Populares, Cs y Vox pugnan por un sector del electorado del regionalismo valenciano en la capital de la comunidad

En el Partido Popular, en Ciudadanos y en Vox existe la convicción de que el votante anticatalanista puede ser determinante para definir cuál de estas tres fuerzas políticas va a condicionar el futuro gobierno del Ayuntamiento de València en el caso de que el bloque de izquierdas pierda la mayoría absoluta. No se trata, como apuntan desde el PP y reconocen desde Ciudadanos, de una cuestión cuantitativa, sino de “la capacidad de movilización de este votante” para decantar los espacios en favor de una u otra de las fuerzas de la derecha en liza.

El mercado regionalista, muy fragmentado entre sectores moderados y otros más radicales, va a movilizarse de manera contundente en las próximas elecciones locales, movido por la crisis catalana y condicionando, además, el relato de las fuerzas conservadoras que aspiran a derrotar a Compromís, el PSPV y Podem en el 2019.


El PP teme que la movilización del votante ‘blavero’ acabe beneficiando a Vox en sufragios y concejales

En el PP se asume que si no se articula un relato potente en la ciudad hacia ese sector, gran parte del blaverismo (denominación clásica de este sector) puede marcharse del partido e integrarse en Vox. “El anticatalanismo va a subrayar mucho su carácter españolista en estas elecciones; no creemos que Ciudadanos tenga en ese terreno muchas opciones pero Vox, sí”, señalan. A pesar de ello, el líder de Cs en València, Fernando Giner, busca también a este votante. Para ello, por ejemplo, dedica gran parte de sus intervenciones en los plenos municipales a atacar el “catalanismo” del alcalde Joan Ribó, de Compromís.


En el PP se teme que esta posible fragmentación del voto conservador y la fuga de votantes anticatalanistas hacia Vox consiga que Cs logre más concejales que los populares en la capital, en el 2019.

Dentro del valencianismo regionalista y anticatalanista existen muchas sensibilidades. Desde los sectores más moderados cercanos a la institución cultural Lo Rat Penat, a los más radicales del Grup de Acció Valencianista, GAV, y desde líderes moderados como Jaume Hurtado, del partido Som Valencians, a más duros, como Juan García Sentandreu, que aspira a liderar Vox en la ciudad de València. “Si Sentandreu lidera Vox, se llevara casi todo el voto anticatalanista y españolista radical”, afirman en el PP. Si algo une a todas estos colectivos, asociaciones y partidos es la convicción de que Compromís, el partido que ha sustituido al PP en la corporación municipal, debe ser derrotado por ser “representante del catalanismo en València”, en palabras de Fernando Giner, y que el PSPV y Podem son “cómplices” de esa fuerza nacionalista. Un argumento que esgrime reiteradamente la líder del PP valenciana, Isabel Bonig.


Diversos grupos anticatalanistas increparon al alcalde de Valencia a su paso por la procesión del 9 d'Octubre (LVD)
El profesor y periodista Francesc Viadel, autor del libro No mos fareu catalans, advierte que el anticatalanismo “es transversal” y que logra incluso condicionar el relato del ejecutivo de izquierdas valenciano. “El blaverismo ha sido siempre la versión local del nacionalismo español más reaccionario”, añade.

En el PP señalan además que va a ser fundamental el líder o la líder que ocupe el primer puesto en la candidatura, decisión que la dirección nacional del partido adoptará en breve. “El sector regionalista no perdona que el PP aprobara la creación de la Academia Valenciana de la Llengua y lo consideran una traición, por lo que el candidato debe renegar de esa academia”. Se refieren a la entidad que creó Eduardo Zaplana a finales de los 90 para pacificar el conflicto lingüístico y que reconoce la unidad de la lengua que hablan catalanes y valencianos.

Tras casi tres décadas integrado en el PP valenciano –y en cierta manera bajo su control–, el voto blavero puede tener ahora voz propia, pues hay más opciones a la derecha que antaño; activado, además, por el escenario político español y la crisis de Catalunya. La izquierda reconoce este riesgo, consciente de que la aparición de Vox va a aumentar la radicalización de un sector que combina una ideología regionalista con un fuerte sentimiento español. La campaña electoral se espera, en consecuencia, muy convulsa en la ciudad de València.


La evolución política del ‘blaverismo’

El votante blavero –denominación que se acuñó en los años setenta por defender la senyera valenciana con franja azul al contrario que los catalanistas– se concentró en los años ochenta en torno a la Unión Valenciana (UV), que lideró Vicente González Lizondo, y que a punto estuvo de alcanzar la alcaldía de València en 1991. En aquellas elecciones municipales, UV obtuvo 80.500 votos, frente a los 95.238 del PP, lo que permitió a Rita Barberá iniciar su largo periodo como alcaldesa. En 1995, UV obtuvo 166.000 votos en las autonómicas , y sus cinco diputados fueron necesarios para que Eduardo Zaplana alcanzara la presidencia de la Generalitat. Pero el líder del PP valenciano inició una exitosa estrategia para ir integrando al regionalismo radical en el PP, hasta diluir UV, que con los años llegó a ser marginal y desaparecer. Pero estos sectores, como se ve cada Nou d’Octubre, día de la Comunidad, siguen activos y su capacidad de influir ha sido mucho mayor que su presencia cuantitativa.

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