La calidad de la educación pública en las comunidades autónomas que cuentan con más de una lengua vehicular y cuya identidad ha sido y es constantemente discutida, se ha convertido en un hándicap para sus alumnos, que luchan para lograr sus aspiraciones formativas y de progreso a pesar y en contra de la doctrina clientelar nacionalista, que ha convertido las aulas en el “ring” de boxeo, y al estudiante en su sparring y ratón de laboratorio.

Si analizamos por qué ocurre esto, vemos como en la comunidad valenciana se ha asentado un modelo clientelar y extractivo a gran escala fomentado por nacionalismo, tras lograr “el chocolate del loro”: la educación pública. Recogida como baluarte educativo no por sufrir de la indefensión estatal, no por estoica generosidad, sino por ser la única modalidad educativa que permite la entrada absoluta del manejo político, y por tanto, la única con la que se puede comerciar con la total impunidad sellada desde el gobierno central.

La educación pública, concertada y privada se defiende y dignifica limpiándola de doctrina ideológica y devolviéndola a la ciudadanía para que esta decida en libertad dónde y cómo formarse. Por descontado que, en el caso valenciano, ha de preservarse de la indignidad del sindicalismo y los lobbys pancatalanistas ramificados desde el partido político “Compromís”. Les pido que no olviden que la educación valenciana fue cedida por el PSPV empleándola como carnaza para amansar a “la fiera”. Un precio demasiado caro que no paga el señor Chimo Puig, sino las familias valencianas que destinan casi 9000 € al año de gasto público por alumno, y de forma adelantada vía impuestos. Así que la educación pública sólo es gratuita para el político que se sirve de ella para pagar favores. Les pido que no lo olviden.

El caso más paradigmático de la venta de la educación pública valenciana al nacionalismo catalán, es el del sindicato pancatalanista STEPV del que viene y al que sirve el actual consejero de educación Vicent Marzá.


STEPV se ha convertido en el sindicato mayoritario en el conjunto de la enseñanza pública valenciana con casi 200 delegados. En la pública no universitaria ha obtenido más de 100 de ellos, mientras que en las universidades ha obtenido 60 delegados y en ambos casos, STEPV ha sido el único sindicato que ha crecido en representación.

En la actualidad y tras hacerse Compromís con la educación pública, se anuncian más de un centenar de denuncias de profesores que por no pertenecer a la STEPV, ven como el actual consejero de educación se salta la bolsa de trabajo tras haber aprobado estos de forma legítima unas oposiciones. Si este despropósito se permite, la actual consigna proveniente del actual gobierno, es la de elegir a dedo al profesorado público valenciano que lobotomiza la educación pública para avanzar en el adoctrinamiento hacia el objetivo ulterior de los “països catalans”, marcado de forma abierta por este sindicato.

Su modalidad sindical estudiantil es el BEA, controlado al igual que la STEPV por el partido político independentista “Compromís”, y entre sus hazañas está la de dedicar las horas que según ellos han logrado salvar de los salvajes recortes, para descolgar esteladas de enormes dimensiones de facultades como la de filología.

Desde los partidos políticos de todo corte, deberían deshacerse del mantra político de todo slogan de campaña que soslaya deliberadamente que la educación pública no es gratuita, y apelar a la responsabilidad de su alto precio protegiéndola mediante la exigencia de su buen uso. Nosotros como ciudadanos, debemos entender qué entregamos, a quién, qué nos jugamos y que de ninguna manera la educación de nuestros hijos forma parte de una suerte de favores. Les pido que no lo olviden.

La supremacía nacionalista catalana compra la educación pública valenciana - Valéncia Oberta