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Tema: recopilacion de pequeños relatos historicos

  1. #1
    General de lo Regne Avatar de paco1983
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    recopilacion de pequeños relatos historicos

    Aprovecho para abrir una seccion donde voy a colgar textos de relatos historicos,estos textos NO son mios,la mayoria de estos textos son de un usuario de esta web que posteaba estos relatos en otra web,los ire colgando poco a poco y espero que los disfruteis tanto como yo.
    Aqui va el primero que nos cuenta un poco por encima la historia del fuego griego,para los que no sepan que es el fuego griego,decirles que es un fuego que se consigue mezclando ciertos componentes y que forma un fuego 'especial',ya que si a las llamas de este fuego le echamos agua para apagarlas,el efecto que se consigue,es el contrario,asi que como podeis imaginar,no era buena idea intentar apagar con agua los incendios ocasionados con este tipo de fuego .
    Bueno ahora si,os dejo con el relato.Copio y pego del original por si lo ve el autor que no le siente mal.

    EL FUEGO GRIEGO:EL PRIMER SECRETO DE LA HISTORIA

    Se cree que fue Kalinikos, un alquimista originario de Halab (aleppo) quien escapando del avance del Islam llego a Constantinopla alrededor del 678 DC y ofrecio sus conocimientos al emperador de Bizancio.
    En aquellos años, el Jalifa Mu'awiya estaba concluyendo el quinto año de su asedio naval a Bizancio.Los musulmanes no podian penetrar los miticos muros defensivos de la ciudad ni rendirles por hambre ya que no dominaban el acceso maritimo norte (cerrado con enormes cadenas). Era un empate tactico, puesto que los defensores no podian reanudar el lucrativo comercio que hacia de Bizancio la ciudad del cuerno de oro.

    Kalinikos rompio este empate con un artilugio parecido a un cañon del calibre 20mm con un émbolo móvil que arrojaba un fluido en ignición llamado "fuego marino" por los bizantinos, "an-nash rumi" por los arabes y que ha pasado a la historia como "fuego griego"
    Las propiedades de este fuego eran parecidas a las del Napalm, puesto que al igual que el sodio palmitado , podia arder bajo el agua y extenderse sobre la cubierta de los barcos como la brea liquida.

    En el combate naval donde se probo este arma infernal los resultados psicologicos fueron incluso mas permanentes que la aplastante victoria bizantina.
    Cientos de musulmanes se lanzaban al agua cuando su nave era alcanzada por el fuego, y segun contaban los cronistas, aquellos que ya estaban envueltos en llamas se perdian camino de las profundidades alumbrando el fondo en su camino, mientras los marinos bizantinos gritaban "hades est itur" (id asi al infierno)
    En los años siguientes, el diligente kalinikos llego a mejorar en distancia el arma y su diseño se hizo mas complejo, de forma que era montado en una nave especial, donde el compuesto era calentado y presurizado bajo la cubierta, desde donde se bombeaba por marineria especializada con prendas mojadas con tal de conseguir una vestimenta lo mas ignifuga posible.
    En estas condiciones se produjo el siguiente ataque musulman , en el 717 DC.Una escuadra de 45 naves cargadas de arqueros y tropas de asalto entraron en el bosforo con la idea de tomar Constantinopla por asalto aprovechando que el grueso de la flota estaba en Chipre rechazando una invasion arabe. Solo dos naves musulmanas retornaron.

    A causa de la aureola mistica de arma invencible que tomo el fuego griego, su conocimiento fue tratado como un secreto de estado:
    Solo unas pocas personas conocian el arte de fabricar la mixtura volatil, otro reducido grupo conocia la fabricacion del arma impulsora y otro grupo el diseño de las naves especiales que optimizaba su uso.
    Ningun otro salvo el emperador mismo y un consejero conocian todo el proceso, y ninguno de ellos podia abandonar la capital.

    Se podria esperar que Bizancio no sufriria ninguna derrota naval durante la edad media, pero no fue asi, y los ejemplos son numerosos. Una flota enviada a recapturar cartago en el 698 fue destrozada por ligeras galeras frente al cabo Bone. Sicilia 827 y Creta 826 , vio la perdida de unos 50 dromones bizantinos en el intento de evitar la invasion de las islas.
    La batalla de Thasos en 829 finalizo con el abordaje o hundimiento de la totalidad de la flota bizantina enviada.
    ¿que pasaba entonces con el fuego griego?
    La respuesta para estas derrotas era que solamente se destinaban las naves del fuego griego a la defensa de Constantinopla, puesto que se consideraba que , de caer en manos enemigas su fabricacion, los dias del imperio estarian contados.
    El imperio bizantino no eran sus islas, ni sus colonias, ni sus posesiones, el imperio bizantino era su capital, y mientras constantinopla resistiese, los herederos del imperio romano seguirian en pie.

    Espero que os haya entretenido el relato.
    Blas de Lezo
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  2. #2
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    ¿Blas de Lezo no es el presi de Ciudadanos por Valencia en E-republik?

    Un relat molt curos, he fruit molt d'esta lectura
    Gav Gandia

    GAV des de 1977 fent valencianisme y mes forts que mai...

  3. #3
    General de lo Regne Avatar de paco1983
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    Cita Iniciado por Joanot_Martorell
    ¿Blas de Lezo no es el presi de Ciudadanos por Valencia en E-republik?

    Un relat molt curos, he fruit molt d'esta lectura
    Si,ese es su nik,pero no se su nick en valenciafreedom

  4. #4
    General de lo Regne Avatar de paco1983
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    NUMANTIA,EL OCASO DEL LEON CELTIBERO

    Numancia era la capital de los Arévacos.
    Durante las campañas de conquista romana (153 a. C.) sus habitantes lucharon contra Roma,acogiendo en sus murallas a los combatientes de Segueda, perseguidos por el cónsul Nobilior.
    Después de la primera contienda, de resultado equilibrado, se llegó a la paz, quebrantada en el 143 a. C. por los deseos de Roma de acceder sin impedimentos a las zonas auriferas del Duero.Los numantinos apoyaron a Viriato, el unico lider que podia coordinar a las diferentes tribus contra Roma con exito, lo que se comprobo en diversos combates, hasta que fue asesinado.
    Esto supuso un gran shock y la situación cambio , disgregandose la alianza de los pueblos celtíberos, que veían como el ejército romano avanzaba en la peninsula.
    Roma envio a Quinto Cecilio Metelo con 40000 hombres. Pero incluso disgregados, las tribus del interior eran numerosas y conocian mejor el terreno. Fueron derrotados por Titos y Belos.

    Este suceso no echó a Roma para atrás sino que volvió a lanzar su ofensiva,(apurar los recursos al limite, como en las guerras púnicas) y esta vez fue Quinto Pompeyo Aulo, junto con 30000 infantes y 2000 caballos.Intentaron ocupar Numancia sitiandola,pero gracias a un puñado de voluntarios, su caballeria fue reducida a la inoperancia.

    Roma no estaba dispuesta a perder más hombres y esperó hasta encontrar una solución. Roma pretendía desviar el curso del Duero, que protegía el flanco sur de la ciudad. Pero nuevamente, con un golpe de mano, se derribaron las presas realizadas anegando el campamento romano, donde se ahogaron varias cohortes en la noche.

    Roma, ya casi en estado de desesperación, optó por nombrar un nuevo cónsul, que debería acabar con esta situación; el elegido fue Cayo Hostilio Mancino. Preparó una gran ofensiva, pero esta vez Numancia no estaba sola: Vacceos y Cántabros estaban de su lado. En varios combates y emboscadas las legiones de Roma tuvieron que retirarse vencidas, perdiendo miles de hombres y pertrechos.

    El prestigio del pujante imperio Romano estaba en entredicho y sus conquistas en otros puntos de europa , prestas a rebelarse. Se llama a Publio Cornelio Escipión. Este nuevo cónsul, gran planificador de sus batallas y asedios,preparó un ejército de profesionales. Los soldados fueron preparados en todos los campos, la disciplina fue una asignatura que no todos aprobaron, incluso se llegó a la sanción y ejecucion ejemplar en algunos casos, durante la preparación. En su marcha hacia Numancia, eliminó todo campo cultivable e interrumpió el curso de Duero, dando comienzo al cerco de Numancia.

    Escipión estableció siete fuertes alrededor de Numancia. Este cerco consistió principalmente en dos grandes fosos, uno para encerrar a los habitantes de Numancia, y otro para impedir la entrada de ayuda y alimentos;
    Así dependía todo del tiempo que aguantasen allí. Ambos tenian cerca de 15 metros de anchura y contenían estacas en su interior. A parte de los fosos, el ejército romano contaba con 90000 hombres distribuidos por los diversos campamentos, para enfrentarse a 8000 numantinos, entre los que se contaban mujeres y niños.

    Los numantinos crearon pozos, cultivos y demás recursos para poder subsistir el mayor tiempo posible. Su orgullo no les dejaban rendirse, e incluso llegaron a pensar en la victoria cuando tres mensajeros salieron en la noche en busca de ayuda de tribus celtiberas en los cuatro puntos cardinales....que jamas llegaron, pues fueron perseguidos por las patrullas romanas de Escipion.Tan solo uno de ellos escapo, pero herido de muerte, se desangro en la orilla del Duero.
    En unos meses, los víveres empezaron a escasear, y el hambre de la población era difícil calmar. El canibalismo con los muertos se hizo normal. Tras año y medio de asedio,cuando los numantinos eran más figuras cadavericas que hombres, pusieron una noche todas sus pertenencias y paisanos que acababan de morir en una pira. Le prendieron fuego y abrieron las puertas de la ciudad.
    Contrariamente a los relatos de otras salidas de sitiados, los numantinos no gritaron cuando corrian renqueantes contra las lanzas romanas.No podian. Solo se oian el silencio de sus pasos y los jadeos de quien se le escapa la vida por la inanicion.No iban a por la victoria. Tan solo fueron a encontrar la muerte en batalla contra las legiones romanas.

    Años mas tarde, las tribus hispanas serian quien nutririan las legiones del imperio Romano en las luchas en Germania y en sus expediciones al Tigris y el Eufrates bajo el mando de Trajano, pero esa es otra historia , que debe ser contada en otra ocasion.
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  5. #5
    General de lo Regne Avatar de paco1983
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    Batallas y tácticas: Sagrajas (1086)

    ANTECEDENTES:
    En 1086, varios reyes de taifas llaman en su auxilio a los temibles almorávides, quienes desde su capital Marrakech habían extendido un potente imperio que llegaba desde más allá de las ardientes arenas saharauis (Cuencas del Níger y del Senegal) hasta las costas norteafricanas. Estas gentes, de vida austera, excelentes combatientes, guerreros de la fe islámica, cruzan el Estrecho de Gibraltar y desembarcan en nuestra Península por Algeciras al mando de Yusuf ibn Tasfin en el mes de rabí del año de la Hégira de 479 (julio de 1086).
    Los reyes de taifas sabían que esta alianza seguramente acabaría con su independencia política pero, como citan las crónicas, pensaron que "era mejor guardar los camellos de los almorávides que los cerdos de los cristianos". No obstante muchos de estos soberanos no concurrieron a la llamada de la "guerra santa" ("yihad") e incluso alguno como el de Valencia, Al-Kadir, se mantuvo leal a los pactos firmados con el monarca castellano-leonés. Probablemente, esta acogida no tan entusiástica justifica que el Emir africano tardara en recorrer tres meses la distancia entre Algeciras y Badajoz, cuando en aquella época podría haberla cubierto en tres semanas.

    APROXIMACION:
    El monarca cristiano expuso a su Curia Regia la necesidad de atacar a los almorávides antes de que se hiciesen fuertes y pudieran marchar sobre el recién reconquistado Reino.
    El ejército cristiano se concentro en Toledo recibiendo el refuerzo de una parte de los hombres del Cid, dirigidos por el mítico Alvar Fáñez. El Campeador no compareció pues se hallaba empeñado en la toma de Valencia.
    El ejército almorávide se vio reforzado con las tropas de Al-Mutamid, rey de Sevilla, de Al-Mutawakkil, rey de Badajoz y de Abd-Allah, rey de Granada, quien escribiría una crónica sobre la campaña.
    Ambos contendientes iniciaron el avance y sentaron sus reales en las inmediaciones de un lugar cercano a la ciudad de Badajoz a orillas del Guadiana (algunos autores sitúan la acción unos kilómetros más al norte, junto al río Zapatón en las inmediaciones de la fortaleza de Azagala) que los cristianos conocían con el nombre de Sagrajas y que los musulmanes llamaban Zalaca. Como aquel día era jueves, los cristianos decidieron respetar el viernes, jornada santa para los musulmanes, y éstos expresaron su deseo de respetar la festividad cristiana del domingo; por ello fijaron el sábado como el día de la batalla.
    Tras consultar su horóscopo y la posición de las estrellas, Yusuf decidió cambiar el emplazamiento de sus reales, cosa que le salvaría la vida.

