MATICES DE LA REFORMA DEL ESTATUTO VALENCIANO
by Hilario Salom



Un texto legal como un estatuto de autonomÃ*a, en el régimen de democracia liberal imperante, ha de ser fruto necesariamente de un consenso entre las fuerzas polÃ*ticas que han obtenido representación parlamentaria. SerÃ*a inútil buscar en él una estructura congruente con un sistema ideológico definido: normalmente hay concesiones en el léxico, en los valores que no traspasen la “corrección polÃ*tica” establecida en el marco constitucional, en la estudiada ambigüedad que pueda dar lugar a tantas interpretaciones como convenga a la heterogeneidad de sus inspiradores…

En la proposición de ley orgánica de reforma del Estatuto de AutonomÃ*a de la Comunidad Valenciana se dan esas caracterÃ*sticas: referencias a la moda de las “nacionalidades históricas”, al parecer buscando las raÃ*ces más allá de la experiencias autonomistas de la II República, en la etapa de vigencia de la foralidad, de la que sobreviven restos jurÃ*dicos y alegando perfiles diferenciadores en personalidad, lengua y cultura.

Recogiendo tal vez la sugerencia de la Academia Valenciana de la Lengua, el proyecto reconoce que el pueblo valenciano se ha organizado históricamente como “Reino de Valencia”, pero los redactores no se atreven a mantener tal denominación para la moderna estructura polÃ*tica: se quedan en la tibieza equidistante de “Comunidad Valenciana”. Al menos la mención de “PaÃ*s Valenciano” queda relegada a la exposición de motivos, como vinculada a una “concepción moderna”, exponente oficioso de una entelequia llamada “PaÃ*ses Catalanes” que como futurible polÃ*tico cuenta, dentro de nuestras lindes, con pocos pero entusiastas seguidores y en cuyo horizonte algunos sitúan la secesión de la unidad española y la anexión a una nueva patria catalana, con el supuesto “Principado” como metrópoli del “PaÃ*s” y las “Islas”.

El nuevo artÃ*culo sexto proclama como aparente obviedad que la lengua propia de la Comunidad Valenciana es el valenciano y lo proclama idioma oficial de la Comunidad. Esa concesión al nacionalismo y a la mala conciencia de los partidos mayoritarios olvida que una significativa parte del mapa valenciano la componen comarcas y municipios de habla originaria y exclusiva castellana. Recordemos que Joan Fuster, el profeta oráculo de los pancatalanistas locales, auspiciaba para estos territorios la remodelación de sus confines administrativos de modo que pasaran a formar parte de las regiones limÃ*trofes con las que comparten lengua y cultura, en aras de la homogenización del resto del “PaÃ*s”, incluido en el “dominio lingüÃ*stico catalán”. La evidencia del carácter dominante de la lengua de Cervantes en zonas urbanas teóricamente valencianohablantes podrá gustar o no gustar, pero ahÃ* está el hecho sociolingüÃ*stico irrebatible.

Añadamos que en el art. 6.2 se señala que todos tendrán derecho a conocer y usar el valenciano y el castellano, pero se señala sólo el derecho a recibir la enseñanza del y en valenciano. A la vista de lo que acontece en Cataluña, preparemos nuestras barbas…

A pesar de que al castellano –en ningún caso llamado español en el documento- se le reconoce carácter oficial por ser el idioma oficial del Estado, queda en el pasivo del texto concertado la mencionada omisión de la lengua castellana como propia del ente autonómico. Sabemos de una iniciativa popular tendente a corregir este desatino. Pero también nos consta que las burocracias dirigentes del P.P. y del P.S.O.E. valencianos han tomado postura firme en este punto. Y alcalde que se mueva en contra ve peligrar su continuidad en las próximas listas electorales.

En el mismo artÃ*culo sexto hay un último punto fruto igualmente del consenso partitocrático: La Academia Valenciana de la Lengua es la institución normativa del idioma valenciano. Es el contrapunto a la invocación a la singularidad de la lengua que fundamenta la “nacionalidad histórica” y que es la única lengua propia. Como la Academia ha decidido –con otras, pero parecidas palabras- que el contenido de dicha lengua es el mismo de la que los Tribunales autorizan a las universidades a llamar cientÃ*ficamente catalán y que se habla en el famoso dominio lingüÃ*stico, ¿qué sentido tiene a la hora de la verdad ese empeño en proclamar que el valenciano es la lengua de la Comunidad? Por supuesto que podemos buscar en vano en la constitución española y en los estatutos de las comunidades con lengua propia la mención a las instituciones normativas de la lengua. Por este camino, vemos las faltas de ortografÃ*a convertidas en delito. ¡Pobres sainetistas y pobres fallas! Y desgraciado de quien opte por unas normas diferentes tenidas por secesionistas….

Otra concesión al nacionalismo es la fijación obligatoria de la nomenclatura en valenciano de las instituciones oficiales valencianas, prohibiendo tácitamente su traducción al castellano o a otros idiomas, añadiéndose asÃ* más barbarismos y mal gusto a la literatura administrativa: A la cárcel quien hable de Las Cortes Valencianas o de la ConsejerÃ*a de Sanidad… Celos de “el Parlament” o “el Estatut” de nuestros vecinos del Norte…

¿Qué decir de la llamada “cláusula Camps”? De problemática legalidad aunque de aceptable intención, pretende dejar abierta la reforma del Estatuto valenciano para incorporar al mismo cualquier “avance” que se dé en el estatuto de otra región española. O cae en el trámite parlamentario o puede dar lugar a situaciones pintorescas o alterar los ánimos alentando mimetismos estériles.

Aplausos para el loable propósito de recuperar los Fueros del Reino de Valencia. Lástima que los Fueros sin el espÃ*ritu de la sociedad que los necesitaba y de la MonarquÃ*a que los respetaba sean pura arqueologÃ*a legal y que los tiempos ya en 1707 los habÃ*a convertido en parcialmente obsoletos. Armonizarlos con la Constitución del 78 será otro encaje de bolillos que requerirá maestrÃ*a hasta ahora no demostrada en nuestros legisladores.

Hilario Salom