Mi├ęrcoles, 22 de febrero de 2006 Actualizado a las 00:45

EL AGORA
La pretendida catalanofobia

ANTONIO ALEMANY DEZCALLAR






Desde el punto de vista pol├*tico-medi├ítico, el santo advenimiento socialista de la mano del 11-M nos ha tra├*do dos grandes novedades, hist├│ricamente conocidas y ensayadas con nefastos resultados, pero in├ęditas para las generaciones que no conocimos la II Rep├║blica y el desenlace incivil de la guerra: el intento de expulsar del sistema, aisl├índolo y sataniz├índolo, al centro-derecha y con el centro-derecha la mejor y ├║nica tradici├│n liberal espa├▒ola y el planteamiento de la vertebraci├│n del pa├*s en t├ęrminos exclusivamente f├│bicos, atribuidos sistem├íticamente a los que defienden una concepci├│n unitaria, liberal y plural de la Naci├│n y del Estado. De lo primero, hablaremos otro d├*a. La catalanofobia -reiterada hasta el aburrimiento por parte de los nacionalistas catalanes y adl├íteres coyunturales socialistas- trat├ęmosla ahora.

Tener fobia en contra de alguien implica una patolog├*a obsesiva en contra de este alguien. Personalmente, no creo que los espa├▒oles tengan fobia contra algunos de sus compatriotas que m├ís bien les traen al fresco, naturalmente siempre y cuando no se dediquen a perturbar directa o indirectamente su ol├*mpica indiferencia o sus derechos y libertades. Tampoco creo en los caracteres nacionales y regionales al uso para definir a sociedades complejas, plurales y variopintas: hay catalanes imb├ęciles, maleducados, malas personas, inteligentes, encantadores y bondadosos. Por esto me resultan grotescas la sin├ęcdoques rid├*culas de un Maragall o un Pujol o un Carod cuando afirman que Catalu├▒a opina, Catalu├▒a piensa, Catalu├▒a dice... Catalu├▒a no dice nada, lo dicen ustedes que se apropian del todo, lo uniforman y lo reducen a la unidad de sus pobres personajillos en una est├║pida y oficiosa apropiaci├│n tan indebida como fraudulenta.

El resultado de esta apropiaci├│n de Catalu├▒a por su clase pol├*tica nacionalista ha tra├*do algunas consecuencias y ha generado reacciones -tan l├│gicas como inevitables- en el resto de los espa├▒oles. Entonces, nos acusan de catalanofobia, tras haberla provocado irresponsablemente. Conviene que todos estos nacionalistas tan enfermizamente obsesionados por la opini├│n que tienen el resto de los espa├▒oles sobre Catalu├▒a y los catalanes se miren en su propio espejo y asuman sus propias responsabilidades.

Los bombardeos a├ęreos sobre objetivos civiles mallorquines preparatorios del desembarco del Capit├ín Bayo proced├*an de la Generalitat, no del Gobierno de la Rep├║blica. Bayo ven├*a a conquistar Mallorca en nombre de Catalu├▒a, no en nombre de la Rep├║blica espa├▒ola. La Universidad Balear fue un largo y costoso proceso por la oposici├│n feroz de la Universidad catalana. Las Olimpiadas de Barcelona fueron financiadas generosamente con el dinero de todos los espa├▒oles que las apoyaron y de las que se sintieron noblemente orgullosos: cuando le tocaba el turno a Madrid, el nacionalismo catal├ín se opuso, algo que jam├ís hubiera hecho nunca ning├║n espa├▒ol de bien. Baleares solicit├│ que alguna prueba ol├*mpica de vela tuviera lugar en sus campos de regatas: Barcelona nos neg├│ esta posibilidad, mientras Madrid nos la ofrec├*a. Barcelona ha intentado que no concedieran la Copa de Am├ęrica a Valencia, de la misma forma que est├í intentando retrasar el AVE Madrid-Valencia para neutralizar la prosperidad y dinamismo valencianos. Carod propone a los asesinos de ETA que no maten en Catalu├▒a, miserable translaci├│n del m├ís miserable esp├*ritu botiguer insolidario y repugnante: ning├║n espa├▒ol hubiera hecho jam├ís esto con Catalu├▒a. El proyecto de Estatuto catal├ín ha oficializado de forma clara y sin complejos la voluntad de ruptura de la igualdad entre espa├▒oles, la voluntad de un trato privilegiado con el Estado, la negaci├│n de la soberan├*a residenciada en el pueblo espa├▒ol y, una vez m├ís y como Carod con ETA, el ande yo caliente y a los dem├ís que les zurzan.

Ni Catalu├▒a ni los catalanes han sido ni son as├*, pero as├* nos los presentan sus pol├*ticos y el entramado nacionalista que ahoga la sociedad anta├▒o m├ís libre y moderna de Espa├▒a y, hoy, la m├ís aherrojada y provinciana. Ellos ver├ín lo que hacen.