    BATALLA:
    Al alba del día del combate las huestes de Alfonso VI llevaron a cabo un ataque frontal y por sorpresa contra las tiendas, que los cristianos creían ocupadas por Yusuf y que en realidad lo estaban por las fuerzas musulmanas andalusíes. La caballería cristiana actuaba organizada en escuadrones de entre cuarenta y sesenta caballeros, cifra que permitía causar un fuerte quebranto al enemigo y al mismo tiempo maniobrar en bloque dependiendo de las señales recibidas desde el puesto de mando.
    En Sagrajas se estima que participaron diecinueve escuadrones de caballería cristiana, catorce provenientes de los obispados y condados, dos aportados por los magnates de los reinos de Alfonso VI, uno llegado del Reino de Aragón, otro venido desde Valencia con Alvar Fáñez y otro perteneciente a la Guardia Real al mando del Alférez del Rey.
    Esta acción, violentísima, causó una gran mortandad entre las huestes islámicas que se vieron sorprendidas por la vanguardia cristiana y con el Guadiana a sus espaldas, comenzaron una desordenada huida, sólo frenada por el valor del rey toledano Al-Mutamid, quien, herido hasta en seis ocasiones, resistió bravamente la embestida cristiana tratando de poner orden entre las desalentadas tropas de Al-Andalus. Los cristianos, dirigidos por Alvar Fáñez, avanzaban imparables en una loca carrera de muerte, saqueo y captura de prisioneros.
    Yusuf ibn Tasfin fue informado de la derrota de las fuerzas de los taifas andalusíes pero no intervino hasta el último momento pues, en el fondo, consideraba igualmente como enemigos a todos los peninsulares, tanto musulmanes como cristianos.
    Las mesnadas de la vanguardia de Alfonso VI, ya con poco orden, se habían alejado excesivamente de sus bases y Yusuf se lanzó con todas sus fuerzas, flanqueando al grueso de sus enemigos,(Los castellanos alargaron demasiado la cabeza...) contra los reales de los cristianos, que fueron saqueados y destruidos a pesar de los denodados esfuerzos de sus defensores. Debemos imaginar este momento bajo el atronador sonido de los tambores almorávides, instrumento de percusión que fue empleado masivamente para infundir pánico entre sus enemigos y que de forma sistemática irían adoptando posteriormente los ejércitos cristianos.
    El siguiente objetivo para los almorávides fue el propio rey Alfonso VI, quien con un grupo de trescientos caballeros se refugió en el monte cercano. La posición era casi inaccesible para los musulmanes por lo que no pudieron lograr la captura del monarca. Parece ser que las principales bajas cristianas se produjeron durante esta retirada siendo la más sensible la del conde gallego Don Rodrigo Muñoz y quizás la del asturiano Don Vela Ovéguez.
    Alfonso VI, bajo el amparo de la noche, pudo llegar hasta Coria (a 125 kilómetros al nordeste del campo de batalla) y después a Toledo pues creía inminente el ataque musulmán a la misma. El monarca cabalgaba según los cronistas: "derrotado, triste y herido". En efecto, había recibido una grave herida en la pierna que casi llegaba a la tibia.

    El ejército cristiano contaba en Sagrajas o Zalaca, según las fuentes musulmanas, con sesenta mil combatientes de los cuales más de diez mil perecieron en la batalla. Estas cifras resultan casi siempre terriblemente abultadas debido al deseo extendido de los cronistas arabes de magnificar los hechos de armas que narraban. Cálculos más realistas hacen pensar que el ejército cristiano contaría en aquella jornada con unos mil seiscientos caballeros a los que se sumarían unos cuatrocientos carreteros y personal encargado de custodiar el convoy de campaña con las provisiones y las bestias de carga y vigilar el campamento una vez iniciadas las hostilidades(en total, 2000 hombres ). De ello se desprende que las bajas cristianas en Sagrajas pudieron alcanzar las cuatrocientas, pereció uno de cada cinco de los que combatieron,por 300 bajas almoravides.

    Sea como fuere, lo evidente es que los almorávides dieron un castigo ejemplar y terrible a los cristianos que quedaron sobre el campo de batalla, aquellos que quedaron sin montura o carecían de ella en el momento de la retirada.
    El cronista Ibn Al-Kardabus habla de la cruel venganza almorávide:

    "...Los musulmanes se apresuraron a cortar las cabezas de los politeístas y construyeron con ellas un alminar ( minarete) como los que hay en los patios de las mezquitas, y desde lo más alto los almuédanos ( mue-cines: encargados de llamar a la oración cinco veces al día desde el alminar) tres días llevaron a cabo la llamada a la oración. Después volvieron al campamento todos aquellos musulmanes que habían quedado incólumes. Fue esta incomparable victoria el viernes 10 de rayab del año 481 (23 de octubre de 1086). Con ella la garganta de la Península respiró aliviada y por su causa se afirmaron muchas regiones...".

    Se sabe que las cabezas de los cristianos fueron más tarde mostradas por distintas ciudades andaluzas y del Norte de África para afirmar el poder almorávide.
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  6. #6
    General de lo Regne Avatar de paco1983
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    Batallas y Tácticas: Navas de Tolosa (1212)

    ANTECEDENTES:
    A cinco kilómetros de SANTA ELENA, el pueblo mas septentrional de la provincia de Jaén, junto al paso de DESPEÑAPERROS, existe un paraje donde los restos de armas antiguas son tan abundantes que durante siglos han surtido a los labriegos de la comarca del hierro necesario para la fabricación de sus herramientas. Es el campo de batalla de las Navas de Tolosa.
    Por aquel tiempo los almorávides, una confederación de tribus bereberes, habían forjado un poderoso imperio que se extendía por lo que hoy es Marruecos, Mauritania, parte de Argelia y cuenca del río Senegal. La creciente presión cristiana no dejaba más alternativa a los cada ves más débiles reyezuelos andalusíes que solicitar ayuda a los almorávides. Pero no se atrevían a dar este paso porque temían que sus rudos correligionarios del desierto se prendaran de las fértiles huertas y populosas ciudades de al-Andalus y se las arrebataran. Finalmente el rey Motamid de Sevilla se atrevió a dar el paso decisivo y firmó un pacto con el sultán almorávide.
    Los almorávides enviaron un ejército que derrotó a los castellanos en Sagrajas (1086). Después ocurrió lo que se temía: barrieron a los reyezuelos de taifas, unificaron al-Andalus y lo incorporaron a su imperio. Como suele ocurrir, los vencedores acabaron siendo conquistados por el refinamiento de la sociedad hispanomusulmana, suavizaron sus costumbres y se civilizaron. Es decir, desde la óptica fundamentalista, se corrompieron. Hacia 1140 la fortaleza moral y el militarismo de los almorávides se habían mitigado tanto que su imperio se fraccionó y en al-Andalus volvió a aparecer una generación de pequeños reinos taifas tan débiles como los anteriores. La balanza del poder militar se inclinaba de nuevo hacia los reinos cristianos.
    La decadencia almorávide favoreció el surgimiento de un grupo beréber en los macizos del Atlas, que se rebeló contra los almorávides y formó una confederación de cábilas regentada por dos asambleas de jeques. Tras los violentos combates, los almohades conquistaron el norte de Africa y pusieron sus ojos en al-Andalus. Sus califas adoptaron el título de Miramamolín (E-mir al-Muslimin) , Príncipe de los Creyentes.
    Después de Alarcos Castilla no tenía nada que oponer a la furia africana. Los almohades asaltaron la plaza fuerte de Calatrava, cuya guarnición pasaron a cuchillo, y alcanzaron en sus correrías hasta las puertas de Toledo y Madrid. La línea del Tajo apenas podía contenerlos. Sin embargo el prolongado esfuerzo de uno y otro bando y los aconteceres de la política interior del imperio almohade aconsejaron pactar. En 1197 Castilla y el Miramamolín concertaron una tregua de diez años.
    Alfonso VIII tenía, además, problemas con los reinos cristianos de León y Navarra: pactó con el rey de León para tener el flanco cubierto y luego cayó con todo su poder sobra los dominios de Sancho el Fuerte, rey de Navarra, su recalcitrante enemigo, al que obligó a firmar la paz.
    Después de las rencillas y guerras en el período anterior, el primer lustro del siglo XIII trajo laboriosa calma para todas las partes. Desde el desastre de Alarcos, Alfonso VIII solo vivía para preparar la revancha. En 1209, sintiéndose ya suficientemente fuerte, atravesó la frontera para atacar Jaén y Baeza mientras los freires de Calatrava iban contra Andújar. Después de este preludio bélico, los dos bandos preparaban la guerra.

    MOVIMIENTO DIPLOMATICO:
    Alfonso VIII sólo contaba con la amistad de Aragón y tenía motivos para temer que León y Navarra atacarían su reino por el norte si concentraba su ejercito en el sur. Solamente el Papa podía garantizar la neutralidad de sus enemigos si declaraba Cruzada su guerra contra los almohades, lo que automáticamente obligaría a los otros reinos cristianos a respetar sus fronteras so pena de incurrir en excomunión.
    El Papa Inocencio III accedió . En los púlpitos se toda Europa se predicó la nueva Cruzada para mayo de 1212. Los que concurrieran e ella obtendrían plena remisión de los pecados. Además el Papa excomulgaría a cualquiera que pactara con los mahometanos y ordenó a los reyes cristianos que aplazaran sus discordias personales en favor de la magna empresa común.

    Por la parte almohade los preparativos no eran menos activos. Al-Nasir, el Miramamolín de los almohades, hijo del vencedor de Alarcos y de la esclava cristiana Zahar (flor), salió de Marraquech al frente de un gran ejercito en febrero de 1211. Al-Nasir tenía treinta años. Era, según una crónica árabe, alto, de tez pálida, barba rubia y ojos azules, valeroso, cauto y avaro. No hablaba mucho porque era tartamudo. Se decía que había jurado sobre el Corán conducir a sus tropas hasta Roma y abrevar sus caballos en el Tiber.

    APROXIMACION:
    El ejercito almohade se dirigió primero a Rabat y de allí a Alcazarquivir. Mientras tanto sus correos recorrían el imperio instando a los gobernadores a preparar lo necesario para la próxima y decisiva Guerra Santa. El ejercito almohade iba creciendo con las tropas que llegaban de su vasto imperio. Su magnitud planteaba problemas de administración y abastecimiento pero Al-Nasir procuraba enmendar lo yerros y estimulaba a sus colaboradores haciendo decapitar a los funcionarios incompetentes.
    Una potente escuadra aguardaba el ejercito en Alcazar Seguer. En mayo, las tropas cruzaron el Estrecho y desembarcaron en Tarifa adonde solícitos funcionarios de al-Andalus acudieron para homenajear al Miramamolín.
    Pasó un año antes de que los ejércitos se enfrentaran en una acción definitiva. En este tiempo Alfonso VIII hizo una cabalgada por Levante y llegó hasta el mar. Al-Nasir por su parte puso sitio a la plaza fuerte fronteriza de Salvatierra. La fortaleza resistió dos meses de riguroso asedio antes de entregarse. En este tiempo, dice un cronista, las golondrinas que habían anidado en la tienda de Al-Nasir, empollaron y sacaron sus crías a volar. Conquistada la plaza, el Miramamolín regresó a Sevilla e intensificó los preparativos guerreros.
    Poco después de caída Salvatierra falleció el infante Fernando de Castilla, todavía adolescente. La muerte de su hijo bienamado, que ansiosamente esperaba hacer sus primeras armas contra los almohades, apenó profundamente a Alfonso VIII. El rey buscó alivio a su dolor entregándose a una intensa actividad militar mientras duró el buen tiempo, y en invierno se enfrascó en los aspectos diplomáticos de la Cruzada.

    LLEGAN LOS CRUZADOS
    En la primavera de 1212, los caminos de la Cristiandad se llenaron de cruzados cuya meta era Toledo. Los pobres iban a pie, mendigando por los caminos; los nobles, a caballo, seguidos de sus mesnadas. Entre ellos no sólo concurrían guerreros. También afluían muchedumbres fanatizadas de mujeres, jovenzuelos y personas inútiles para la guerra que acompañarían al ejército expedicionario compartiendo sus privaciones y sometidos a su suerte favorable o adversa.
    El primero en llegar fue el caballeroso Pedro II de Aragón, el amigo de Alfonso VIII, que aportaba tres mil caballeros con su correspondiente acompañamiento de peones. De los reyes de Navarra y de León no se esperaba que movieran un dedo para auxiliar a Alfonso VIII. Es más, el de Navarra sólo estaba esperando a que acabasen las treguas concertadas con Castilla para atacarla; el de León, por su parte, hizo saber que sólo se uniría a la Cruzada si le eran devueltos ciertos lugares y castillos fronterizos que reclamaba como suyos.
    A principios de junio llegaron cruzados de ultrapuertos, es decir los de fuera de la Península, capitaneados por el arzobispo de Narbona. Eran en su mayoría franceses aunque también los había italianos, lombardos y alemanes.

