Ahora, Diada catalana con sobrasada

ROMÁN PIÑA HOMS
Ya lo saben ustedes. Hasta hoy teníamos pan con sobrasada y, si queríamos ser más sofisticados, sobrasada frita con azúcar o con miel, por aquello de los contrastes. Pero de ahora en adelante tendremos -tendrán los catalanes- pan de su Diada, adornado con las cuatro barras, que podrían haber sido teñidas de rojo con tumacat -habría sido lo suyo- pero que han decidido hacerlo con sobrasada. No sabemos si catalana o mallorquina. Pero no tiene importancia, puesto que para los organizadores del evento, su sobrasada, aunque no sea de sus cerdos autóctonos, en el peor de los casos siempre será de los cerdos mallorquines, o sea «catalana de Mallorca».
Cuando me lo contaron no me lo creía. Tuve que asegurarme leyendo la noticia y viendo las fotos publicadas. ¿Y ahora qué? ¿Habrá reivindicación mallorquinista, dado que se apropian de nuestras denominaciones de origen y nos dejan sin factores identitarios? Den por seguro de que nada de esto sucederá. A mí, por otra parte, les adelanto que la noticia me ha divertido. Acredita el buen hacer de los panaderos catalanes, siempre en busca de la renovación y la oportunidad para acrecentar ventas. Si han de reinventar el pan con sobrasada, pues lo hacen. Saben hacer patria, y además fan calaix, máxime si gracias a las cuatro barras y a la Diada les cae alguna subvención.

Lo que sí me preocupa, a pesar de no ser nacionalista, es la falta de fuelle de nuestra Diada. Aquí, ni con pan con sobrasada, ni con subvenciones. Lo nuestro jamás aguanta más de una bofetada. De ahí que el transcurrir del pasado día 12 resultase absolutamente anodino. Ni tan siquiera sus inventores hicieron un mínimo esfuerzo por aguantar el tipo. ¿Dónde están aquel par de miles de banderas que se enarbolaron el pasado año? La reivindicación uemita se ha derrumbado como un castillo de naipes, y quienes realmente hoy mandan en el Consell de Mallorca tienen bien claro que de mallorquinismo político y de la bandera del castellet nada de nada. Si UM, además de garantizar la supervivencia de Maria Antònia Munar, se hubiese asegurado algunos presupuestos esenciales de sus principios ideológicos, la cosa habría podido ser distinta. Como la actual presidenta del Consell, Francina Armengol, no podía de la noche a la mañana terminar con el glamour munariano de años pasados, nos entretuvo con canciones, bandas de música y gigantes. Incluso hubo fiesta para el pequeño aforo del Principal, con discurso político incluido, recordando las excelencias del federalismo del antiguo Reino de Mallorca y supongo que de la Corona de Aragón y de la España de los Austrias, entelequias que no se mantienen en pie ni para la historia ni para el Derecho, puesto que en pleno siglo XIII e inmediatos, lo único que existía en Europa eran monarquías simples o compuestas, y alguna ciudad-república como las italianas o hanseáticas. Reconozcamos que la culpa de estas ensoñaciones políticas no la tiene Francina, creo que farmacéutica de profesión, sino sus brillantes asesores, que sabedores de que cuanto digo es cierto, piensan que con la historia, como con la política, puede hacerse cualquier enjuague mientras sirva a nuestras coyunturales conveniencias.

¿Se imaginan a Francina, recordando lo realmente cierto del 12 de septiembre, después de acudir a la Catedral para subirle un ramo a Jaume II en su tumba? Esto pudo hacerlo un Jeroni Albertí tras inventar UM con los ingredientes de un moderado partido nacionalista, capaz de mantener equidistancias del centralismo de la España liberal, tanto como del anexionismo de los Països Catalans. Pero pedir cosas así al PSIB y a sus coaligados, es de auténticos ilusos. Porque hablemos en serio y sin complejos: recordar el 12 de septiembre, es recordar que Jaume II recibió y juró las libertades de una Mallorca independiente, heredada de su padre, pero que debido a las presiones de su hermano Pere el Gran, no es que se federase a la Corona de Aragón, es que fue humillada por un inicuo pacto feudal, que terminaría con la invasión de la isla por las despiadadas tropas mercenarias del aragonés. Además, como Francina hubiese recordado algo así en el Principal, ante el magma político dominante, aupado por los comparsas de Carot, les aseguro que por muchos pantalones que llevase y por muchos lanceros que la acompañaran, terminaba colgando del cubo verde de los refrigeradores del teatro.

En cualquier caso está visto. Nuestros vecinos catalanes, mucho más hábiles y amantes de lo suyo que nosotros, son capaces de apropiarse no sólo de nuestras camisas, sino de nuestra sobrasada, que importa mucho más. Y esto hoy, cuando aún no nos han federado. Imaginen después. Los llucmajorers ya pueden desmantelar su monumento a aquel Jaume III vencido y decapitado por las huestes catalanas de Pere del Punyalet. No es que la batallita fuese un invento, pero dinamitado el mallorquinismo político tras el cambio de cromos con UM, tal batallita resulta incómoda; lo que dirán «fomentadora de odios entre hermanos».

Imagino hoy a los padres de nuestro mallorquinismo. Muchos se fueron, como aquel Josep Melià de La Nació dels mallorquins, o aquel Guillem Forteza de Pel resorgiment polític de Mallorca. En gloria estén. Pero otros permanecen. Pienso en uno de ellos, vivo, pero más calladito que un muerto. Recuerdo sus lagrimones, cuando siendo lider de UCD y futuro ideólogo de UM, llenó la plaza de Cort de balladors de ball de bot con los que electrizar a la ciudadanía, celebrando, allá por la Transición, la efemérides del 25 de octubre, el día de la batalla de Llucmajor, el día de los Reyes de Mallorca. ¡Pobres diadas, con valedores de tamaño calibre!

Lo cierto es que, con o sin Estatuto de autonomía, nos hemos cargado las modalidades lingüísticas de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera; renunciado a los papeles mallorquines del Archivo barcelonés de la Corona de Aragón; contemplado sin inmutarnos como se rehace nuestra historia; descubierto la sobrasada, junto al salchichón de Vich y la butifarra de Moyà, como la mejor gastronomía porcina del Principat. Pero tranquilos, a cambio, nuestras calles y plazas se inundarán de cuatribarradas con estrellas. Tendremos castellers y aplecs. Conservaremos els gegants, e incluso nos sobrarán nans o caparrots. Tenemos muchos.

El mundo-El dia Baleares
http://www.elmundo-eldia.com/2007/09...189980005.html