ejemplo era conseller en Cap de la Generalitat cuando Millet consigue recalificar unos terrenos de su propiedad en l’Ámetlla del Vallés, donde pudo construir 55 viviendas. Previamente, el presidente del Palau había donado –con dinero del Palau– noventa mil euros para amueblar la biblioteca del ayuntamiento del municipio barcelonés.

Otro caso es el de las generosas donaciones de Ferrovial, con importantes negocios en las concesiones en Cataluña: recogida de basuras, limpieza, infraestructuras.., etc. Los supuestos donativos de la promotora encubrían pagos de comisiones por adjudicación de obra pública en Cataluña cuando gobernaba CiU. Es Ferrovial quien, presuntamente, entrega a Millet casi seis millones de euros. ¿Para la Fundación del Palau? No todo. Una comisión del 1,5% para Millet y un 2,5% a gestores de Convergència, lo que llamó poderosamente la atención del juez en relación a la posible financiación irregular del partido nacionalista.

Capítulo aparte es el de FAES y la relación con Aznar, que arranca con la concertación de una cena entre Aznar y Millet en 1996. Desde entonces Millet adula a Aznar con regalos y cenas en Menorca para contribuir a normalizar las relaciones del PP en Cataluña. Pero hubo un peaje: dos mil millones de pesetas del Ministerio de Cultura para la fundación privada del Palau. Al poco, ante las críticas nacionalistas, Millet se desvincula de FAES y de los patronos que auspiciaban esta relación: Enrique Lacalle, Jorge Fernández Díaz y Josep Piqué. Millet tenía ya el dinero y Aznar había picado, deslumbrado por la oferta que vendía Josep Piqué de comprar un disfraz de “catalanista” y que lastró los resultados electorales de los populares en Cataluña.

Los socialistas catalanes, por su parte, tienen una larga historia con el Palau. José Montilla, dijo “no saber nada” de las anomalías, pese a los testimonios de informes directos a la Generalitat. La mayor de sus operaciones consistió en cambiar el proyecto de una plaza por el proyecto de un hotel, auspiciado por Montilla, pero que arranca con Maragall como alcalde de Barcelona y Ramón García-Bragado como secretario general de la Generalitat. Hoy, el asunto del hotel es una pieza judicial separada.

La mayor evidencia es que a prácticamente nadie le interesa hablar hoy del caso Palau en Cataluña, porque casi todos salen en la foto. Una foto de familia que en Cataluña une a convergentes, negocios de socialistas en el ayuntamiento y la vieja guardia del PP. La Cataluña de las familias de siempre.

La Fiscalía reflota el mayor caso de corrupción de la Cataluña nacionalista | Intereconomía | 794145