    El ejército almohade se puso por fin en movimiento. Subiendo por los antiguos arrecifes romanos y califales (arrecife=A-risaf: barranco. Los valencianos conoceran el barrio de Russafa, que significa precisamente esto) que remontan el Guadalquivir llegó a tierras de Jaén y ascendió en busca de los desfiladeros de Sierra Morena. Al-Nasir estaba bien informado sobre la actualidad y calidad de las tropas que se iban reuniendo en Toledo y procedía con cautela. En lugar de atravesar los pasos de Sierra Morena para enfrentarse a su enemigo en Castilla, como hizo su padre cuando lo de Alarcos, decidió mantenerse a la defensiva y dejar que fueran los cristianos los que hiciesen el viaje por la meseta castellana y los desfiladeros del Muradal. Así tendría de su parte dos elementos: el cansancio y desgaste de los cristianos al final de tan dura marcha y un favorable campo de batalla, puesto que os almohades ocuparían posiciones ventajosas y forzarían a los cristianos a aceptar el combate. (Perfecto planteamiento estrategico)

    Mientras tanto, en Toledo, los turbulentos huéspedes llegados de Francia no dejaban de causar problemas. El previsor arzobispo había dispuesto que los cruzados acampasen en terreno amable, entre huertas, a orillas del Tajo, apartados del núcleo de la ciudad; pero los extranjeros, sea porque no estaban tan habituados como los peninsulares a la convivencia y respeto con gente de otras religiones o culturas, o simplemente por impaciencia de la sangre y botín que esperaban conseguir en la Cruzada, asaltaron la judería toledana y la saquearon e incluso asesinaron a una parte de sus moradores, lo que llenó de pesar a Alfonso VIII.

    El 20 de junio, el ejército cristiano partió de Toledo camino del sur. En el cuerpo de vanguardia iban ultramontanos guiados por don Diego López de Haro. A los cuatro días de marcha avistaron la aldea y castillo de Malagón, que era de los moros. Inmediatamente se lanzaron al asalto, arrasaron el lugar e irrumpieron en el castillo que los defensores habían ofrecido entregar a cambio de que se respetaran sus vidas, trato común razonable muy al uso de las contiendas peninsulares. Pero los ultrapuertos, herederos de la tradición intolerante de las Cruzadas, pasaron a cuchillo a casi todos los defensores y refugiados que albergaba la fortaleza. Cumplida la jornada, acamparon allí mismo en espera del grueso del ejército con los reyes de Aragón y Castilla, que llegó al día siguiente, 25 de junio. Ya para entonces se manifestaban los problemas de abastecimiento que eran la plaga de toda expedición importante en aquella época.
    En aquella tierra que atravesaban los cristianos, casi despoblada y ayuna de recursos, estas privaciones se acentuaban. Con tales problemas llegaron a las márgenes del Guadiana y buscaron los vados para atravesarlo. En estos lugares de aguas poco profundas los almohades habían esparcido artefactos metálicos de cuatro puntas, los llamados abrojos, que se clavaban en los pies de los peones y caballos inutilizándolos para el combate. (Estrategia de desgaste) Con todo, los cristianos sortearon la vía fluvial que los separaba de Calatrava.
    Calatrava era, y aún es en sus ruinas, una importante fortaleza que vigilaba el estratégico paso entre Andalucía y Castilla. En 1158, los templarios que la guardaban se reconocieron incapaces de contener el empuje musulmán y la abandonaron. Entonces un grupo de caballeros y de monjes cistercienses se establecieron en ella y la defendieron de los almohades. Esta fue el origen de la Orden de Calatrava, orden monástico-militar que el Papa aprobó en 1164. Sin embargo, a la muerte de Alfonso VII, el convento-fortaleza fue conquistado por los almohades.
    El ejército cruzado acampó cerca de Calatrava y durante tres días sus jefes estudiaron un plan de ataque. Todos estaban de acuerdo en que no era prudente dejar a sus espaldas una plaza tan importante y buen abastecida que, además, estaba defendida por el andalusí Abu Qadis, experto guerrero de la frontera. Por lo tanto debían tomar el castillo. El día 30 de junio lo atacaron violentamente y lograron conquistar su parte más accesible. Los defensores parlamentaron y Alfonso VIII les concedió franquicia para retirarse salvando sus vidas y algunos bienes. Este acuerdo indignó a los cruzados extranjeros que ya contaban con repetir la degollina de Malagón. Por otra parte, venían muy quejosos de las calores excesivas del mes de junio, de las arideces de la meseta y de las privaciones que desde hacía unos días venía sufriendo el ejército cristiano, a todo lo cual estaban más acostumbrados los peninsulares. Por estas causas, el 30 de junio, la mayoría de los extranjeros se retiraron de la Cruzada y regresaron a sus países de origen. Los más exaltados pretendían tomar Toledo, la capital desguarnecida de Castilla, para vengarse de Alfonso VIII, pero finalmente se conformaron con ir saqueando las juderías de las poblaciones por donde pasaban. Otros se dirigieron a Santiago de Compostela para ganar la peregrinación y no hacer el viaje en balde; todos, en fin, se perdieron por los caminos del Pirineo tal como habían aparecido. Un historiador calcula que la deserción de los ultramontanos redujo al ejército cristiano en un tercio de sus efectivos. La perdida mas grave no fue, sin embargo, el número, sino la calidad, pues muchos de ellos eran veteranos de guerra y soldados profesionales.
    En Calatrava, ya recuperada para su Orden, descansaron los ejércitos de Castilla y Aragón y se repusieron de hambres pasadas, pues habían encontrado la fortaleza bien avituallada. Allí se les unieron doscientos caballeros navarros al mando de Sancho el Fuerte, que había decidido deponer temporalmente su rencor y enemistad con el castellano para participar en la Cruzada.
    Los días 7, 8, 9 de julio los cruzados acamparon a la vista de Salvatierra, otro antiguo castillo cristiano en poder de los musulmanes. Allí pasaron revista a sus efectivos y se prepararon para la batalla.
    Mientras tanto llegaban informes del ejército almohade. Al-Nasir esperaba a los cristianos a pocos kilómetros de allí, al otro lado de las gargantas del Muradal, donde había montado sus campamentos en estratégicas posiciones.
    El grueso del ejército almohade se había asentado frente al desfiladero de la Losa, garganta rocosa tan áspera y difícil que "mil hombres podrían defenderla de cuantos pueblan la tierra". El ejército cristiano había de recorrer forzosamente este camino.
    El día 11, los cristianos acamparon en las Fresnedas. Don Diego López de Haro envío a su hijo don Lope con un destacamento a las alturas del puerto del Muradal, hoy Despeñaperros, para que reconociese el terreno y ocupase la pequeña meseta que allí existe. Los expedicionarios ganaron rápidamente las alturas y avistaron el castillo de Ferral, adelantado de Sierra Morena, donde se había instalado la avanzada almohade que vigilaba el desfiladero de la Losa. En cuanto descubrieron a los cristianos, los almohades salieron a hostigarlos.
    Al día siguiente, 12 de julio llegó el ejército cristiano al pie de Sierra Morena y nuevas tropas reforzaron a la vanguardia instalada en la meseta del Muradal. Al amanecer del día 13, el resto del ejército se les unió y acampó en la llanada. Los vigilantes almohades abandonaron prudentemente el castillo del Ferral y se replegaron hacia el sur.
    Los dos ejércitos estaban separados solamente por el desfiladero de la Losa fuertemente custodiado por los almohades. La situación de los cristianos era delicado. Sus enemigos podrían hacer, sin dificultad, una carnicería de cualquier ejército que se aventurase por aquellas angosturas. Por otra parte, el paraje donde habían acampado los cruzados era áspero e inhóspito.
    Quizá lo más sensato fuera abandonarlo lo antes posible y bajar de nuevo al llano porque, además, los víveres escaseaban nuevamente. Avanzar hacia el ejército almohade a través de la mortal ratonera de la Losa era suicida. Hubo consejo de reyes y señores. Los más prudentes proponían desandar lo andado, descender al pie de la sierra y buscar otro paso que atravesara las montañas.
    DECISION CRUCIAL:LOGISTICA O MORAL DE BATALLA
    Pero Alfonso VIII temía que esta retirada acabara por agotar y desmoralizar a sus huestes. Por otra parte, lo más probable era que los almohades guardaran igualmente todos los pasos de la comarca. No había alternativa. Tratarían de forzar el desfiladero de la Losa yendo en línea hacia el enemigo. La perspectiva de repetir lo de Alarcos debió de amargar aquel día a muchos veteranos.
    (LLegado este punto, de no haber sido por el factor suerte -pastor de las navas- , la derrota habria sido marcada en los anales de la historia con 3 asteriscos)


    EL PASTOR DE LAS NAVAS
    Los cristianos necesitaban un milagro y el milagro..... ocurrió. Al menos eso sostiene la tradición. Ante Alfonso VIII se presentó un pastor que decía conocer un paso seguro que los almohades no vigilaban. Nada se perdía con probar. Don Diego López de Haro y un destacamento de exploradores acompañaron al rústico que los llevó primero hacia el oeste y luego hacia el sur, a través de los actuales parajes del Puerto del Rey y Salto del Fraile. Así fueron a salir, esquivando los relieves más comprometidos de aquellas montañas, a la explanada de la Mesa del Rey, donde se establecieron. Don Diego López de Haro comunicó al rey que el paso del pastor era perfecto, justamente lo que necesitaban. En cuanto amaneció el día siguiente, el grueso del ejército levantó el campamento y fue a acampar en la Mesa del Rey.
    Por fin se encontraban los dos inmensos ejércitos frente a frente sin obstáculo natural que los separase. Perdida su ventaja inicial, Al-Nasir decidió plantear la batalla lo antes posible para evitar que los cansados cristianos y sus caballos se repusieran de las fatigas de la caminata.
    (A mi modo de ver, el error tactico de Al-Nasir, puesto que los cristianos no tenian un tren suficiente de reavituallamiento para sus 65.000 hombres si se hubiera prolongado la espera)
    Formó pues a su ejército en orden de combate, se situó favorablemente sobre el terreno y envió columnas de caballería y arqueros para que hostigaran a los cristianos en sus posiciones. Pero los reyes cristianos no mordieron el anzuelo y la actividad bélica de la jornada se redujo a pequeñas escaramuzas sin importancia.
    Al día siguiente, domingo, 15 de Julio los almohades amanecieron formados en orden de combate y se mantuvieron de esta guisa hasta mediodía, pero los cristianos eludieron nuevamente el encuentro y se contentaron con escaramuzar. Los adalides de uno y otro bando analizaban la fuerza y disposición del adversario y tomaban las medidas oportunas para asegurarse la mejor fortuna en la batalla campal que se avecinaba.

    LOS EJERCITOS ENFRENTADOS
    Pocos conseguirían conciliar el sueño en los campamentos de las Navas la noche del día 15 de Julio de 1212. Unos y otros contemplarían el parpadeo de las luces del campamento enemigo mientras esperaban impacientes la amanecida del día decisivo. Todavía era de noche cuando en el campamento cristiano circuló la orden de prepararse para el combate. Pasaron los clérigos administrando la absolución a los cruzados que aprestaban arreos y armas.
    Cuando clareo el día ya se habían desplegado las fuerzas. En el campo cristiano tres cuerpos de ejército dispuestos en línea ocupaban la llanura. El central estaba formado por las tropas de Castilla; a su izquierda, las de Aragón con Pedro II al frente y a la derecha los navarros de Sancho el Fuerte. Las dos alas habían sido forzadas con tropas de varios concejos castellanos. Cada uno de estos cuerpos estaba a su vez dividido en tres líneas ordenadas en profundidad.
    La vanguardia del cuerpo central, que sería el eje de la lucha, iba mandada por el veterano don Diego López de Haro. En la segunda línea se ordenaban los caballeros templarios, al mando del Maestre de la Orden, Gómez Ramírez; los caballeros hospitalarios, los de Uclés y los de Calatrava.
    En la retaguardia iba Alfonso VIII acompañado por el arzobispo de Toledo y otra media docena de obispos castellanos y aragoneses y probablemente también por el arzobispo de Narbona. Los nobles caballeros y freires de las órdenes militares eran guerreros profesionales y se hacían acompañar de peones y servidores igualmente experimentados, pero a las tropas de los concejos, aportadas por las ciudades castellanas, les faltaba experiencia guerrera y entrenamiento. Por eso se había dispuesto que combatieran mezcladas con las tropas profesionales. De este modo la calidad sería más homogénea y la infantería y la caballería se prestarían mutuo apoyo.
    El ejército almohade presentaba también tres cuerpos: en el primero un núcleo de tropas ligeras; en el segundo, el heterogéneo conjunto del ejército integrado por voluntarios de todo el dilatado imperio, incluyendo a los contingentes de al-Andalus; en la retaguardia, los almohades propiamente dichos ocupando la ladera del cerro de los Olivares en cuya cima Al-Nasir había plantado su emblemática tienda roja, en el centro de una fortificación de campaña construida por una amplia empalizada de troncos unidos y reforzados por cadenas. Este ingenio desempeñaba el papel de las alambradas en la guerra moderna. Defendía la empalizada una nutrida guardia de voluntarios armados de picas, arcos y hondas. Es de notar que muchos de éstos estaban atados por los muslos y enterrados hasta las rodillas. Al-Nasir, sentado sobre su escudo a la puerta de la tienda, leía el Corán e impetraba la protección de Alá en el apurado trance de aquella batalla decisiva.

