La intervención recupera ocho escenas dedicadas a la Mare de Déu y una barroca decoración de las paredes de la estancia
La restauración de las pinturas y la cúpula elimina una gruesa capa de suciedad que oscurecía la capilla

Descubrir la belleza de una capilla de finales del siglo XVII no es algo que ocurra todos los días, pero lo más extraordinario es cuando ha estado a la vista de todos. Eso es lo que ha pasado con la restauración de las pinturas murales del camarín de la Basílica de la Virgen, cubiertas por una gruesa capa de hollín, grasa y restos de las velas que han ardido en honor a la Mare de Déu los últimos 320 años.

El equipo dirigido por la restauradora Carmen Pérez ha terminado ya el trabajo en la cúpula del camarín y el resultado ha sido espectacular. El proyecto está financiado por la Fundación Hortensia Herrero y con un presupuesto de 260.000 euros se incluye la mejora integral de la imagen mariana, así como toda la orfebrería del conjunto.

A partir de marzo, los fieles podrán admirar las pinturas, que forman parte de una letanía mariana, un 'hortus conclusus' dedicado a la Mare de Déu y formado por ocho escenas, como desgranó ayer la especialista a LAS PROVINCIAS. Una fuente, un sol, un castillo, una azucena, una luna, un espejo, unas rosas y un bosque se reparten en la parte superior de la estancia de la Basílica de la Virgen.

La polución databa de siglos, precisó Pérez, y la solución ha pasado por emplear la técnica más sencilla: goma de borrar para todas aquellas zonas donde había suciedad.

En las zonas donde hay ausencia de pintura debido a intervenciones desafortunadas o el mero paso del tiempo, la técnica ha sido el rigatino, el rayado con varios colores para «no falsear la historia», indicó.

Y si llama la atención la diferencia de luz y color de las escenas tras la rehabilitación, todavía es más sorprendente la eliminación del color marrón chocolate de las intersecciones, las bandas que separan las pinturas y donde ahora se ven unos dorados de gran calidad.

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