•Las familias de la Gonzalo Anaya, asociación mayoritaria, denuncian que faltan profesores y educadores

•Educación niega problemas y culpa a los sindicatos de no querer agilizar los puestos de difícil cobertura

«No se digna ni a contestarnos». Con esta frase resumía ayer Txomin Angós el malestar de las familias con el conseller de Educación, Vicent Marzà, a quien la Confederación de Ampas Gonzalo Anaya -la mayoritaria en la escuela pública- lleva pidiendo una reunión desde el 4 de octubre. Sin éxito. Lo que buscan los padres es la respuesta a una pregunta que vienen repitiendo desde que se inició el curso: ¿Dónde están los 6.000 nuevos docentes que dice Conselleria que ha contratado?

«No sé dónde están», criticó el presidente de la Gonzalo Anaya y máximo responsable también de la FAMPA Enric Valor de Alicante. De hecho, Angós comparecía ayer junto a los presidentes provinciales de las otras dos federaciones que integran la Confederación autonómica: Màrius Fullana, de FAMPA-València, y Silvia Centelles, de la FAMPA-Penyagolosa de Castellón. El objetivo era poner de manifiesto el hartazgo de las familias por la falta de profesorado y de educadores de especial en los colegios públicos.

Tanto el conseller Marzà como el secretario autonómico de Educación, Miguel Soler, llevan tiempo insistiendo en el discurso de la reversión de los recortes aplicados en su día por el PP, además de la apuesta de esta Administración por la escuela pública. Sin ir más lejos, la cifra que más se destacó en el inicio de curso fue la de esos 6.000 profesores más contratados en estos años de legislatura Botànic. De ahí la paradoja de que sean ahora precisamente los padres y madres de la escuela pública quienes saquen los colores al equipo de Campanar.

«No entendemos que estemos en noviembre y que en muchos centros falten profesores y educadores. Esperemos que la Conselleria tome medidas urgentísimas», insistió Angós, que apuntó que matemáticas y valenciano son las asignaturas más afectadas. Lejos de admitir el problema, fuentes de Educación lo negaron: «La cobertura de plazas por bajas de los docentes cada semana se está realizando con total normalidad y sin que haya una problemática generalizada».

Se ha especulado con que la falta de profesorado para sustituciones en asignaturas como valenciano, matemáticas, física y química e inglés se ha debido al deseo de muchos interinos de desactivarse de la bolsa de trabajo para preparar las oposiciones. De ahí que la Administración haya tenido que recurrir a la oferta de puestos de difícil cobertura. Ahora bien, aquí la Conselleria acusa a los sindicatos docentes de negarse a introducir mejoras para agilizar la cobertura de estas plazas.

Pero a las familias les preocupa también la falta de educadores. «La inclusión de la que se presume no existe», lamentaba también ayer Juani, una madre del colegio de Educación Especial Ruiz Jiménez de Valencia, en el que faltan cinco educadores y completar media jornada de un fisioterapeuta, un maestro de audición y lenguaje y otro de educación física. «Los niños no están bien atendidos», censuró. También en este caso Educación echa balones fuera y recuerda que los educadores dependen de la Conselleria de Justicia, así como su proceso de cobertura de vacantes.


Monopoly y parchís como extraescolares

¿Tiene sentido (pedagógicamente hablando) que un colegio público oferte como actividades extraescolares para justificar su jornada continua Monopoly o parchís? Son sólo algunos de los juegos que propone el colegio Emilio Lluch de Náquera como parte de su proyecto para implantar la jornada continua a partir del próximo curso, según han denunciado algunas familias. El intento de la Conselleria de Educación por promover extraescolares gratuitas ha llevado a muchos centros a plantear actividades de este tipo, para disgusto de las asociaciones de padres y madres, que han puesto en cuestión en muchos casos la calidad de la oferta. En el caso de Náquera, según las fuentes consultadas, el Ayuntamiento no pudo comprometer ninguna partida económica, por lo que el colegio, al igual que muchos otros, ha recurrido a alargar la jornada del monitor de comedor. Así que ahora la Confederación Gonzalo Anaya está preocupada por la posibilidad de que la Conselleria de Educación aplace un año la evaluación de los programas de jornada continua ya implantados hace tres años. Según la presidenta de la FAMPA Penyagolosa de Castellón, Silvia Centelles, «hay centros donde las familias votaron a favor de la jornada continua y luego se arrepintieron» tras comprobar cómo se ponía en práctica el cambio horario. «La Conselleria de Educación debe evaluar qué efectos y qué beneficios ha tenido la jornada continua», insistió Centelles. Preguntada al respecto la Conselleria, fuentes del departamento que dirige Vicent Marzà matizaron que no hay ninguna moratoria de un año para evaluar la jornada continua. Las mismas fuentes destacaron que en la actualidad está trabajando una comisión de evaluación de la jornada escolar -de la que forma parte la Gonzalo Anaya- que tendrá las primeras conclusiones en septiembre de 2019. «Estamos a la espera de que justamente la Gonzalo Anaya nos traslade sus conclusiones», afirmaron.


Fuente: https://www.elmundo.es/comunidad-val...0038b4698.html