    UNA INFINITA MUCHEDUMBRE
    ¿Cuantos combatientes se enfrentaron en las Navas de Tolosa? Los cronistas árabes hablaban de seiscientos mil combatientes musulmanes y de una innumerable muchedumbre de cristianos. Los cristianos se refieren a casi doscientos mil jinetes musulmanes y la consabida infinita muchedumbre de peones. Modernos estudiosos de la batalla cifran los efectivos almohades entre 130000 y 150000 combatientes (probablemente el primer número se más exacto que el segundo) y los cristianos entre 60000 y 80000. Incluso admitiendo las cifras más modestas, el choque debió ser de los más espectaculares y sangrientos de la historia medieval.
    En general puede decirse que los cristianos estaban mejor armados que los musulmanes, especialmente en lo tocante a armamento defensivo: escudos, cotas de malla y yelmos de metal o cuero.(Ventaja tecnologica) El ofensivo abarcaba una amplia panoplia: lanza, espada, cuchillo, maza o hacha, alabarda, arco y honda. Por la parte almohade el armamento defensivo se limitaba prácticamente al escudo. Sus peones iban provistos de lanzas y espadas, azagayas, arcos y hondas. El predominio de las armas arrojadizas en el campo musulmán se refleja en las enormes reservas de flechas y venablos que cayeron en manos de los cristianos.(ventaja en el factor 'fuego') El arzobispo de Narbona calculó que dos mil acémilas no serían suficientes para transportar las cajas de flechas encontradas.

    TACTICA:
    La táctica empleada por los ejércitos almohade y cristiano se basaba en concepciones del arte militar diametralmente opuestas y ambas igualmente eficaces. Por la parte cristiana, Alfonso VIII había tenido mucho tiempo para meditar sobre las enseñanzas de Alarcos. Además conocería las contramedidas que los cruzados habían desarrollado en Siria y Palestina para hacer frente a similares tácticas musulmanas. Frente al formidable bloque de la caballería cristiana que cargaba frontalmente en compacta formación, los musulmanes oponían tropas ligeras capaces de dispersarse ágilmente en todas direcciones, hurtando el blanco a la acometida enemiga, para luego agruparse y desplazándose rápidamente, envolver el enemigo y devolver el golpe en sus puntos vulnerables, la retaguardia y los flancos. Algo parecido ocurrió en Alarcos: los almohades desorganizaron las tropas de los concejos que formaban las alas del ejército castellano y rodearon al núcleo de la caballería atacándolo por los lados. Por eso, en las Navas, Alfonso VIII dispuso que los concejos combatieran mezclados con guerreros profesionales, freires o caballeros. Además reforzó convenientemente los bordes exteriores de las alas.
    El plan de combate de los reyes cristianos debía algo a la experiencia ajena, a los cruzados de Siria. Después del encuentro de Doriela, que enfrentó por vez primera en batalla campal a cruzados y turcos en 1097, los cristianos desarrollaron nuevas tácticas para evitar que las ligeras y ágiles tropas musulmanas los cercaran. Bohemundo, el gran táctico cristiano, ideó proteger los flancos del ejército con obstáculos naturales, conservar la formación cerrada para evitar el desmoronamiento de las líneas y sobre todo, mantener un cuerpo de reserva con el que atacar al enemigo cuando intentara cercar al cuerpo principal. En Palestina, la reserva era mandada por Bohemundo personalmente. En las Navas de Tolosa vemos a Alfonso VIII al frente del cuerpo de retaguardia. De la oportuna intervención de esta reserva, ni demasiado pronto ni demasiado tarde, dependía el resultado de la batalla.

    EL EJERCITO DE AL-NASIR
    El dispositivo almohade no era menos formidable que el cristiano. Tropas de las más variadas procedencias, representantes de cada cábila y tribu del imperio, habían convivido durante un año y medio y se habían preparado para este encuentro. El plan de batalla almohade era simple, tópico y efectivo.
    Primero sus tropas ligeras desorganizarían y cansarían al enemigo. En la vanguardia pondría sus peores tropas, la muchedumbre de fanáticos voluntarios árabes, bereberes, almohades y andalusíes atraídos por la Guerra Santa, los que aspiraban a ganar el Paraíso. Mientras los cristianos se cebaban en esta carne se cañón y la perseguían hasta posiciones desventajosas, los hábiles arqueros de Al-Nasir sembrarían la muerte en las líneas castellanas. Cuando el enemigo estuviera cansado y en terreno desventajoso, entrarían en combate los almohades para dar el golpe de gracia. Si alguna carga de los cruzados llegaba hasta el cuerpo de zaga o retaguardia almohade, las formidables defensas de su palenque y la guardia bastarían para detenerla.
    Los componentes de la guardia del palenque no eran, como sostiene la tradición historiográfica cristiana, desgraciados esclavos negros encadenados unos con otros para evitar su huida y obligados a combatir hasta la muerte. Se trataba de fanáticos voluntarios, los llamados im-essebelen (desposados) los que, ligados por un juramento, ofrecían sus vidas en defensa del Islam y se hacían atar por las rodillas para asegurarse de que se sacrificarían llegado el caso. Una fuente árabe fiable sostiene que en las Navas combatieron diez mil arqueros Agzaz. Esta tribu de arqueros turcos había llegado al imperio almohade, vía Egipto, unos veinticinco años atrás. El padre de Al-Nasir, el vencedor de Alarcos, uno de los más expertos generales de su tiempo, los incorporó a su ejército y los pagaba espléndidamente. El secreto de los arqueros turcos radicaba en sus arcos especialmente potentes y en la táctica que empleaban. Podían disparar con el caballo a todo galope y en cualquier dirección. Fueron, en Siria y Palestina, la pesadilla de los cruzados hasta que estos desarrollaron tácticas capaces de contrarrestar sus ataques. Es evidente que los servicios de información de ambos ejércitos funcionaban a la perfección y que cada bando conocía de antemano los efectivos del contrario y el uso que probablemente haría de ellos. Los dos estados mayores tomaron las contramedidas oportunas, aunque el cristiano se probó más acertado al adoptar las tácticas avaladas por los cruzados en Oriente.

    COMIENZA LA BATALLA
    Cuando amaneció, los dos ejércitos estaban formados frente a frente a una cierta distancia. La caballería cristiana capitaneada por don Diego cargó por la pendiente de la Mesa del Rey abajo al encuentro enemigo. El terreno era difícil, cubierto de monte bajo, arbolado y tajado por un barranco. Al choque, las avanzadas musulmanas se deshicieron y dispersaron como si huyeran, sin dejar ni un muerto en el campo, y los cristianos prosiguieron su galopada en busca del blanco firme que se ofrecía en los altozanos contiguos, donde estaba apostada una muchedumbre. Allí se produjeron los primeros choques pero los atacantes atravesaron esta segunda línea sin mayor dificultad y todavía les quedó impulso para arremeter contra el grueso del ejército almohade.
    El terreno favorecía a los musulmanes, que estaban en alto. Los cristianos llegaban a ellos cansados por la cabalgata y desorganizados por los previos encuentros. Por otra parte, las tropas que los esperaban eran de mejor calidad que las de vanguardia. No sólo rechazaron el ataque fácilmente sino que contraatacaron pendiente abajo con gran grita y ruido de los tambores de la zaga y obligaron a los cristianos a ceder terreno. Las tropas de los concejos comenzaron a desmayar, la situación no podía sostenerse ni siquiera con los refuerzos que llegaban de la segunda línea de los cruzados. Fatalmente la vanguardia cristiana se había desorganizado y desmoronado ante el empuje almohade.
    Hasta este punto rodo parecía desarrollarse con arreglo a la estrategia musulmana. Desde su puesto en la tercera línea, el rey Alfonso VIII contemplaba, entre la polvareda lejana, la retirada de las banderas de sus tropas. Creyó distinguir entre ellas el pendón de don Diego López de Haro y volviéndose al arzobispo de Toledo que a su vera estaba, comentó con disgusto: "Mirad como vuelve la seña de don Diego" Andrés Roca, ciudadano del concejo de Medina del Campo, escuchó lo que el rey decía y le replicó: "Cierto no es aquella la seña de don Diego, mas mirad adelante y veréis vuestra seña y don Diego con la suya. Los que huyen los villanos somos, que los hidalgos no, que aquella que huye la seña es de Madrid". Don Diego y los suyos se mantenían a pie firme sin ceder terreno, pero era evidente que las dos primeras líneas cristianas, asaltadas desde mejores posiciones por los veteranos almohades y penetradas y envueltas por caballería ligera del enemigo, se hallaban en desesperada situación, desorganizadas y al borde del colapso. Además, ofrecían un blanco casi inmóvil a los arqueros y hondero se Al-Nasir. Estaba claro que las fuerzas cristianas en liza no podrían, por si solas, salvar la situación. Alfonso VIII creyó llegado el momento de dirigir la carga decisiva, de cuyo resultado dependía la suerte de la jornada.
    Según la crónica, el rey dijo al arzobispo de Toledo: "Arzobispo, vos y yo aquí muramos". Y sin más plática cargaron al frente de la tercera línea para socorrer a los que estaban batallando en la ladera del palenque del Miramamolin. Al propio tiempo, sincronizando su movimiento con el del cuerpo central, entraban en combate las reservas de las alas, al mando de los reyes de Aragón y Navarra.

    LA CARGA DE LOS TRES REYES
    Tal como se había planteado el encuentro del lado cristiano, esta carga tenía que ser la última y decisiva. De que fuese capaz de perforar todo el dispositivo almohade dependía la suerte final de la batalla. Si era frenada y perdía su conexión hasta verse infiltrada y desorganizada por los elementos ligeros musulmanes, como había ocurrido con los destacamentos precedentes, era seguro que la nueva derrota dejaría en mantillas al desastre de Alarcos. En realidad, la batalla no estaba decidida sino que iba discurriendo, por uno y otro bando, con arreglo a planes preconcebidos y cuidadosamente ejecutados.
    Los cruzados jugaban su última carta que era la carga definitiva de cuyo éxito todo dependía. A esta oponían los musulmanes la resistencia pasiva pero formidable de una de las fortificaciones de campaña calculadas para sustituir con ventaja la falta de una caballería pesada.
    La carga de los tres reyes enfiló su objetivo y cruzó el campo de batalla sin perder cohesión: con su ímpetu inicial apenas mermado llegó al palenque del Miramamolín. De aquel momento supremo y verdaderamente decisivo del combate apenas tenemos noticias fiables. Fuentes tardías sostienen que fue Sancho el Fuerte de Navarra el primero en romper las cadenas y pasar la empalizada, lo que justifica la incorporación de cadenas al escudo de Navarra, pero el caso es que las cadenas y palos ardiendo aparecen en los escudos nobiliarios de muchas casas que podrían blasonar igualmente de la hazaña. Lo más probable es que la empalizada, directamente atacada en toda su extensión, fuese penetrada simultáneamente por vario lugares. Los im-esebelen sucumbieron en sus puestos, fieles a su promesa.
    El degüello dentro de la fortificación del Miramamolín fue terrible. El hacinamiento de defensores y atacantes en este punto y la coincidencia de estar dilucidando la suerte suprema de la batalla, espolearía el desesperado valor de unos y otros. Pero no existía en aquella época ninguna forma humana de detener una carga de caballería pesada cuando se abatía sobre un objetivo fijo y lograba el cuerpo a cuerpo (todavía no se había divulgado en Europa el arco largo galés y las armas de fuego que darán al traste con la caballería en los dos siglos siguientes, como en su momento veremos). En las Navas, los arqueros musulmanes, principal y temible enemigo de los caballeros, (principalmente por la vulnerabilidad de sus caballos), no podrían actuar debidamente, cogidos ellos mismos en medio del tumulto. La carnicería en aquella colina fue tal que después de la batalla los caballos apenas podían circular por ella, de tantos cadáveres como había amontonados. El ejército de Al-Nasir se desintegró. En la terrible confusión cada cual buscó su propia salvación en la huida.

    EL ALCANCE
    Lo que sucedió al enfrentamiento no fue menos terrible que el propio combate. El "alcance" que coronaba la batalla medieval dio comienzo. La caballería cristiana, dispersa en pequeños destacamentos, prosiguió su carrera alanceando y derribando a los fugitivos. La cifra de bajas almohades fue tan crecida porque en el alcance perecieron casi tantos hombres como en el combate propiamente dicho. Perseguidos y perseguidores atravesaron el abandonado campamento almohade y prosiguieron hacia el sur. Los fugitivos intentaban refugiarse en la fortaleza de Vilches, la más cercana al lugar de la batalla. Un cronista tardío escribe: "Hallaban a los moros en las encinas y en los alcornoques y allí les daban muchas lanzadas y así los derribaban". La cifra de bajas almohades se cifra en unos 115.000 por 11.000 cristianos.

    Los jefes cristianos habían prohibido, bajo pena de excomunión, dedicarse al saqueo de los despojos y campamento enemigos antes de que los almohades hubiesen sido completamente exterminados. Esta medida estaba plenamente justificada: sabían por experiencia que algunas batallas que parecían ganadas se comprometían o acababan en franca derrota por causa de la codicia de la soldadesca que , creyendo favorablemente decidido el combate, desatendía la lucha por saquear las tiendas de los vencidos.
    Sofocada toda resistencia almohade, los cruzados se precipitaron sobre el bien abastecido campamento enemigo, ya arrasado y en completa confusión, en busca de objetos valiosos, oro, plata, seda y vestidos, además de armas, caballos y vituallas. De todo hallaron en cantidad -- exagera probablemente el cronista-- que, aunque cada uno tomó lo que quiso, dejaron todavía mas de lo que cogieron.
    Antes de que anocheciera, los cristianos levantaron el campamento de la Mesa del Rey y lo trasladaron al emplazamiento donde había estado el campamento almohade. Luego sepultaron a sus muertos.

    El ejército cristiano descansó en su nuevo campamento durante dos noches y un día. Durante este tiempo los vencedores alimentaron sus hogueras con lanzas, arcos y flechas almohades recogidos en el campo o en los depósitos capturados. A pesar de ello, sólo se pudieron deshacer de una mínima parte del material disponible.
    El miércoles 18, los cruzados trasladaron el campamento más al sur probablemente porque, con los valores de julio, la putrefacción de los cadáveres se había acelerado y el hedor llegaba a las tiendas. Algunos destacamentos tomaron los cercanos castillos de Vilches, Baños y Tolosa y degollaron a sus defensores y a los fugitivos de la batalla refugiados en ellos.
    Las noticias de estas matanzas sembraron el terror en la región. Cuando el ejército cristiano llegó a Baeza, tres días después de la batalla, encontró la ciudad despoblada e excepción de algunos ancianos e impedidos que se habían acogido a la mezquita mayor. Los conquistadores incendiaron el templo con cuanto contenía.
    Al día siguiente los cruzados cercaron Ubeda, ciudad populosa y bien defendida pero abarrotada de refugiados. Los cristianos dejaron pasar un día sin atacar, escrupulosos observadores del domingo, y el lunes 23 asaltaron las murallas por varios puntos simultáneamente. El Rey de Aragón consiguió desmoronar una torre minando sus cimientos. Los cruzados irrumpieron por la brecha e invadieron la ciudad. Los musulmanes que pudieron se refugiaron tras una segunda línea defensiva que cercaba el barrio alto de la ciudad y ofrecieron a los cristianos comprar la paz y sus vidas mediante fuerte rescate. Los tres reyes accedieron a cambio del pago de un millón de maravedíes en oro, una enorme suma imposible de reunir por los sitiados. Pero estos desgraciados tenían un problema aún mayor: las dignidades eclesiásticas que formaban parte de la expedición y velaban por el cumplimiento de sus ideales de cruzada hicieron saber que los cánones eclesiásticos prohibían todo trato con infieles. Por lo tanto Ubeda fue destruida y su población norteafricana degollada con crueldad después de espigar los que valían para esclavos.
    Con la base del sistema defensivo almohade completamente desmantelada parecía que la conquista del resto de Andalucía era empresa fácil y hacedera. Pero una epidemia de disentería, causada por la falta de higiene y el calor, a la que cabría añadir el agotamiento de la tropa (no sólo de la batalla y los asedios sino también de sus excesos con las moras cautivas), postraron en sus tiendas a gran número de cruzados. Hubo que suspender la expedición.

    Alfonso VIII, embriagado por la gloria de su señalada victoria y cumplidamente vengado de Alarcos, entró triunfalmente en Toledo y derramó bienes y promesas sobre cuantos habían contribuido a la Cruzada. El rey de León, que no sólo no lo había apoyado sino que, aprovechando la escasa guarnición de la frontera castellana, le había tomado algunos lugares, temía que Alfonso VIII cayera sobre él con su victorioso ejército. Pero Alfonso ,magnánimo, no sólo le ofreció la paz sino que renunció a sus derechos sobre los lugares en disputa. A Sancho de Navarra, su enconado enemigo, que había asistido a las Navas, también le entregó los castillos y lugares fronterizos que codiciaba.

    Al-Nasir nunca se repuso del desastre de las Navas. Abdicó en su hijo, se encerró en su palacio de Marraquech y se entregó a los placeres y al vino. Murió, quizá envenenado a los dos años escasos de su derrota. Alfonso VIII sólo lo sobrevivió unos meses. Pedro II de Aragón, el rey caballero, pereció al año siguiente en la batalla de Muret, combatiendo a los cruzados que Inocencio III había convocado contra los herejes albigenses .Sancho el Fuerte de Navarra sobrevivió veintidós años a la batalla.
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    Batallas y Tacticas: Batalla de El Salado (1340)

    PRECEDENTE:
    Desde el año 830, los monarcas y señores cristianos fueron ganando territorio a los musulmanes de forma acelerada. Estos no pudieron dominar de forma efectiva mas que el 40% del territorio peninsular, y siempre mediante la ayuda de grandes contingentes militares que pasaban el estrecho.
    A partir de 1212, fecha de la batalla de las Navas de Tolosa, el derrumbe musulman fue evidente, y las conquistas castellanas y aragonesas fueron liquidando la ocupacion musulmana que aun restaba en las tierras de Al-andalus.
    Desde el magreb se veia con impotencia la arrogancia de los monarcas castellanos (Alfonso VI se arriesgó a llegar hasta Tarifa, en una fugaz cabalgada por territorio aún musulmán, para proclamar con orgullo el poder castellano tras haber metido su caballo las patas en las aguas tarifeñas), y en el segundo cuarto del siglo XIV los merinies (ibn merini) prepararon el enésimo asalto a la peninsula.
    Tarifa tenía un valor estratégico militar extraordinario. Pero no sólo era cuestión de dominio territorial, sino también de símbolos. La posesión de esta ciudad representaría la superioridad del Cristianismo sobre el Islam. El objetivo era cerrar el estrecho.

    INICIO DE HOSTILIDADES:
    Enfrentamientos navales precedieron a la lucha en tierra.
    La flota castellana patrullaba por el estrecho hundiendo o capturando cuanto barco sospechoso avistaba. Mas de 40 bajeles de Granada y del reino Hafsasie de Tunez fueron llevados como presas entre 1337 y 1339.
    Ab-dul Hassan, el sultan meriní, construyo y armo en esos años una gran flota de naves y galeras (se estima en mas de 200), a pesar de que los espias castellanos llevaron a tiempo noticias inquietantes sobre el comercio de tablazon para galeras que realizaban naves hafsasies y venecianas en los puertos magrebies. El monarca y sus cortesanos desatendieron esas informaciones entre risas argumentando que quizas se dedicasen a un nuevo haren. El almirante castellano, Jofre Tenorio, sin embargo, las tomo en serio, y encomendo a su cámara de asistentes (rudimentario servicio secreto) de viajar en secreto al norte de africa e infiltrarse en los organos de decision merinies.Este servicio secreto estaba compuesto por una heterogenea amalgama de comerciantes judios, marineros , mozarabes renegados y mendigos.
    Las informaciones recibidas son alarmantes. La flota merini es enorme en comparacion con la armada que puede fletar castilla en ese momento y un ejercito que ronda los 300.000 hombres espera el paso del estrecho. El monarca castellano, recibiendo aviso de que la invasion es inminente, ordena a Jofre Tenorio detenerla, pero el viejo almirante, a sabiendas que es un suicidio para sus naves y hombres, recala en alboran, abate velas y espera un momento propicio para hacer daño a la flota enemiga.
    A la caida de la tarde, apresa 3 naves rezagadas de la primera oleada de invasion, que desembarca sin problemas en al-andalus.
    Su flota regresa a Sevilla, donde algunos cortesanos envidiosos injurian la cobardia del almirante. Los corrillos donde se murmura la poca hombria del almirante llegan a oidos del rey y le exige explicaciones. Jofre calla y vuelve a puerto. Dedicido a morir o vencer, espiga de sus tripulaciones aquellos que tienen mujer e hijos y recluta de su propia hacienda voluntarios y presos.
    Se hace a la mar con 17 galeras una oscura noche de abril de 1340 para no volver. Su encuentro con 193 bajeles merinies a los que se unen 16 galeras hafsasies del emir de Tunez desnivelan el encuentro en una proporcion de 12:1.
    Tan solo 3 galeras castellanas escapan al desastre. Los supervivientes relatan que el almirante se interno al centro de la flota enemiga gritando combate singular con el almirante merinid, pero solo recibio los dardos y los abordajes de 7 galeras enemigas. Los castellanos lograron incendiar y hundir 8 naves merinies perdiendo 14 , 9 de ellas capturadas. Todos los marineros sin excepcion fueron ejecutados.

    Aragón y Génova, viendo el peligro de los musulmanes, se unen a Castilla, juntando entre los tres una flota de veinte galeras.
    Siguiendo la estrategia de Jofre Tenorio, se enfrentan a pequeños grupos de naves de forma victoriosa hasta conseguir el dominio del estrecho en cuestion de meses.
    Capturan 13 naves merinies en aguas de estepona y en un audaz raid sobre algeciras consiguen quemar en el mismo puerto 27 galeras mas.

    LA BATALLA DE EL SALADO
    30 de Octubre de 1340.Los ejercitos cristiano y musulman se aproximan al río Salado. Africanos y granadinos tienen puesto sitio a Tarifa, plaza del Estrecho que se hallaba en poder de
    Castilla, y en cuyo asedio se emplean piezas de artillería que los musulmanes llaman anfat. Alfonso XI habia convocado en Sevilla a prelados, caballeros y nobles del reino, acordando socorrer a Tarifa y solicitar el auxilio militar de Portugal y Aragón, declarando a su vez guerra de , por lo que varios contingentes (sobre todo ingleses) se presentan al mandado. Alfonso XI de castilla y Alfonso IV de Portugal lideran las huestes cristianas(60.000 infantes y 18.000 de caballeria). Yusuf I fi Gharnata y Abdul Hassán fil magrebiya las musulmanas con 160.000 infantes y unos 40.000 de caballeria.
    Al frente este último vienen los benimerines que habían
    atravesado el estrecho en numero elevado. Una flota aragonesa vigila el estrecho en cuidado que ningun refuerzo pueda acudir en ayuda de los combatientes merinies.
    Varios altos dignatarios granadinos que acompañan el ejercito musulman se complacen en la grandiosidad de sus fuerzas y dan gracias a Alah por la jornada que van a presenciar.
    Tras diversas escaramuzas de los cristianos que tienen como finalidad hacer salir a la vanguardia musulmana , logran finalmente que las tropas nazaries acepten el combate arrastrando un grueso de cerca de 30.000 hombres a campo abierto. La señal está dada: A una orden de Alfonso XI , la caballeria pesada portuguesa y de voluntarios choca contra la infanteria nazari que ha cometido el error y la aplastan sin piedad. Abdul Hassan envia al grueso de su caballeria a socorrerles y entonces el grueso del ejercito cristiano comienza un avance resuelto a rodear y exterminar la maxima amenaza merinid: su caballeria.
    Ésta queda enredada entre las picas castellanas y las espadas de los caballeros de la primera oleada, disminuyendo en numero y fuerza con el paso de los minutos.
    Abdul hassan, que ha estado dudando entre lanzar sus reservas o retenerlas para protegerle en una posible retirada, envia el rodillo de 90.000 infantes armados.
    Pero Alfonso XI tiene guardado un as en la manga: 5000 caballeros con yelmo y celada y lanza larga que a duras penas pueden retener a sus caballos.
    Parte esta carga en silencio, atronando el suelo los cascos de los caballos. Sin romper la formacion, como un muro de acero, enfilan a la infanteria marroqui que avanza por el llano en direccion al centro de la batalla.
    Los africanos tan solo pueden ver una dama cadaverica vestida de negro que porta una guadaña....
    Nada detiene un caballo de guerra lanzado a toda velocidad, nada detiene a 5000 de ellos formando un muro compacto....
    La masacre es horrible. Miles mueren bajo los cascos. El resto es exterminado en la persecucion. Mientras tanto, la infanteria cristiana ha dado cuenta de la caballeria merinid y andan rematando a los supervivientes.
    Los caballeros castellanos llegan al campamento de Abú-l-Hasan y lo destruyen pasando a cuchillo a cuantos encuentran allí, sin respetar vidas de mujeres y niños.La guerra en la españa medieval se rige por el ojo por ojo. Dos de las esposas de Abú-l-Hasan, Fátima y Aixa, son violadas por las tropas cristianas antes de que el rey castellano llegue para impedir ultrajes a los parientes del sultan .
    Al terminar el dia Tarifa se ha salvado de su prolongado sitio.
    8.000 cristianos yacen en el campo de batalla junto a los cuerpos de 105.000 merinies y nazaries.
    Los castellanos no sólo logran recuperar el botín obtenido en sus correrías por tierras jerezanas, sino que también se apoderan de armas, provisiones y riquezas de valor incalculable de los mariníes, como cientos de volumenes de ciencia y medicina traducidos de los clasicos griegos. El príncipe Tasfin, hijo del sultán mariní, cayó prisionero. Después de saquear el campamento Abú-l-Hasan salvó milagrosamente su vida disfrazandose y escapando con varios miembros de su guardia personal.
    Esta batalla supondrá el afianzamiento del dominio del estrecho por los castellanos. Tras el desastre, Yusuf I regresa apresuradamente a Gharnata mientras que Abu-l Hassan se refugia en al Djazira, desde donde cruza a Marruecos de noche burlando el bloqueo naval aragones.



    CONCLUSION:
    Revistió trascendental importancia, marcando un hito en la historia del Islam español.Los nazaríes venían practicando una política ocasional apoyándose en Castilla o en África, según aconsejaban las circunstancias de cada instante histórico
    y consecuentemente habían de sufrir el peso de extrañas influencias. Alarmados por el creciente poder de los cristianos y a veces, impelidos por ambiciones territoriales que nunca quedaron totalmente satisfechas, los mariníes no sólo mantuvieron con carácter permanente milicias africanas en Andalucía, sino que los propios sultanes vinieron a
    España con poderosos ejércitos para luchar contra la cristiandad. La batalla del Salado marca la última invasión africana y a partir de entonces la influencia mariní deja de gravitar sobre Granada.
    Granada pudo haber caido entonces completando la conquista peninsular, pero los monarcas preferian cobrar vasallaje de un reino rico y comercial antes que desgastarse en una guerra que se preveia larga y habria supuesto 'matar' la gallina de los huevos de oro.
    Una conquista en ese tiempo habria supuesto concentrarse en la conversion religiosa y/o las exploraciones maritimas, algo que historicamente acometio Portugal casi 100 años antes que Castilla.
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  8. #8
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    La epopeya Almogaver: Batalla de Cefis (1309)


    PRECEDENTES:
    Alfons III (1285-1291),sucesor de Pere III el Gran estuvo muy limitado e influenciado durante su reinado por el poder de la nobleza aragonesa. Sicilia fue otorgada al segundo hijo de Pere III,Jaume, quien fue presionado por el Papado y Francia a consecuencia de las pretensiones francesas en Sicilia. Aragon acudio en su ayuda con la armada de Lauria, derrotando varias flotas francesas, pero en 1291, Alfons quiso reconciliarse con el Papa y renuncio a prestar ayuda al conflicto. Su muerte, 6 meses despues, puso en el trono a Jaume II (1291-1327), quien continuo la lucha. Jaume II, siguio una politica de expansion de su reino en el mediterraneo,que estimulo el comercio y posiciono a Aragon como una gran potencia mediterranea. Dentro de sus tropas contaba con los almogavers, verdadera fuerza de choque de Aragon en sus campañas.

    LOS ALMOGAVERS:
    Compañias heterogeneas en vestimenta y origen, aunque la mayoria procedian del pirineo aragones y catalan.No usaban armas defensivas, sino tan solo dos venablos arrojadizos y un largo cuchillo semejante tal vez a la falcata ibera. Siempre combatian a pie. Se estructuraban de forma muy simple: almogávares(soldados), almocades (suboficiales) y adalides(oficiales); por encima de ellos sólo queda el contratante -eran tropa mercenaria-.Los almogávares arrastraban en sus campañas a sus familias, desplazándose como las antiguas tribus bárbaras

    EL PERSONAJE:
    Roger de Flor (1267-1305).Era hijo de un halconero alemán, Ricardo Blume. Fue admitido en la orden militar del Temple, nombrado hermano sargento de la orden y, con el tiempo, mando una nave corsaria del temple,el "Halcón". Paso a Génova , de allí a Sicilia y por ultimo a Aragón. Alli entro en contacto con los Almogávers, con quienes emprendio la aventura de Neopatria al servicio de los bizantinos para luchar contra los turcos invasores de Constantinopla.Lider jactancioso y aguerrido, de diplomacia tosca pero efectiva

    APROXIMACION:
    En 1302 Bizancio solicitaba ayuda para proteger sus fronteras.Roger de Flor acepta el servicio ante la peticion del emperador Andrónico para neutralizar la imminente amenaza turca. Tras una serie de sucesivas y aplastantes victorias, el emperador comienza a recelar de una tropa tan experta y mercenaria. Todo ello, unido a la arrogancia y elevadas pretensiones de su lider (Roger de Flor exigio una soldada altísima, así como el cargo de Megaduque del Imperio Romano de Oriente, y casarse con una sobrina del Emperador), le llevan a planear su asesinato y el de sus oficiales durante un banquete en su palacio de Adrianopolis (4 de abril de 1305). En la misma noche, la comitiva de almogávers que han acompañado a Roger de Flor también son atacadas mientras duermen y perseguidas hasta su refugio en la fortaleza de Galípoli. Se cuentan más de 1000 muertos y prisioneros. Estos ultimos son torturados de forma cruel, siendo despellejados y dejados al sol.


    LA VENGANZA:
    Los supervivientes llegan a Gallipoli clamando venganza por sus muertos. Gritos de ira, lamentos y preparativos de guerra se escuchan en el devenir del dia siguiente....
    Los almogávares asaltan y devastan toda la Tracia extendiendo su venganza a Macedonia. A su paso arden pueblos,aldeas y guarniciones bizantinas. Los soldados bizantinos no encuentran clemencia en los ojos inyectados en sangre de las compañias.
    Colgados en los arboles, clavados en las puertas, alineando cabezas clavadas en picas a la entrada de los pueblos...las orejas cortadas de enemigos comienzan a ser habituales en el atuendo almogaver. En ningun encuentro hay prisioneros, y la victoria siempre cae del lado almogaver.


    En 1309, pasan a Tesalia, donde se emplean a las ordenes del duque de Atenas contra los bizantinos .Este territorio era regido por barones franceses desde la cuarta cruzada.
    Los almogávares son contratados por Gautier de Brienne, duque de Atenas, para batallar contra los bizantinos, pero una vez realizado el trabajo, el Duque se niega a pagar los servicios almogávares alegando que son 'una chusma sin capitan' , lo que da lugar a un enfrentamiento entre ambos ejercitos en la llanura de cefis.


    LA BATALLA:
    El Duque de Atenas apresta 3000 caballeros y unos 12000 infantes , frente a los 500 jinetes (albaneses y bulgaros) y 3000 soldados almogavers. El terreno es un campo de olivos con elevaciones rocosas en el campo almogaver y una estrecha llanura en el campo frances.
    El Duque espera que salgan a campo abierto , pero tan solo la caballeria almogaver acepta el desafio. Envia a su vanguardia (700 jinetes), que chocan violentamente, y durante varios minutos el resultado es indeciso. Al cabo, la caballeria almogaver vuelve grupas con sensibles perdidas y su infanteria les sigue subiendo los olivares hacia las elevaciones por donde tienen su via de escape.
    El Duque no desconfia de tan reducidas tropas enemigas y lanza al grueso de su caballeria a rematar la faena mientras sus infantes permanecen quietos y en orden.
    Pero los almogavers han preparado con inteligencia glacial su celada. Sogas tensas aparecen entre los olivos, donde caen rompiendo lanzas y patas de caballos la mayoria de la caballeria francesa del duque. De los olivos llueven dardos, venablos y almogavers, que caen cuchillo en ristre.
    Los caballeros, con su pesada armadura en tierra, apenas pueden suplicar el perdon de sus vidas mientras intentan moverse. Todos sin excepcion son degollados y sus cabezas puestas en picas que ondean ante el atonito Duque de Atenas, que ve regresar apenas a 200 caballeros.
    Ciego de ira, ordena avanzar a su infanteria, mientras en el campo almogaver corren a ordenarse en filas y comienza a escucharse el atronador "desperta ferro" junto al choque de miles de espadas ensangrentadas contra las piedras.
    Los infantes, reclutados entre el campesinado de pueblos griegos en Tesalia, Tracia y Macedonia ven a los almogavers como la septima puerta del infierno, y no entienden como les envian a luchar contra quienes acaba de destrozar una carga de caballeria pesada y todavia tienen sed de venganza.
    El choque es una carrera hacia abajo de los almogavers. Apenas resisten unos minutos las filas del duque antes de que algunos comiencen a darse la vuelta, arrastrando al resto, que no desea ser carne de degollina. Los almogavers hacen una escabechina sin dejar de correr, mientras sus familias saquean y rematan al enemigo caido.
    Se estima que las perdidas fueron de unos 6000 ducales por 400 almogavers , casi todos en el choque de caballeria.
    Acabada la matanza, los almogavers ocuparon sin dificultad las ciudades griegas. Su entrada en la capital ateniense al grito de "Aragón, Aragón" marco el punto algido del dominio aragones en el mediterraneo oriental.
    Atenas se rindio y los griegos aceptaron el cambio de amos.

    BREVE CONCLUSION POLITICA:
    A principios del siglo XIV, tras expulsar a los turcos de Grecia y el asesinato de su caudillo Roger de Flor,6.500 hombres declaran la guerra a uno de los imperios mas poderosos de la epoca:Bizancio.
    En 1319 se crean los ducados de Atenas y Neopatria
    y durante mas de 80 años se mantiene Grecia dentro de la Corona Aragonesa ( 1305-138 en base a una expedicion totalmente mercenaria .


    CONCLUSION MILITAR:
    El secreto de la eficacia guerrera de la infanteria almogaver era la extraordinaria rapidez y disciplina con la que se movian y adaptaban en cada momento de la lucha y el devenir de la batalla.Podian comenzar una batalla haciendo de ballesteros o lanceros, para pasar a atacar, con su característica ferocidad, armados con su temible "coltell" o espada corta. Una caballeria ágil y eficaz daba soporte a la estrategia almagaver y la complementaba.

    Nota:El cronista Ramon Muntaner, participó en primera fila en las actividades almogàvers en Grecia.
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  9. #9
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    la venganza cantabra 1417


    A consecuencia de las victorias inglesas de Agincourt (1415) y Harfleur -batalla naval-(1416) contra los franceses en la guerra de los 100 años,la region de la Normandie paso enteramente a manos inglesas, expulsando en los meses siguientes a aquellos comerciantes que consideraban non-gratos, en connivencia con la Hansa, que ambicionaba expandir su area de influencia hacia el sur.
    En concreto, esta medida afecto a los comerciantes cantabros, vascos y burgaleses que frecuentemente realizaban transacciones con los puertos del canal.
    Sin embargo no se resignaron, y a pesar de estas restricciones, siguieron navegando los armadores de la hermandad del cantabrico hasta que en la primavera de 1417 fueron apresadas 4 cocas de vizcaya por los ingleses, y sus tripulantes echados a las gélidas aguas del mar del norte.

    La tension era palpable entre la gente de mar debido al agravio y asi se le hizo saber al rey de Castilla, quien tras deliberacion con su consejo declaró la guerra a Inglaterra y la Hansa (141. La 'novedad' consistió en tratarse de una guerra puramente comercial, pues no habia reivindicaciones territoriales por ninguna de las partes en este conflicto, contrariamente a la mayoria de los conflictos de la época.

    Los diplomaticos enviados a Orleans vuelven con la promesa francesa de recibir apoyo y aprovisionamiento en sus puertos, e incluso naves de particulares deseosos de vengar afrentas con los ingleses. Mientras tanto, los informadores de la cámara de asistentes (servicio secreto medieval del rey de Castilla) envian mensajes de la llegada de una gran flota comercial de la Hansa a la Rochela, protegida aproximadamente por media docena de Cocas inglesas.


    AL ATAQUE
    Es la ocasión de jugarse el todo por el todo en una batalla decisiva y poner fin al conflicto. La Hansa ha enviado una de sus superflotas mercantes en busca del vino de Bordeaux, lana y cobre.
    Se disponen a toda prisa naves en el cantabrico. Todos los puertos de la hermandad desean contribuir, alentados tambien por el olor a botin, reuniendose cerca de Bermeo una escuadra de 21 Cocas y galeras sedienta de lucha.

    El 30 de octubre sale de la Rochela la flota hanseatica (41 naves) escoltada por 7 naves de guerra inglesas, en direccion a Hamburg.
    La flota cantabra que ya ha sobrepasado el paralelo de la Rochela navegando al norte de la ciudad, vira en redondo por la noche, en la que captura dos naves inglesas que hubieran podido advertir de su presencia, y espera al pairo a varias millas de la costa, en silencio.
    Al alba se avistan ambas flotas, avanzando en vanguardia las naves inglesas. El almirante ingles sin duda debió de tragar saliva, siendo consciente que la guerra maritima contra la hermandad siempre era a muerte, pero intenta forzar el paso con valor,agrupando en punta todas las naves de su escolta, mientras las naves de la Hansa siguen su estela. Los ingleses gritan y ahuyan intentando provocar el combate y la melee desde un primer momento con el grueso de la flota, pues saben que los comerciantes alemanes buscaran el sálvese quien pueda al primer revés,..... pero las cocas del cantabrico avanzan en orden hacia ellas, sin dispersarse en busca de la flota mercante.
    Aprovechando la mayor lentitud de las grandes cocas (Kogges) de la Hansa y que los ingleses se han adelantado,12 cocas cantabras se abalanzan contra las 7 naves inglesas saltando al abordaje tras un breve e inefectivo bombardeo de metralla.Tomadas al asalto en superioridad numerica, los abordajes se desarrollan de forma sangrienta, al arma blanca, con hachas, picas de abordaje, dagas y espadas.
    La flota hanseatica, ricamente cargada de mercancias y muy pesada en sus evoluciones, intenta esquivar el choque sin involucrarse en la batalla, y en un primer momento lo logra, pero tras su estela navegan aun 9 cocas y galeras, mas rapidas que ellas.


    Una a una se van rindiendo las cocas de la Hansa al ser alcanzadas, a veces sin lucha, cuando sienten el aliento del abordaje en la popa, pero salvo alguna excepcion no hay ensañamiento,pues la saña solo se muestra en las naves inglesas. Durante la caza ,que se prolonga mientras hay luz, se capturan 28 naves de la Hansa, que junto con el resto de capturas se llevan a puerto al dia siguiente. El botin apresado es tal que la Hansa presenta una reclamacion a sus aliados ingleses por la falta de una proteccion efectiva.
    En la batalla se perdieron 2 cocas, hundiendo 6 enemigas y capturandose 31.

    Debido a la continuacion de las hostilidades, al año siguiente naves cantabras transportaron mercenarios escoceses a
    Francia y acosaron el comercio maritimo en el canal, hasta firmarse la paz con Inglaterra, en la que se accedia a permitir de nuevo el comercio en sus puertos.
    Los beneficios de esta guerra en el norte y los elevados ingresos comerciales por la lana permitieron al rey castellano Juan II reanudar su guerra con Granada en 1431, frente en el que centró su politica exterior hasta la guerra civil en Castilla.

    En1435 se produjo la reconciliacion oficial con la Hansa y se cerro definitivamente el conflicto en todos los ambitos.
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  10. #10
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    La villa del Leon rampante

    El 28 de agosto de 1397, Pere Ripoll estaba preparando el calafate para su pequeña barca de pesca cuando entre mirada y mirada al mar diviso 15 velas sarracenas.
    Presa de un gran temor, corrio hacia las casas vecinas gritando:
    -¡¡amunt, amunt, s'acostan els pirates !!! (arriba,arriba, se acercan los piratas)
    La poblacion huye de sus casas y se internan en el monte cercano sin poder impedir el asalto, saqueo y robo de las casas de la población. Se llevan las figuras sagradas de la Iglesia y la Hostia Consagrada con la Custodia, amen de pequeños hurtos e incendios en las casas de Torreblanca.
    La noticia llega a Valencia , donde el hecho causa revuelo y tras muchas deliberaciones se acuerda en el Consejo del Reino organizar una armada para recuperar las Sagradas Formas. La proximidad del mal tiempo otoñal hace que la decision de un contraataque se retrase al verano siguiente.
    Los gremios se organizan para fletar sus propias naves y se recibe el ofrecimiento de los gremios mallorquines, fogueados desde generaciones en la lucha contra los berberiscos.

    El comando general de la armada se ofrece a mosén Jofre de
    Rocberti . La armada esta compuesta por: la escuadra balear (8 galeras y fustas), dirigida por Huc D'Anglesola; La escuadra de la ciudad de Valencia compuesta por seis galeras y cuatro galeotas, al mando de las cuales va el Justicia de Valencia mosén Jaime de Pertusa, y las escuadras gremiales, que suman unas 12 galeras, ondeando los pendones de los gremios de curtidores, armeros, zapateros y tintoreros.

    La armada parte el 25 de agosto, seguida por infinidad de pequeñas embarcaciones de pesca que la jalean hasta varias millas mar adentro.
    La misión es lavar la afrenta del saqueo y recuperar las Sagradas formas de su Iglesia.
    En primer lugar se dirigen a Ibiza, donde se une la escuadra balear y una vez agrupada, se navega con las naves mas rapidas a barlovento con el fin de capturar cualquier nave berberisca que pudiera dar la alarma.
    Desde Ibiza la armada se dirige a Tar-Eldis, a unos 100 Km al este de Argel,un autentico nido de piratas , que habia crecido hasta convertirse en una ciudad pequeña, con unas
    1.300 casas y bien amurallada.

    El 27 de agosto de 1398 al anochecer se llega a la ciudad. Mientras Jofre de Rocberti se hace cargo de tomar presas las naves piratas atracadas en la pequeña rada, los gremios desembarcan con sed de venganza. Tomados por sorpresa, las murallas son asaltadas y se produce un combate nocturno a la luz de la luna y las antorchas. 30 hombres del gremio de curtidores tienen la fortuna de entrar en la lujosa casa de Ahmad bin saadi, el cabecilla pirata, y tras breve lucha con su guardia personal, recuperan el caliz que el berberisco tenia decorando sus salones.
    En la ciudad la lucha se ha generalizado, pero la confusion que reina entre los berberiscos es grande, mas acostumbrados a atacar que a defender.
    Los piratas que no son muertos o capturados, huyen de la ciudad junto a la poblacion civil.

    Jofre decreta dos dias de saqueo en las que se incendia, destruye y roba cuanto es posible cargar en las naves.
    La expedicion se salda con la captura de 7 galeras berberiscas y un cuantioso botin, y la muerte de unos novecientos musulmanes, capturandose cerca de trescientos prisioneros.
    La expedicion ha sufrido 28 bajas, entre las que se encuentran las de Huc D'Anglesola y Jaime Pertusa, que combatieron al frente de sus hombres.

    Al volver a Valencia el gremio de curtidores toma como lema en su estandarte el siguiente texto: "Nosotros la llevamos porque nosotros la ganamos".

    El combate de Tar-eldis fue con el tiempo (como solia suceder en todas las batallas del medioevo), mitificada, y al hecho de que los cristianos pelearon como leones se propagó la leyenda de que cuando más sangrienta era la batalla bajó de las montañas un león matando al que tenía la Custodia, entregandola a los cristianos.

    .....Leon que luego apareceria en la heraldica, sosteniendo la custodia entre sus garras.
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  11. #11
    Coronel de lo Regne Avatar de Lobivalentian
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    Da gusto leer tanta historia.

  12. #12
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    Cita Iniciado por Lobivalentian
    Da gusto leer tanta historia.
    Me alegro de que las disfrusteis.

  13. #13
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    Los leones de Canossa

    Introducción: ¿Tiempos de paz?

    En marzo de 1502, la situación de las tropas españolas en Italia era dramática, deseperada.

    Con una relación de fuerzas de casi 1 a 5, los franceses rodeaban a los animosos soldados españoles tanto por el Sur, en Calabria, donde Everald Stewart, el escocés (D´Aubigny), toma una tras otra las indefensas fortalezas españolas, como en el Norte, donde un inmenso ejército de 40.000 hombres, a las órdenes del Virrey francés, Louis D´Armagnac, el duque de Nemours, espera ansioso ódenes de arrasar las posiciones españolas en el Regno. El Gran Capitán está, refugiado, en Atella, pero manda tomar Manfredonia, para asegurar la línea del Ofanto, y conseguir por lo menos apoyar las defensas sobre líneas naturalkes.

    Los franceses han conocido y sufrido el heroísmo y la valentía de las tropas españolas, pero, convencidos de que cualquier resistencia es, en la práctica, un suicidio, dada su superioridad y el hecho de que los españoles están encajonados, pactan una tregua, con el objeto de negociar, con la aquiescencia de los respectivos soberanos, en posición de fuerza, un acuerdo de paz que legitime de una vez por todas sus aspiraciones territoriales.

    Las conversaciones, en una ermita cercana a Melfi, reúnen a todos los capitanes de ambos ejércitos (Stewart, Nemours, la Palise, Pierre Bayard, Gaspard de Coligny... y El Gran Capitán -en adelante EGC-, Pedro Navaro, Paredes, Mendoza...). Giulio Escrociato es el negociador francés, mientras Tomás de Malferit es el español.

    Los gastos corren de cuenta de los españoles, que agasajan con grandeza a los franceses. Bailes, conciertos, banquetes, torneos, se suceden día tras día. No existen enanos ni bufones disponibles en el Sur de Italia, pues todos están allí, dedicados a entretener a los asistentes. Muchos de los capitanes, después de tantos enfrentamientos, son ya, en el fondo, entrañables amigos. Los españoles enseñan a los franceses a jugar a las cañas.

    En una de las cenas Nemours reprocha a EGC lo que considera una actitud impropia de caballeros por parte de la infantería hispana. "El atacar a los caballos antes que a los caballeros incumple las leyes de caballería", le afirma, a lo que EGC responde:

    - Mayor incumplimiento es intentar tomar por la fuerza lo que a uno no pertenece. Pero, si queréis evitar el triste espectáculo de ver jamelgos despanzurrados, mantened vuestras tropas lejos de los infantes españoles.

    Para sorpresa de los franceses, que esperaban una rendición que evitara una masacre, los españoles no aceptan ninguna de las condiciones que se van proponiendo, y van dando largas. Al duodécimo día, Nemours, harto y afirmando que "si estos locos quieren morir, la muerte van a encontrar", abandona apresuradamente la ermita de Melfi, para desencadenar de forma inmediata una ofensiva que el piensa rápida, brutal y definitiva.

    EGC sabe que necesita 2 cosas: tiempo y refuerzos. Apenas cuenta con 7000 hombres en el norte y 2000 en el Sur, frente a 40.000 y 15.000, respectivamente. Pide refuerzos al rey. Un ejército de entre 4 y 5000 infantes para contener a D´Aubigny en el Sur, y sólo 1000 lansquenetes alemanes para derrotar a Nemours en el Norte.

    Pero, además, sabe que la única plaza en la que puede resistir la acometida francesa es Barletta, cuyas defensas se encuentran en muy mal estado. Necesita ganar tiempo como sea para repararlas. Y decide poner carnaza en el camino para entretener a Nemours.

    2. Los planes para la defensa.

    EGC va a concentrar la mayor parte de sus tropas en Barletta y reparar a toda prisa sus fortificaciones. Para entretener a Nemours y sus 40.000 suizos y franceses decide defender 2 posiciones avanzadas. La primera, en Canosa, donde los 150 gastadores (ingenieros) de Pedro Navarro y los 400 peones de Cuello, bajo el mando del primero, tienen 2 objetivos:

    - Defender la fortaleza todo el tiempo que puedan, hasta la muerte, para dar tiempo a las tropas españolas a concentrarse en Barletta y asegurar su fortificación.
    - Engañar a los franceses, haciéndoles creer que la mayoría de las tropas españolas están allí, y evitar que Nemurs disperse sus fuerzas.

    Por si Canossa falla, o Nemours divide su ejército, EGC fija una segunda posición avanzada en Ceriñola, al mando de Diego García de Paredes y 1500 infantes. El resto, a toda mecha, a refugiarse en Barletta.

    Tras impartir estas órdenes en el consejo de Capitanes, EGC exclama, gritando a viva voz:

    "Que Dios nuestro Señor nos ayude en esta apurada ocasión, pues nos asiste la Justicia"

    3. El sitio

    La villa de Canossa estaba rodeada de un recinto amurallado bastante débil, que difícilmente prodría resistir un par de días a la artillería francesa. El castillo, por otro lado, se encontraba en el interior de dicho recinto y se situaba en un pico elevado.

    Adicionalmente, el castillo estaba atestado de túneles y galerías, que Navarro inspecciona personalmente a fondo. Descubre para su sorpresa un pasadizo que lleva 1 milla más allá del pueblo, frente al cauce del Ofanto, y que podría constituir una vía de escape. En las bodegas del castillo, además de alimento, hace guardar cal viva, azufre, nafta, estopa, resina, aceite y azufre, para recibir a los franceses con los merecidos honores así se asomaran a la muralla.

    No obstante, tanto Navarro como Cuello saben que son hombres muertos. 500 hombres difícilmente pueden contener a 40.000. Lo saben y no lo esconden a la tropa, que decide, al unísono, morir con honor.


    Mientras tanto, EGC deja rastros difusos, lanza proclamas equívocas, y pagando a unos espías y engañando a otros, convence a Nemours de que la mayoría de las tropas españolas están en Canossa.

    Las tropas francesas llegan rápido, más de lo que ellos hubieran querido. Para colmo de males, Stewart, el único capitán francés cuyo historial frente a EGC registra un empate (Seminara) y no una colección completa de derrotas, decide quedarse en el Norte, sin sus tropas del Sur, para aconsejar a Nemours en el asedio y toma el mando de parte de la infantería. Y por si fuera poco, los franceses traen consigo 24 piezas de artillería: 4 enormes bombardas de bronce, las mayores fabricadas hasta esa fecha, 2 culebrinas gruesas, 6 finas, y el resto falconetes, para barrer con metralla las almenas.

    Cuello y 200 infantes cubren la parte de las murallas de la villa llamadas "de las Iglesias", 150, con Navarro al frente, cubren la que da al Ofanto, y es resto se refugia en el Castillo, como reserva.

    Lo que no saben los franceses es que Navarro, considerado el fundador de la guerra de minas moderna, es un genio militar, uno de los primeros que aplica las matemáticas a cuestiones como el alcance de la artillería, la cantidad de explosivos necesaria para abrir brecha... Fue el primero que cubrió las cargas de los explosivos en las minas, lo que quintuplicaba sus efectos explosivos.

    Y les había preparado un recibimiento de aúpa. navarro decide situar en las galerías bajo tierra de las murallas a la mayoría de sus hombres, cada uno de ellos con "artefactos" de su invención. Dejaría hablar a la artillería francesa, y cuando los franceses acudieran con las escalas, les harían sufrir como jamás hubieran soñado. Las reservas del castillo vigilarían los lugares donde los cañonazos abrieran brecha, para cerrarlas y defenderlas.

    Antes de iniciar el ataque, una pequeña comisión francesa acude a parlamentar. Antes de que lleguen, les grita, haciendo bocina con sus manos:

    - ¿Para qué venís a parlamentar¿ ¿Es que no conocéis ya a los españoles?

    Los franceses ni siquiera siguen adelante. Riendo, dan media vuelta.

    4. El primer asalto

    La artillería francesa empieza a batir las murallas. Navarro apenas sitúa hombres en ellas, consciente de que sería un absurdo desperdicio de vidas, que no se podía permitir. La mayoría están en las cavernas o en el castillo. Las casas del pueblo van cayendo, una a una. Pero las murallas resisten sorprendentemente bien. Un pequeño lienzo cae y es reparado de forma inmediata por los infantes españoles. Los franceses intentan colarse, pero llegan tarde y sufren algunas bajas.

    Después de 3 días de fuego continuado, los franceses deciden concentrarlo, intensamente, en el punto que han adivinado más débil, la parte que mira a la ribera del río. Navarro ordena a la tropa de las cuevas que vaya subiendo, y se prepare para ocupar posiciones. Traen infinidad de ollas, cazuelas, cacerolas e incluso una especie de sifones que el propio Navarro había ideado. Al poco tiempo, sucede lo inevitable: un lienzo de 5 metros cae por entero, Los cañones callan.

    Navarro sitúa a un pelotón de rodeleros y escopeteros en la brecha, mientras los demás acuden a lo alto de las murallas y se sitúan a intervalos regulares, previamente convenidos. Saben que deben esperar a que Navarro de la señal. Los franceses, que han visto la apertura, comienzan el asalto.

    Suenan las trompetas. Los franceses (y los suizos, y los griegos, y los albaneses y los italianos...) se acercan, andando, entre vítores y algarabía. Los ánimos están encendidos. La gloria de Francia está a sólo unos pasos. Cuando la distancia es ya corta, los caballeros desmontan y, tras un alarido feroz , se lanzan salvajemente al asalto. Bayard se irrumpe violentamente en la brecha de la muralla.

    La lucha en ella es brutal y despiadada. Pese al tremendo empuje de los caballeros franceses, los infantes españoles no ceden un solo palmo. Rápidamente cada vez más y más infantería francesa se agolpa en la brecha, mientras el pié de las murallas está poblado de los infantes de Nemours, que arrojan sus escalas.

    En ese momento, en medio del gritería general, se oye la voz potente de Navarro: “¡AHORA!”. De repente, las tropas francesas se ven bañadas por un líquido que no saben identificar, pero que notan pegajoso. Y segundos más tarde, empiezan a arder.

    El sufrimiento es terrible, las escenas, dantescas. Decenas, centenas de soldados se están quemando vivos, las armaduras hacen más lacerante el dolor. Los gritos de la tropa francesa son auténticos aullidos. Los caballeros que no arden, huyen a la carrera, mientras se desembarazan de sus armaduras. Bayard está a punto de morir, pero se salva cuando un sirviente logra arrancarle su armadura. No obstante, las graves quemaduras le alejarán un largo tiempo del combate.

    Los españoles, gritan, agitan los brazos, cantan victoria.

    NOTA: historia y leyenda.


    En este punto las fuentes son asombrosamente “raras”. Mientras algunos historiadores -y novelistas- dicen que Navarro redescubrió el fuego griego,. Otros hablan de mezclas de cal y agua y otros hablan de mezclas de aceite, petróleo y estopa. Lo cierto es que los franceses verdaderamente volvieron chamuscados.

    Por cierto que los libros que he leído discrepan enormemente en cuanto a la cantidad de tropas en la campaña. Eso sí, todas coinciden en que la superioridad francesa era abrumadora.

    5. El sitio

    Los franceses comienzan un sitio en toda regla, mientras se restañen las heridas. Cortan y vigilan férreamente los accesos a Canossa. Las bocas de los cañones vuelven a hablar, pero los ingenieros españoles tapan las brechas una tras otra de forma casi milagrosa.

    Los franceses empiezan la “guerra bacteriológica”. Matan vacas, ovejas y cabras en grandes cantidades, las despiezan, las dejan pudrirse y luego las arrojan más allá de las murallas. Los españoles se multiplican para enterrarlas rápidamente. Lo único que les hace falta es una epidemia. Advertido esto por los galos, hacen la fauna más variada y los trozos, más pequeños. Empiezan a lanzarse también ratas, ratones y conejos muertos y podridos.

    Bayard se recupera y encabeza dos nuevos asaltos. Ya no hay “fuego griego”, pero sí aceite hirviendo y una nueva arma que hace que la palabra dolor alcance en bocas francesas nuevas dimensiones de sufrimiento. Los infantes españoles cuecen arena durante horas, y la dejan caer, hirviendo, sobre las tropas atacantes. Los granos se introducen en las armaduras, el suplicio se hace insoportable para los caballeros galos.

    Los asaltos se suceden, los días pasan. Nemours está descorazonado. Lo que prometía ser un paseo lleno de honores y gloria se ha atascado a los pocos kilómetros. Debe tomar de una vez el maldito pueblo y el maldito castillo para poder ocupar el Regno, para poder seguir avanzando.

    A un asalto, se sucede otro. Las bajas francesas son aterradoras. Y los asaltos cada vez son más débiles. La figura del castillo y de los diablos españoles que lo defienden es una hiriente pesadilla. Los ánimos franceses están hundidos (bueno, verdaderamente estaban “quemados“). Si una brecha se abre, ensegguida es cubierta y defendida. Si un lienzo se desprende, inmediatamente es reparado. Y ello les hace creer aún más que el grueso del ejército español está allí, riéndose de ellos mientras se desangran, cerrándoles las puertas de Nápoles y de la victoria.

    En Calabria han desembarcado los refuerzos españoles para contener las tropas del Sur. Son 5.000 asturianos y gallegos que estabilizan las posiciones y pronto podrán pasar a la ofensiva. En Barletta, EGC se ha hecho ya fuerte, a pesar de que aún no han llegado los 1000 lansquenetes pedidos.. Si los franceses quieren Nápoles, van a tener que pagarlo caro.

    El tiempo cambia. La primavera ha sido soleada y sangrienta. Y ahora llega el verano.

    6. La rendición y la victoria

    Han pasado casi 6 meses desde las fiestas y los banquetes de Melfi. La resistencia en Canossa ha sido asombrosa. Pero Navarro no se engaña. De los 500 españoles que empezaron a defender la villa, solo quedan apenas 100 vivos. Las provisiones son inexistentes. Frutos secos, hierbas... Cada muerto se contempla como una boca menos con la que compartir alimentos. Con el calor de Agosto, la peste debería aparecer rápido. Quizás haya fuerzas para resistir un asalto más. No las habrá si éste te repite.

    Pero han cumplido con su deber. EGC está ya seguro, fortificado. Han entretenido a las tropas francesas durante unos meses preciosos. Les han hecho numerosas de bajas. Y la mayoría de ellos recordarán Canossa mientras vivan: bien por las heridas y quemaduras, que les acompañarán hasta su muerte, bien en forma de pesadilla y de horror. Más aún, los franceses ni siquiera han conquistado las murallas.

    Pese a todo, los infantes supervivientes apenas pueden dormir. El hambre, el enterrar ratas, el reparar lienzos de forma continua les ocupa la mente y el cuerpo. Saben su muerte segura. Saben que han sido unos héroes. Y resignados a ello, están dispuestos a morir matando.

    Amanece el 6 de Agosto. Y cuando esperaban una nueva salva de las bombardas y un nuevo asalto, lo que ven es una comisión francesa para parlamentar. Navarro se mueve astutamente. Y organiza, rápidamente, una ficción. Manda a sus soldados que oculten sus caras, que cuando los franceses pasen una puerta, corran a la siguiente. Tiene que parecer que son muchos. Les pide que sonría, que rían. Que utilicen sábanas y estopa bajo sus camisas para aparentar que están bien alimentados. Manda situar las pocas municiones y provisiones que les quedas de forma visible para la comisión francesa.

    Y los franceses pican. Ofrecen a Navarro la rendición. Este se niega. Luego contraofertan: permitirán la salida de los españoles, y de sus armas, con la condición de que abandonen la posición. Navarro acepta, pero exige que se les permita salir con los pendones alzados en señal de victoria y que las tropas francesas hagan formación de pasillo en reconocimiento del triunfo español. Sorprendentemente, los emisarios aceptan.

    Un griterío de alegría se oye en el campo francés, cuando los comisionistas comunican el resultado de las negociaciones. Sí, los españoles pueden creer que ellos han ganado, pero nosotros tenemos vía libre para llegar a Nápoles y tomarla. Perderemos de vista esta infame villa y este espantoso castillo. Y las tropas españolas no podrán evitar, porque no existe otro punto fuerte, que lleguemos a Nápoles y disfrutemos de la perla de Italia.

    7. El desfile

    Los españoles no pueden creerlo. Van a salir de allí vivos y victoriosos. Lloran y rezan, dando gracias a Dios. Navarro manda que las armas y las armaduras se limpien y estén lo más relucientes para el día siguiente. Los zapatos deben limpiarse, las medias coserse, las barbas afeitarse y pulirse. Las lágrimas y las risas se mezclan. No más enterramientos, no más lucha, no más hambre.

    Al días siguiente, se abren las puertas de la villa. Los pocos niños que acompañaban a la tropa, abren la marcha, tocando sus tambores y flautas. A continuación, alzado, imperial, gloriososo, el estandarte de los Reyes Católicos, que antes podía verse en lo alto del castillo, es llevado por dos infantes orgullosos. Tanto monta dice, y lleva el yugo y las flechas. Y tras él desfilan las tropas, con Navarro a la cabeza.

    Los franceses forman en pasillo. Al poco, mandan parar a los españoles. Prenden a Navarro, al que conducen ante Nemours, y mandan batidores a la villa y el castillo. Cuando vuelven, los franceses están visiblemente enfadados. “¿Dónde está el ejército español?” Preguntan a Navarro. “Los que no están aquí, están ahora en la villa, pero bajo tierra”, responde éste.

    Bayardo, D´Ars, Coligny no salen de su asombro. Un pequeño grupo de sucios desarrapados les ha impedido el paso a Nápoles durante meses. Algunos españoles no pueden evitar la sonrisa. El engaño ha sido descubierto, pero su honor, y el ejército español, está a salvo.

    Los franceses podrán ser muchas cosas, pero tienen un alto sentido del honor. A pesar de sentirse burlados, consienten a los españoles seguir el desfile.

    No obstante, la mueca de descontento se torna en mueca de piedad. Los españoles parecen unos espectros andantes, están famélicos, están marcados por el hambre, las heridas, las privaciones. Cuentan algunas fuentes (y algún que otro biógrafo) que la sensación de piedad ofendió a los infantes. Y que entonces uno de ellos empezó a gritar: ¡ESPAÑA! Y que después, el resto de la tropa, enfurecida, empezó a exclamar al unísono: ¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA!.... (vamos ya sabemos de dónde viene el frente atlético).

    Post-scriptum: EGC acabó ganando la guerra, tras las victorias de Barletta, Ceriñola y Garellano. El destino de Navarro es más triste. Tras caer prisionero de los franceses en 1512, ofendido porque el rey de España no pagara su rescate, se pasó a los franceses, siendo capturado tras Bicocca y ejecutado unos años después por traición. Por cierto que fue el inventor del fuego por filas, ya al servicio de los gabachos.
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  14. #14
    Centenar de la Ploma
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    Que envidia leer historias de una época de honor, donde el ser español no era algo de lo que la gente se avergonzase.
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  15. #15
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    Que envidia leer historias de una época de honor, donde el ser español no era algo de lo que la gente se avergonzase.
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    Y que lo digas..


    Lo muevo a Documentación y Literatura que sin duda es su sitio mas idoneo.

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